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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba: Una penosa y larga enfermedad

 

Wendy Guerra, Habáname

 

Ciertos cubanos, vivan donde vivan, han contraído una enfermedad terrible: La enfermedad de Cuba.

 

¿Cuáles son sus síntomas?  El odio, el rencor y el desvelo por la vida del otro, el terror al éxito o el buen paso de otro cubano por los escenarios nacionales o internacionales. De esta enfermedad es posible librarse, pero para eso se necesita tener altas las defensas.

 

Algunos paisanos de aquí y allá exigen que te definas con citas, coordenadas didácticas, guiños a distancia donde se note bien, pero muy bien, el aplastante uso de aquella dinástica carga conceptual criolla, nuestra espesura semiológica, y el calado estético -"parejito"- aprendido en nuestras maravillosas escuelas donde la instrucción era más importante que la educación.  Hacer notar que sabes es, para algunos, mucho más importante que saber. Como diría mi madre: "No estudies tanto y aprende".

 

Ciertos cubanos te piden que saques al exterior lo que se supone debe ir debajo del iceberg de tus novelas o en tus obras expuestas en museos o calles intervenidas, tabloncillos o salas de cine. Te exigen además que seas coherente con lo que cada quien define como SU coherencia.

 

Nuestra vida se ha ido diseñando, fuera y dentro de Cuba, en el in-xilio o en el exilio, con la perfecta estructura de vigilancia de un CDR gigante. Nunca llegas a complacerlos a todos, y jamás cumples las expectativas que múltiples cánones políticos, morales, cívicos, conceptuales, y académicos necesitan para meterte en sus respectivas planillas y colocar entonces el cuño de APROBADO o DESAPROBADO.

 

La pérdida de la memoria o la memoria demasiado larga y desproporcionada es la característica más importante de este síndrome. La incapacidad de evaluarse sinceramente, el machismo y la famosa "envidieta nacional" aderezan y agudizan la crisis de este común brote endémico.

 

Las críticas, serias o no, se salpican de chismes subliminales, rencores pasados, pases de cuenta y frustraciones sexuales... y lo más extraño de todo, son redactadas con aquel léxico socialista que parece nos acompañará por siempre a todos lados, por lejano o frío que sea el contexto. Nuestra formación marxista y los cerebritos formados como "cuadros" en las escuelas vocacionales con nombre ruso, calan profundamente en esta otra dictadura interior o exterior.

 

Dentro de Cuba tienes, perennemente activo ese expediente que se te llena a diario, paso a paso, debido a la vigilancia organizada con la vieja escuela de la KGB, y fuera de Cuba, las nuevas generaciones siguen la rancia escuela cubana que, cambiando el punto de análisis, va obteniendo el mismo daño y la misma desmoralización en el objeto de análisis. "En el socialismo nadie sabe el pasado que le espera".

 

Desmoralizar es avanzar cuando estás varado y tienes los medios en las manos. Les importas por alguna razón, seas dirigente, disidente, deportista de alto rendimiento o premio en algún certamen internacional. Si luchas en las calles por un cambio, algo quieres, y si no luchas, algo te guardas. Pensar mal del otro, sospechar, suponer y apostar por lo peor del ser humano es indispensable para seguir enfermo.

 

Todos tenemos un lado débil y el asunto es encontrarlo y proyectarlo en los medios.

 

Eres presionada, de lado a lado, eres castigada de lado a lado, repudiada y desprestigiada en los pasillos o en los blog por ser lo que quieres ser y defenderlo. Aquí (se supone) ponen un grupo de personas a escribir comentarios negativos sobre tu trabajo o persona, pues pocos tienen internet, allá, se hace por voluntad propia. Si tienes algún éxito te vas enterando porque el medidor de odios va subiendo con las ventas de tus libros o las reseñas en los periódicos internacionales, o los premios de la crítica. Si la academia te invita a dar conferencias, hacen lo imposible por explicarle a la academia, que NO ERES INTERESANTE, si te entregan un premio notable, hacen lo posible por explicarle al resto del mundo, aquí o allá que todos se equivocan pues, ellos saben que tú realmente NO EXISTES.

 

Si algún colega te defiende en tu país o fuera de él aparece en la misma lista del acusado.

 

Irse o quedarse no es asunto resuelto, para nada, sigue siendo un problema, aunque todo parezca natural con la cantidad de leyes y acuerdos que se firmen para que esto lo sea.

 

Aquí te persiguen, analizan o registran, te censura y desde fuera he recibo variopintos improperios, y esta semana como regalo de cumpleaños, una grosera y violenta amenaza para que me abstenga de regresar a Miami.

 

Los métodos en ambas orillas (en muchos casos) siguen siendo los mismos...

 

En Cuba no me publican, y para eso no existe una respuesta institucional. Solo el mutismo de la censura acompaña mi dolor por el silencio de las palabras. Fuera de Cuba sospechan de que no sea editada aquí y aquí que sea editada en tantas lenguas a pesar de este enfático silencio.

