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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba: Mujeres protagonizan migraciones internas

 

Helen Hernández Hormilla, SEMlac

 

La Habana.- Para vivir en La Habana, la holguinera Marta Casal debió deshacerse de casi todos sus bienes y pedir a su yerno 2.000 CUC (equivalente a 2.000 dólares), que junto al monto por la venta de su casa natal en Holguín, a 740 kilómetros de la capital cubana, le alcanzaron para comprarse un apartamento.

 

“Quería estar más cerca de mi hija mayor, que vive en La Habana desde que se casó, hace siete años, porque tan lejos no podía ayudarla con su embarazo”, explicó a SEMlac la costurera de 51 años.

 

“Aunque mi otra hija y yo redujimos el espacio de la casa y perdimos algunas comodidades con la mudanza, ahora ella tiene más opciones de trabajo como informática y yo encontré una clientela estable para la ropa y los bordados”, asegura la residente del barrio capitalino Alamar.

 

De paso por la compleja medianía de edad, Casal no ha perdido los ímpetus para sacar adelante a la familia que construyó sin apoyo masculino. A golpe de pedal en la máquina de coser y con la venta informal de ropa que una amiga trae mensualmente de Ecuador, consiguió pagar la mitad de la deuda y proyecta poco a poco ir recuperando lo perdido.

 

“En La Habana hay más opciones para ganar dinero que en Oriente, donde solo cuentas con el salario estatal”, sostiene con el acento que al hablar caracteriza a los de su tierra.

 

Así lo creyó también Nersys Fundora cuando consiguió el traslado de dirección a la capital desde la oriental Las Tunas (650 kilómetros al este), con la ayuda de una compañera de estudios.

 

Cuando se gradúe el próximo año de lenguas extranjeras, la joven aspira a una plaza de guía turística y, con lo que gane, costeará el alquiler de un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad.

 

“No pienso regresar a la casa de mis padres porque eso significaría estancarme profesionalmente”, confiesa a SEMlac la hija de un matrimonio de contadores y nieta de campesinos.

 

Después de disfrutar la vida cultural en La Habana y visitar teatros, cines y conciertos todas las semanas, Fundora cree que no se volvería a adaptar “a la inactividad de Las Tunas”.

 

Buscando ciudad

 

Las diferencias de desarrollo entre las provincias cubanas promueven una migración interna histórica, que creció exponencialmente tras la crisis económica iniciada desde 1990 por la caída del campo socialista europeo, las malas decisiones administrativas y el impacto del bloqueo estadounidense.

 

Miles de personas se mueven cada año de oriente a occidente buscando calidad de vida, con cierta mayoría femenina que se concentra en áreas urbanas.

 

Según el Censo de Población y Viviendas de 2012, poco más del 27 por ciento de una población de casi 11,2 millones de habitantes residía fuera de su provincia natal, la mayor parte en La Habana.

 

De esas personas, un millón 643.345 eran mujeres, lo que significa 53 por ciento de la migración interna en el país.

 

Los motivos personales, la búsqueda de nuevas alternativas de empleo y mejores servicios son algunas razones que hacen cambiar de provincia a las cubanas, reportan investigaciones sociales.

 

Ya lo había adelantado desde 1995 la Encuesta Nacional de Migraciones Internas: en Cuba migran más mujeres en edad laboral activa, fundamentalmente por razones como matrimonios, divorcios y reunificación familiar.

 

A estos motivos les siguen la insatisfacción con el empleo y la búsqueda de opciones laborales en otros territorios, refiere la pesquisa realizada por el Instituto de Planificación Física (IPF), el Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana y la entonces Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

 

El incremento femenino “puede estar suponiendo que la migración interna masculina, asociada a la pérdida de un empleo en los lugares de origen, no resulta una motivación importante”, señala la investigadora Blanca Morejón en un artículo publicado en 2007 en el Anuario del CEDEM.

 

En el año previo al censo de 2012, habían cambiado de territorio 76.523 mujeres frente a 70.567 hombres; pero cuando el intervalo se extiende de 2008 a 2012, suman 220.061 las mujeres migrantes.

 

Según la ONEI, en 2013 el 49,9 por ciento de este movimiento era femenino, lo que significó siete puntos porcentuales menos que el año anterior.

