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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba, la sinrazón de unas Damas contra otras

 

Carlos Cabrera Pérez, en CaféFuerte

 

Las imágenes de un mitin de repudio maoísta de un grupo de Damas de Blanco contra otra Dama de Blanco, Alejandrina García de la Riva, y el posterior reclamo de un grupo de 16 damas exiliadas para destituir a Berta Soler, confirman la escasa cultura democrática cubana y que el tardocastrismo y una parte de sus antagonistas comparten lugar de nacimiento y vocación totalitaria.

 

En cualquier grupo humano hay discrepancias, corrientes, conflictos e intereses, pero los cubanos parecemos condenados a dirimir las diferencias con gritería, insultos, reacciones emocionales, maltratándonos y negando al adversario la más mínima posibilidad de discrepancia.

 

¿Era imposible que un grupo de cubanas, unidas hasta fechas recientes por la noble causa de la libertad de sus familiares directos y, luego, de todos los presos políticos, se sentaran a conversar sobre sus diferencias, sin armar tal estruendo?

 

Dirimir las diferencias

 

A Berta Soler le ha faltado mano izquierda para manejar una situación que no solo la ha desbordado, sino que puede llevársela por delante, políticamente hablando, pues aun cuando se formen dos grupos de Damas de Blanco, ya el daño estaría hecho.

 

Por tanto, sería deseable y esperanzador que estas mujeres dirimieran sus diferencias en torno a una mesa de negociación sosegada, plural y generosa; lo otro ya lo conocemos y ellas lo han padecido en sus carnes.

 

Este calamitoso inventario es la peor noticia en medio del arreglo Cuba-Estados Unidos, porque devalúa aún más la imagen de una parte de la oposición como posible interlocutor en una mesa nacional que alumbre el pacto posible incluyendo a todos los cubanos, excepto aquellos de ambos bandos que sueñan con desatar una noche de San Bartolomé.

 

El sector duro del tardocastrismo estará a estas horas gozoso con el lío de las Damas de Blanco, uno de los colectivos más atacados por la propaganda oficial y las hordas de respuesta rápida, esas milicias maoístas de la llamada Revolución Cultural.

 

Será un gozo efímero porque el tardocastrismo -ahora más que nunca- necesita de una oposición activa y visible que, incluso, llegue a grandes pactos a corto y medio plazo, porque su tolerancia daría legitimidad a la dictadura frente a Europa, América Latina y Estados Unidos.

 

La generosidad que se necesita

 

Lógicamente que el tardocastrismo tendrá que denunciar cuantas acciones y pactos acuerden sus opositores que -en el fondo- no será más que un reconocimiento tácito a su existencia y futuro, y la lógica antesala de la necesaria negociación entre cubanos.

 

Pero, claro, si la visibilidad de la oposición implica que a la hora del enfado han copiado al dedillo las técnicas de sus verdugos, mejor que no sean tan visibles para evitar –entre otras cosas- que algunos piensen que el raulato es lo menos malo del panorama político cubano.

 

Cuba necesita generosidad, capacidad de pactos y consensos, porque nadie ha ganado y todos hemos perdido un poco o un mucho. No se puede construir un país nuevo desde la mezquindad, el odio y la persecución.

 

Y esta tesis no es fácil, como dicen los cubanos de la isla. Se trata de algo tan difícil y complicado como tener con el castrismo la generosidad que nunca tuvo con sus adversarios, con los dudosos, apáticos, exiliados y el resto de sus víctimas.

 

Raúl Castro y los que apoyan un arreglo negociado deben sentirse acompañados en sus esfuerzos, pues ya bastante tienen con aguantar las letanías de Castro I, los miedos de los involucionistas en el Partido Comunista, el gobierno y el ejército y los que en el exilio amasaron notables fortunas con el dolor y el sufrimiento de sus hermanos pobres.

 

Ahora mismo, en La Habana, América Latina y Miami hay más de una vela encendida para que todo fracase, para que la normalización bilateral se vaya al traste y Cuba se quede congelada en la Guerra Fría, que no fue guerra, ni fue fría, pero ha empobrecido a cuatro generaciones de cubanos, en su mayoría bien instruidos y reducidos a la mendicidad.

 

Un reto ciclópeo

 

Por supuesto, tampoco hay que descartar la influencia del espíritu del 17 de diciembre, haya puesto nervioso a más de uno y una, y creyendo que se acerca la hora de los mameyes, pugnen por llegar lo más fuerte posible a la futura negociación.

 

Ahora no será raro asistir al espectáculo del Torquemada, recién converso; un oportunista como muchos otros, metiendo cabeza por todos lados. Pero nuestro negocio no consiste en atacarlos, sino en fingir amnesia, en hacernos los guillaos y respetar su condición de pobres diablos siempre próximos a la luz que más calienta.

 

Tal ejercicio de simulación colectiva obedece no solo a la necesidad de una reconciliación nacional definitiva en los ámbitos político y ciudadano, sino también a que Cuba necesita de la inversión extranjera como el comer y, en esta vida, nada hay más cobarde que el dinero, que no dudaría en huir a otras playas, si viera que la isla está en combate permanente contra sí misma.

 

En definitiva, en política no es más fuerte quien más grita, sino quien más razona. Y a los cubanos nos queda un largo ejercicio de razonamiento colectivo que nos ayude a entender claves tan sencillas, pero aun lejanas, como el respeto mutuo, la comprensión de que primero es Cuba y que nunca más un cubano sea enemigo de otro cubano.

 

El monólogo totalitario impuesto en 1959 ya ha dado suficientes muestras de fracaso en todos los ámbitos. Ahora toca conseguir -entre todos y sin exclusiones- que lo nuevo sea realmente bueno, realmente emancipador e inobjetablemente democrático.

 

El reto puede parecer ciclópeo, pero valdría la pena conseguirlo por dos pequeñas razones: ver a la mayoría de los cubanos felices y que los malos no vuelvan a ganar en sus puñeteras vidas; es decir, que sean como nosotros, perdedores generosos.