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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba, las trampas de la soledad

 

Carlos Cabrera Pérez, en CaféFuerte

 

“Hola, soledad, no me extraña tu presencia, casi siempre estás conmigo…”

Palito Ortega, cantado por Rolando Laserie

 

La declaración estadounidense de que Cuba debe mejorar su respeto a los derechos humanos como paso previo a una normalización bilateral, y la reciente visita a La Habana del presidente gallego Alberto Núñez-Feijoo, reafirman la soledad que padece la mayoría de los cubanos; atrapados por una dictadura cincuentenaria, y el desinterés y la cobardía de los ¿demócratas? del mundo, que no se atreven siquiera a mencionar la palabra democracia en La Habana.

 

Washington no exige a China, Viet Nam o Arabia Saudita que respeten los derechos humanos de sus ciudadanos para tener relaciones diplomáticas y económicas; pero insiste en su error con Cuba para seguir fortaleciendo a la gerontología militar, en detrimento de la mayoría de los cubanos.

 

A estas alturas nadie sensato entiende que diez administraciones norteamericanas hayan repetido sucesivamente el error de una política torpe que solo ha servido para que la tiranía y sus altavoces hablen de plaza sitiada y que hurten el necesario debate con su propio pueblo, aduciendo que el conflicto es con el “imperialismo yanqui”.

 

Mendigos del Estado en ruinas

 

Cuba obtendría las mayores ventajas con la normalización bilateral, pero si Estados Unidos cambiara realmente su política hacia La Habana contribuiría decisivamente a derrotar a un régimen estéril y anacrónico, pues nada más desolador que contemplar ese magnífico capital humano que atesora la isla; viviendo como mendigos del Estado ruinoso, de la ayuda familiar y de los numerosos inventos por la izquierda que forman parte de la cultura de la pobreza.

 

La reciente muerte de Nelson Mandela recordó al mundo cómo Washington contribuyó de manera decisiva al fin del apartheid. ¿Qué hemos hecho los cubanos para no merecer igual atención del Departamento de Estado?

 

Tampoco se trata de culpar al presidente gallego del desastre cubano, pero si al menos -tras elogiar la actualización raulista- hubiera comentado que las reformas son incompletas, sin democracia, y se hubiera entrevistado con una representación de la oposición, el mensaje claro y sin estridencias habría llegado de punta a cabo de la isla.

 

La actitud del visitante de Galicia es la habitual en la mayoría de las visitas oficiales a Cuba de dignatarios de sistemas democráticos, que parecen emular a portavoces de la FAO y la OPS cuando elogian el sistema alimentario -que es una falacia- y el sanitario -que hace años dejó de existir.

 

Y como gallego al fin, no pudo evitar reiterar el error más común de los políticos españoles en su mirada hacia Cuba: la transición española como modelo para la isla. Ojalá, pero no debían olvidar que el tránsito de la Ley a la Ley que facilitó la llegada de la democracia a España ocurrió después que Franco murió, con un sistema previo y consolidado de propiedad privada y gracias al suicidio político del tardofranquismo y del Partido Comunista, que aceptó hasta la Monarquía como requisito para su legalización.

 

Política de avestruz

 

En paralelo, pocas voces de la oposición cubana -como la de Rigoberto Carceller Ibarra, del grupo Cuba Democracia Ya- se han atrevido a criticar la política de avestruz del presidente gallego, otro síntoma que comienza a ser preocupante, pues sugiere que algunos disidentes parecen contentarse con viajar para hacerse fotos con Barack Obama y Mariano Rajoy, intentando monopolizar a su favor las relaciones con los partidos extranjeros de influencia en las Internacionales Socialdemócratas, Liberal y Democratacristiana.

 

Todo indica que Obama, Rajoy y demás políticos contemporáneos no van a mover un dedo a favor de la libertad de Cuba debido al escaso peso de la isla en el escenario internacional.

 

Por si fuera poco, contra la democratización de Cuba conspiran la crisis estructural del capitalismo y las prioridades en política exterior de Estados Unidos y la Unión Europea; centrados en combatir el integrismo islámico radical y poco más.

 

Cuba y los cubanos no podemos esperar nada de nadie. Y es una ventaja, porque en este mundo los favores se pagan caros y debemos habituarnos a depender solo de nuestro propio esfuerzo, capacidad de consenso y generosidad -premisas deseables para la transformación gradual del tardocastrismo en una democracia.

 

Pobre de aquellos que juegan ahora a coquetear con los politiqueros al uso para conseguir cierta representatividad, hacerse la foto de rigor y alguna cuota para congresos y cursos, con las que premiar a sus seguidores más fieles y sacar ventaja política frente a mucha gente decente que lleva años trabajando anónimamente y sin descanso por la libertad de todos los cubanos, dentro y fuera de Cuba, dentro y fuera del régimen.

 

Fiebres del tardocastrismo

 

Con estos mimbres, Raúl Castro tiene tiempo hasta para pergeñar una reforma constitucional que legitime, por ejemplo, la actual fiebre de compraventa de casas, que es inconstitucional. Habrá que esperar para ver el alcance real de la anunciada reforma, que deberá aprobarse antes del 24 de febrero de 2018, fecha en que acaba su último mandato.

 

De fuera hay que esperar poco o nada, salvo que al día siguiente los mismos que ahora evitan hablar de democracia delante del tardocastrismo, aparezcan en La Habana factura en mano por favores antiguos; no ya como aliados políticos, sino en comisión de servicio de empresas y grupos de intereses con apetito por un mercado de 11 millones de personas, en el traspatio de Estados Unidos.

 

Cuando alguien cuestiona a empresarios extranjeros por su pasión cubana actual, suelen justificarse que están allí para intentar evitar que “los americanos se queden con el pastel”, al día siguiente. Tanto cinismo resulta nauseabundo.

 

Por tanto y visto lo visto, mientras menos aliados extranjeros tengamos, mejor para Cuba; mejor para los cubanos…

 

Lo mejor de Cuba está en todos los cubanos: con sus luces, esperanzas, dudas y carencias.