 

La especialista explica en el texto la existencia de una “migración espontánea controlada” a partir de planes estatales que generan ofertas de empleo, y de “migraciones espontáneas” por quienes persiguen mejores opciones de vida.

 

Al fenómeno aporta además la llamada “migración dirigida” por la decisión estatal de mover fuerza de trabajo especializada hacia un determinado lugar.

 

La migración al interior de Cuba marcha “de lo rural a lo urbano, de lo urbano a las cabeceras de las provincias, desde menor desarrollo a mayor desarrollo, en ocasiones según los planes gubernamentales y otras tantas siguiendo la lógica de las necesidades y aspiraciones de la población migrante”, resume a SEMlac el demógrafo Antonio Aja.

 

Mientras los hombres se desplazan más entre zonas rurales, las mujeres buscan las urbanas, pues resulta probable que allí encuentren mayor diversidad de empleos y normas sociales menos machistas.

 

La Habana tiende a ser el destino por excelencia, con 27,4 por ciento de la migración femenina interna en 2013, seguida por Matanzas (8,5 %) y Artemisa (7,3 %), en el Occidente, y Camagüey (7 %), al centro de la isla.

 

Santiago de Cuba y Granma son las principales provincias emisoras, junto a otras como Villa Clara, Holguín, Guantánamo y Pinar del Río.

 

Por otra parte, aumenta la escolaridad entre la migración interna, con mayor participación de dirigentes, profesionales y técnicos, lo que aventaja a las mujeres por ser 65,2 por ciento de las personas graduadas con nivel superior en el país y 66,8 por ciento de profesionales y técnicos en activo, según la ONEI, en 2013.

 

Desarrollo local urgente

 

Si bien “buscar vida en otra parte” ha sido una alternativa legítima desde los albores humanos, para un país con tendencia al envejecimiento, poco desarrollo industrial y productivo y agricultura deprimida, las características referidas hasta aquí suponen consecuencias.

 

“La migración interna se ha convertido en la variable demográfica que puede explicar las desigualdades territoriales del crecimiento y la distribución espacial de la población”, afirma Morejón en el artículo citado.

 

“El despoblamiento de las zonas rurales, su envejecimiento, disminución sensible de la población económicamente activa en el campo y aglomeración de algunos espacios urbanos, en particular de la capital del país”, son algunas de los impactos listados por Aja a SEMlac.

 

El flujo creciente de personas hacia La Habana propició regulaciones estatales como el Decreto 217, que desde 1997 exigía a los interesados en residir de forma permanente en la capital del país, permisos especiales, concedidos a quienes contaban con vivienda, según cantidades específicas de residentes por espacio.

 

Si violaban la norma, las y los migrantes podían ser multados o forzados a retornar a sus lugares de origen. Pero, en 2011, estas medidas se flexibilizaron con un nuevo decreto que beneficia a esposos, hijos, padres, abuelos y nietos de personas con propiedades en La Habana.

 

Otras medidas recientes, como la legalización de la compra-venta de casas o los permisos para el trabajo por cuenta propia fuera de las provincias de residencia, también favorecen el incremento de estas migraciones.

 

No obstante, analistas coinciden en que el desarrollo local y la autogestión territorial resultan clave para detener procesos desordenados de movilidad interna.

 

Así lo establecen los lineamientos económicos del gobernante Partido Comunista de Cuba, aprobados como política rectora del país en 2010, pero aún con pocos avances de concreción en este sentido.

 

Un paso adelante llegó con la entrega de tierras ociosas en usufructo a productores independientes, mediante los Decretos leyes 259, en 2008, y 300, en 2012, lo que puede suponer nuevas oportunidades de trabajo agrícola para las mujeres.

 

En 2013, por ejemplo, sumaban 65.993 mujeres en cooperativas agrícolas del país, casi 2.000 más que en 2011.

 

“Algunas se van del campo porque no tienen opciones de trabajo remunerado, pero en los lugares a donde llegan muchas veces ocupan empleos más precarios, labores reproductivas tradicionales o son más vulnerables al desempleo”, declara a SEMlac Kenia Lorenzo, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

 

Fomentar la industrialización, las garantías comerciales, el desarrollo tecnológico y los servicios en todas las áreas del país son propuestas de especialistas en función de lograr la permanencia de mujeres y jóvenes en sus lugares de origen, con mejor calidad de vida.