 

En Cuba muchos sospechan de mí porque soy amiga de intelectuales incómodos con nuestra realidad, ex presos políticos cubanos o importantes nombres de derecha o de la izquierda desencantada. Fuera de Cuba sospechan que viva aquí o que tenga amigos que militan, forman o formaron parte de un gobierno que ya lleva 54 años en el poder. Como si allá o aquí alguien pudiese crecer sin amigos o familia vinculados a nuestra educación marxista y única opción política. Como si detrás de todas las elecciones políticas no existieran malas o buenas personas. Como si nadie nunca hubiese sido PIONERO o como si aquí nadie hubiese perdido un hijo en Angola y otro en el mar camino a Miami.

 

Muchos de los cubanos que critican desde fuera, se educaron en estas mismas escuelas y tienen un historial dentro del PCC. Los que aquí me prohíben, se irán muy pronto al exilio y me señalarán, por cualquier asunto que hoy aprueban y apoyan en cartas y actos públicos.

 

Te juegas la vida por defender a un amigo que al irse de Cuba lo olvida todo y pasa a formar parte de ese mismo mecanismo que te muele viva si decides decir lo que piensas, y no es lo que él piensa.  Te esmeras en atender a un amigo cubano en Miami y cuando regresa a Cuba se presta para escribir mal de ti en un periódico oficial. Todo eso pasa entre cubanos. Es muy triste. No quiero pensar que esto ya es parte de la materia humana del cubano. No puedo quedarme en paz con esa idea. ¡NO!

 

Tus declaraciones en los periódicos más importantes del mundo empiezan a ser comidilla de los medios locales; esos medios se alimentan de los comentarios y los comentarios aumentan el apoyo monetario para que sigan adelante dichos blog. Malas palabras, insultos, vulgaridades y bajezas humanas, son el síntoma obvio de la parte terminal de La enfermedad de Cuba.

 

Seguimos tirando huevos como en el 80, ahora los huevos pueden ser cibernéticos, pero seguimos golpeando nuestros rostros y parece confortarnos este modo de represalia.

 

Seguimos en Cuba permitiendo que se edite o se apoye desde el oficialismo lo que el oficialismo quiere.  En muchos blog cubanos no te dejan pasar comentarios a dictámenes oficiales de los que depende nuestra vida diaria. Los que apoyan estos ataques son parte del pueblo cubano, aquí viven y aquí padecen todas estas fiebres que nos matan de a poco.

 

Muchas veces he tratado de contarle a mis colegas de todas partes nuestro gran mal entendido, el gran conflicto insular, el insulto colectivo. Les explico lo que dicen desde La Habana en sus foros institucionales, y luego, lo que explica el exilio sobre aquello que salió de La Habana; más tarde les cuento lo que contesta el exilio a lo que pasa en Cuba y lo que oficialmente, sin preguntarnos, expresa Cuba al resto del mundo con su instrumento gubernamental. Mis colegas intentan escucharme pacientemente, pero ¡Uff! los cuentos son tan complejos y ellos tratan de opinar mientras... me doy cuenta de que no comprenden del todo, se aburren, enredan y abandonan el tema.

 

Poco a poco les relato nuestros disgustos, nuestros dolores... pero... el tema de Cuba (en general) ya les cansa o les parece provinciano y, aunque siempre hay excepciones, poco a poco les deja de interesar; cambian el tema y seguimos en los festivales haciendo lo que debemos hacer cuando salen nuestros libros y estamos de gira.

 

Nuestro Tropi-drama va perdiendo interés, credibilidad y verosimilitud en sus miles de versiones.

 

Esta es ya una larga y penosa enfermedad que nos está matando de a poco y de la que solo hablamos los cubanos o las personas que aun se interesan en nuestra patología.

 

Como todo es política y es imposible escribir sin nombrar lo que comes, tomas o decides (que también es política) me pregunto si nos seguiremos tirando a ciegas, olvidando que somos parte del trastorno y no el trastorno en sí.

 

Los funcionarios nos dan tema para nuestros libros, la salida de los libros en el exterior le dará trabajo a los funcionarios que desdoran el hecho, la opinión del exilio mantiene activos y en jaque a los funcionarios y la represión alimenta el trabajo de la disidencia. Si todo esto se narra en tono decadente... ¿cómo puede entenderse? Calumniando o mal juzgando a tu propia raza nunca creceremos como nación, la enfermedad ganará más cuerpos y mentes en esta lucha hacia ningún lugar.

 

Invitarnos, citarnos y contemplarnos con seriedad se les va haciendo más y más difícil a los medios en el resto del mundo. Necesitamos recapitular, meditar y construir un discurso conciliador y sanador.

 

Mientras no logremos unirnos en nuestras diferencias, seguiremos padeciendo una enfermedad de cinco décadas, la misma que nos consume en la frivolidad, desmoralización y neurótica manía de perderse en el chisme, la autofagia, y el erudito brete que conduce a la confusión entre nación y vida privada.