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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Cuba se está volviendo capitalista?

 

Mary Anastasia O’Grady, The Wall Street Journal

 

¿Quién dice que los dictadores no tienen sentido del humor? Los Castro de Cuba tienen un innegable costado cómico, como quedó en evidencia con el reciente anuncio del régimen de que planea proveer asesoramiento en materia agrícola a 14 estados venezolanos. Suena como un chiste malo. ¿Recibiría usted asistencia técnica de un gobierno que ha hecho que los pollos sean una especie amenazada en su propio país?

 

Esto plantea la pregunta de cuán seriamente debemos tomar el anuncio de Raúl Castro de que está por "reformar" la economía cubana. La prensa estadounidense parece convencida. "Los cubanos se preparan para un gran cambio: el derecho a comprar viviendas", gritó The New York Times en su primera página del 2 de agosto. "Abierto en Cuba; los negocios no están exactamente en auge mientras se expande la libre empresa, pero el adormecido espíritu empresarial está comenzando a agitarse", dijo Los Ángeles Times el 7 de agosto.

 

Suena como una revolución capitalista. ¿Pero es realmente el momento de tratar de estar en primera fila en Cuba?

 

La historia puede dar cierta orientación. Esta no es la primera vez que se nos dice que la economía comunista, paralizada desde 1959, está en vísperas de revertir su rumbo. En 1986, cuando Fidel Castro convocó al Tercer Congreso del Partido Comunista, el Miami Herald informó que "cambios dramáticos" se estaban "produciendo en Cuba", incluyendo, decía el artículo, la concesión de permisos para tener la propiedad de viviendas. Es cierto que el régimen bendijo oficialmente la "propiedad de viviendas". Pero esas casas no podían ser vendidas, solamente canjeadas. Y los cubanos nunca tuvieron realmente derechos legales sobre ellas, como se hizo evidente cuando el Estado descubrió que los cubanos emprendedores estaban ganando dinero al intercambiar casas y obtener ganancias bajo la mesa. A continuación se produjo una ola de confiscaciones.

 

El final de la ayuda soviética provocó otra crisis y hacia 1994 el régimen otra vez estaba prometiendo la liberalización económica. Hubo cierta liberalización. Apareció el negocio de los taxis y los restaurantes dentro de casas. Pero en cuanto algunos cubanos comenzaron a adquirir riqueza, Castro se puso nervioso, porque entiende que el poder económico se traduce en poder político. Los precios de las licencias se incrementaron mucho, lo que hizo que operar en la economía formal fuera tan costoso que muchas empresas nuevas volvieron a desaparecer.

 

En 2008, tres huracanes y la crisis financiera global tuvieron marcados efectos negativos en el turismo y en los precios del níquel, dos de las más importantes fuentes de divisas de la isla. La escasez de comida se volvió más aguda y el stock disponible de casas, que estaba en ruinas, se redujo. Raúl decidió que era el momento de volver a hablar de reformas.

 

Llevó un tiempo pero Cuba finalmente lo oficializó este año: 178 trabajos han sido legalizados. Para comienzos del próximo año el gobierno también ha prometido legalizar el mercado de la vivienda. Los derechos de propiedad y las empresas privadas son clave para el desarrollo económico y la idea de que Cuba fuera a autorizar ambos sugiere que la revolución está dando sus últimos suspiros. Sin embargo, ¿esta vez es diferente?

 

No hay detalles sobre qué implicará que a los cubanos se les permita "comprar viviendas". Pero dado el poder arbitrario del Estado, es razonable cuestionar la certeza del derecho a la propiedad. La verdadera razón por la que el régimen quiere formalizar el mercado de la vivienda probablemente tenga que ver con sus finanzas.

 

En este momento, los cubanos pueden intercambiar casas, pero dado que pocas veces es un canje equilibrado, hay también dólares—provistos por la comunidad de exiliados— que fluyen al mercado negro. Lo más probable es que Castro, escaso de divisas, quiera meterse en el medio de esas transacciones para sacar una tajada.

 

El gobierno, presionado en sus finanzas, también está buscando maneras de desprenderse de parte de los empleados públicos. Para asegurar que los empleados despedidos no mueran de hambre, quiere ofrecerles "oportunidades" de negocios. Pero en un documento presentado en la reunión anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana que se realizó aquí hace 10 días, el ex economista del Fondo Monetario Internacional y fundador de la entidad, Joaquín Pujol, resaltó que a fines de 2009, "ya había 143.000 personas con permiso, autoempleadas, aunque miles más trabajaban para sí mismas ilegalmente". También hizo notar que "171.000 nuevos permisos para empresas concedidos este año fueron a personas que ya estaban desempleadas, lo que sugiere que las amplias reformas podrían no ser suficientes para conformar una red de seguridad para medio millón de personas que se espera que pronto pierdan sus empleos en el Estado".

 

El problema es exacerbado por el hecho que dado que no todas las personas tienen una naturaleza emprendedora, la creación de empleos por los que tienen ese don va a ser importante. Sin embargo, un tasa de impuestos efectiva para las microempresas que "podría llegar a 100% o exceder ese porcentaje", según Pujol, desalentará las contrataciones. Pujol también indicó que a pesar de las inversiones cubanas en educación, no hay trabajos privados "intensivos en conocimiento" que sean legales, lo que descarta el crecimiento en los sectores de la economía que ofrecen el mayor potencial.

 

La libertad de precios, derechos de propiedad e incentivos para la innovación señalarían un cambio real. Pero también pondrían en riesgo el control del régimen. Entonces, en cambio, está tratando de formalizar y de gravar las transacciones en el mercado negro para crear empleos para los trabajadores estatales y generar ingresos. La idea de que esto es capitalismo sería graciosa si no fuera tan triste.