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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba sin la “ayuda” venezolana, ¿qué esperar?

 

El cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago y el oficialista Pavel Vidal alertan sobre las posibilidades de un período especial "light" en la isla, debido al alto grado de dependencia.

 

Rolando Cartaya, Martínoticias

 

“Un cuarto de la economía cubana depende de Venezuela. Si se contrajera considerablemente o desapareciese la ayuda venezolana, ello desataría la mayor crisis económico-social desde la caída del campo socialista”, señala el prestigioso economista cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago en una entrevista publicada este jueves por el diario madrileño El País.

 

Mesa-Lago ha estado estudiando en la última década las reformas económicas de Raúl Castro y las relaciones económicas entre Cuba y Venezuela, advirtiendo sobre la lentitud y contradicciones de las primeras y sobre el peligro de una desproporcionada dependencia cubana del aliado suramericano.

 

En su entrevista con El País, el Profesor Emérito de la Universidad de Pittsburgh retoma el asunto a la luz de la abrumadora victoria de la oposición venezolana en las elecciones legislativas del pasado 6 de diciembre. Los comicios dieron a los opositores una mayoría parlamentaria calificada que les faculta para, entre otras cosas, “someter a referendo los tratados, convenios o acuerdos internacionales que pudieren comprometer la soberanía nacional o transferir competencias a órganos supranacionales”.

 

Entre estos pactos internacionales acordados por el chavismo podría figurar el Convenio de Cooperación integral con Cuba del año 2000, que estableció la provisión de servicios profesionales cubanos reembolsados con petróleo, inversiones, créditos y otras concesiones, en condiciones muy favorables para La Habana. Desde entonces, los servicios profesionales, especialmente los generosamente pagados por Venezuela, se convirtieron en la primera fuente de divisas para el Gobierno cubano.

 

En pocas líneas, Mesa-Lago resumió a El País las dimensiones del cordón umbilical económico que une hoy a Cuba con Venezuela:

 

En base a los datos de años anteriores (al 2014) puede dibujarse el siguiente panorama:

 

1) En 2012 Venezuela concentró el 44% del volumen total de comercio externo cubano, aunque este disminuyó al 35% en 2013;

 

2) Venezuela compra servicios profesionales cubanos (médicos, enfermeras, maestros) por valor de 4.700 millones de euros ($ 5.147 millones), lo que compensa el déficit en el comercio de bienes (…) resultando un ligero superávit en el balance global;

 

​3) Caracas suministra 105.000 barriles diarios de petróleo a precios preferenciales, los que cubren un 60% de las necesidades de la isla. Además refina crudo venezolano en Cienfuegos, que deja un excedente que La Habana exporta al mercado mundial; y

 

4) La inversión directa venezolana promedió hasta 2012 unos 1.500 millones de euros ($1640 millones) anuales y ha sido crucial”.

 

Generoso subsidio

 

El experto estima improbable que alguna potencia económica como Rusia o China pueda reemplazar el sólido respaldo de Caracas a La Habana, cuya extrema generosidad se manifiesta por ejemplo en la altísima remuneración por los servicios de profesionales cubanos, de la cual estos reciben apenas unas migajas:

 

“Se estima que Cuba tiene unos 40.000 profesionales en Venezuela, aunque su número parece haber disminuido en los últimos tiempos. He calculado que Venezuela paga por cada profesional un promedio de 10.600 euros ($11.600) mensuales, 27 veces el salario promedio de un profesional venezolano”.

 

El profesor Mesa-Lago matiza que el impacto en la isla por la pérdida de lo que él define como un subsidio venezolano no alcanzaría los niveles de la peor crisis económica de Cuba, la de los años 90, cuando al perder el apoyo soviético el PIB cubano se contrajo en alrededor de un 35%:

 

“Si Cuba realizaba el 69% de su comercio exterior con Moscú, con Venezuela esta cifra es del 35%, y además las cosas ahora son distintas -La Habana ha incrementado la producción de petróleo nacional, hay más inversión extranjera y existe una mayor diversificación de socios comerciales-. De todas formas, la crisis sería severa y con una situación política más difícil que en los noventa”.

 

¿Se acelerarán las reformas?

 

Acerca de si la nueva coyuntura en Venezuela llevará a Raúl Castro a acelerar y profundizar las reformas en el país, el catedrático recordó que la divisa de Castro sobre el ritmo de las reformas ha sido “sin pausa, pero sin prisa” -por ejemplo, acota que una imprescindible unificación de la doble moneda anunciada hace cuatro años aún no se ha concretado-. Mencionó, asimismo, la magra respuesta de Castro a los gestos de apertura del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

 

“Raúl tiene una oportunidad con Obama, pero ignoramos si el próximo presidente de EEUU tendrá una actitud similar, por ello lo lógico sería acelerar las reformas estructurales y abrirse a una negociación más fructífera con EEUU”, advirtió el académico.

 

Período Especial, ¿Segunda Parte?

 

Mesa-Lago dijo que comparte la opinión de varios economistas cubanos que “llevan planteando hace tiempo la necesidad de acelerar las reformas debido al riesgo que supone la dependencia con Venezuela”.

 

Uno de ellos, Pavel Vidal, quien actualmente enseña en la Universidad Javeriana de Cali, Colombia, simuló en un ensayo publicado a principios de 2014, Proyecciones macroeconómicas de una Cuba sin Venezuela, un desmantelamiento gradual de los vínculos con el actual aliado.

 

Dichas proyecciones, según Vidal, sugieren que la pérdida de la ayuda venezolana podría ocasionar “una contracción de entre 4% y 7.7% en el PIB cubano durante cuatro años consecutivos”.

 

Tendría lugar, además, “un agudo shock en la macroeconomía cubana, la cual se vería afectada por una drástica caída de las inversiones y de los términos de intercambio”.

 

Y “se acrecentarían las restricciones de divisas lo cual llevaría a un inevitable ajuste de importaciones y de los gastos fiscales”.

 

En resumen, un período especial light, pero igualmente traumático para el pueblo cubano. Y, como subraya Mesa-Lago, en “una situación política más difícil”.