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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba y la Cumbre de las Américas: ¿cuál es el reto verdadero?

 

Juan Antonio Blanco, en Infolatam

 

Casi todas las polémicas en torno a Cuba padecen del mismo mal: no solo las respuestas sino las preguntas mismas usualmente están equivocadas. El debate sobre su eventual participación en la próxima VII Cumbre de las Américas en Panamá no es la excepción.

 

Vale la pena preguntarse lo siguiente:

 

a) ¿La amenaza de boicotear la Cumbre si no se invita a la isla responde realmente a la consideración de que ese es el tema decisivo del hemisferio, o a la baja valoración existente sobre los resultados de ese proceso interamericano?

 

b) ¿Tiene Cuba real interés en reincorporarse a un sistema interamericano que siempre ha rechazado -incluso cuando en junio de 2009 levantaron las sanciones de la OEA para que pudiera solicitar su retorno?

 

Para responder la primera interrogante podríamos imaginar cuál sería la postura que asumirían los estados miembros respecto al boicot si se diera un golpe de timón a la agenda de la próxima Cumbre. ¿Se quedarían en casa los representantes de los gobiernos si en lugar de someterse a una nueva ronda de discursos insulsos y acuerdos sin financiamiento adecuado para asegurar su implementación, se abordasen asuntos urgentes para sus intereses nacionales?

 

El titulo general de esta VII Cumbre es la Cooperación para el Desarrollo Democrático y la Seguridad en las Américas (“Partnership for Democratic Development and Security in the Americas.”) Es difícil imaginar que los presidentes Maduro, Correa, Morales, Fernández de Kirchner y Ortega se sientan motivados a participar en un cónclave dirigido a fomentar la cooperación interamericana en temas normados por la Carta Democrática y monitoreados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero siendo eso inconfesable, es más elegante justificar su ausencia con una supuesta defensa antiimperialista de la soberanía cubana. Los otros no ganan virtualmente nada asistiendo y poco pierden con no asistir. Y “enfrentarse a Washington” -sin pagar costo alguno- apacigua el lado zurdo de la ciudadanía.

 

¿Renunciarían los países centroamericanos a adelantar en Panamá el asentamiento de bases para posibles acuerdos con Estados Unidos que vinculen los temas de migración, seguridad y apoyo económico al desarrollo democrático? ¿Se ausentarían los países del Caribe si durante la Cumbre se discutiese con Washington y Ottawa el marco de una estrategia de cooperación energética vinculada a la seguridad y el desarrollo democrático? ¿Preferirían acudir al boicot -forma extrema de protesta sobre cualquier asunto- solo para expresar su supuesta solidaridad con Cuba -o con Argentina en el tema de Las Malvinas- si tuviesen algo urgente que ganar en la VII Cumbre en Panamá? Lo dudo.

 

La idea de que el tema de Cuba es el obstáculo que impide una mayor fluidez en las relaciones de América Latina y Caribe con Estados Unidos es falsa, como también lo es aquella de que el embargo estadounidense es la causa que impide el desarrollo del potencial productivo en la isla. Ambas son consignas que pertenecen al reino de la propaganda. La actual crisis migratoria concita mayor atención y urgencia en las relaciones hemisféricas que el tema de Cuba.

 

Al igual que les sucede a otras instituciones multilaterales, la OEA y las Cumbres de las Américas -cuyo presupuesto anual aporta en casi un 70% Estados Unidos- padecen anomia y disfuncionalidad. La I Cumbre de Miami en 1994 generó expectativas porque, después de la Guerra Fría, EEUU proponía un nuevo proyecto de cooperación regional basado en el Tratado de Libre Comercio de las Américas. Al abandonarse ese macro propósito el llamado “proceso de las Cumbres” se desdibujó en múltiples temas sin una misión clara. Sus agendas, decididas con gran antelación, se desfasan de aquello que más apremia en el momento de celebrarse el evento.

 

En las actuales circunstancias es improbable que los ciudadanos latinoamericanos y caribeños lamenten demasiado la noticia de que el proceso de Cumbres ha llegado al final. Más allá de la gestión de la Comisión de la Interamericana de Derechos Humanos es debatible el aprecio que la gente le profesa a la OEA como institución capaz de gestar soluciones a temas apremiantes.

 

Alentados por el grupo de ALBA y, sobre todo al inicio, financiados con petrodólares venezolanos, surgieron otros foros: CELAC / UNASUR. El motivo real no era tanto excluir a Estados Unidos y Canadá como escabullirse de las normas democráticas y el sistema de protección de los derechos humanos vigentes en la OEA. Si esas organizaciones desaparecieran mañana solo las echarían de menos aquellos gobiernos que impulsaron su creación para evadir todo monitoreo de su actuación y legitimidad democrática.

 

Más allá de la gestión de la Comisión de la Interamericana de Derechos Humanos es debatible el aprecio que la gente le profesa a la OEA como institución capaz de gestar soluciones a temas apremiantes.

 

Lo verdaderamente decisivo para las Cumbres de las Américas no es la eventual participación del régimen cubano, sino la pertinencia o no de preservar ese proceso en circunstancias mundiales y regionales muy diferentes a las de 1994.

 

En aras de no romper el consenso de los Estados miembros, lo primero puede resolverse aceptando que se le invite como observador y La Habana decidiría después si finalmente solicita el reingreso al sistema interamericano aceptando sus reglas. A fin de cuentas Rusia y China son hoy observadores en la OEA. Lo esencial es si este proceso -y en general el sistema interamericano- tiene futuro al margen del tema cubano.

 

Al fin y al cabo, todo lo que nace debe algún día morir. Pero si eso ocurriese en Panamá en 2015, no sería la decisión per se de invitar a un régimen antidemocrático lo que provocaría la defunción del proceso de Cumbres de las Américas. Lo único trascendente de esa decisión es que reflejaría la ausencia actual de consenso regional para funcionar en un marco normativo basado en valores democráticos compartidos.

 

La invitación a Cuba para incorporarse como miembro pleno al proceso de las Cumbres constituiría la señal inequívoca de que el actual sistema interamericano orientado a la promoción de la democracia y la salvaguarda de los derechos humanos habría finalmente colapsado. Ese sería el legado de su actual Secretario General, José Miguel Insulza, poco antes de abandonar ese cargo.