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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba: la estrella roja ahora es la de Heineken

 

Tras ser abolidos en 1959, los anuncios han ido volviendo a la isla con cuentagotas y disimulo tras la desintegración de la URSS. Con la apertura económica de Raúl Castro, la publicidad va ganando terreno a la propaganda del castrismo. A pequeñas dentelladas, el mercado va engullendo viejos lemas como 'socialismo o muerte'.

 

Hugo L Sánchez, El Periódico, España

 

La estrella roja que hoy ondea en banderas en Cuba y aparece por todas partes ya no es más la del proletariado mundial, ni la del «futuro pertenece por entero al socialismo», una de las consignas preferidas de Fidel Castro; su sitio ha sido ocupado por otra estrella roja, la de la cerveza holandesa Heineken, que, por ser más refrescante y menos de barricada, va dominando el gusto de los sedientos habitantes de la isla.

 

Ha sido un trabajo lento y bien pensado de las autoridades cubanas, que han venido haciendo la vista gorda desde 1994 para que, como quien no quiere la cosa, pasara inadvertida una banderola aquí, otra quizá allá -por ahora solo quizá-, de una avanzadilla que anuncia el fin de la era de las machacantes y luctuosas frases de «patria o muerte» o «socialismo o muerte», para ir dando entrada a otra, la de la presencia de la propaganda comercial y los estandartes del consumismo.

 

ABOLICIÓN EN 1959

 

Muy en sus inicios, el Gobierno de Fidel Castro empleó la publicidad para promover la industria y el mercado nacionales frente a las importaciones. Para ello se valió de eslóganes del tipo «consumir productos cubanos es hacer patria» y ello prosiguió hasta que las nacionalizaciones de empresas y las confiscaciones de propiedades dieran al traste con todo.

 

De esta forma, la propaganda, que facilitó empleo en su momento a cerca de 3.000 personas -la isla tenía solo unos seis millones de habitantes-, fue abolida el 23 de septiembre de 1959, un año después se cerró a cal y canto la Escuela de Publicidad y el 22 de febrero de 1961 se realizó una prueba para acabar de sepultar lo que aún subsistía y que consistió en 24 horas sin anuncios en la radio y la televisión.

 

La propaganda comercial desapareció -o, mejor dicho, entró en hibernación- de todos los medios… y de las vallas, cada vez más enormes, como la que existió en los altos de un edificio en el cruce de las céntricas avenidas de Belascoaín y Reina de la compañía Coca Cola, ya presente en la isla desde 1911 e identificada, junto al cómic de Supermán, como lo peor de EEUU.

 

CARTILLAS DE RACIONAMIENTO

 

La escasez que vino acto seguido hizo que el consumo se regularizara en cartillas de racionamiento, bautizadas como Libreta de Abastecimiento, una para alimentos y otra destinada a productos industriales, así que tampoco era necesaria la propaganda comercial porque no había nada que anunciar.

 

Los cubanos, que sobreviven también por las bromas de sus angustias, al referirse al consumismo dicen que es con-su-mismo… pantalón, con-su-misma camisa, porque la sociedad que los igualó a todos en el empobrecimiento no aceptaba las leyes del mercado.

 

Es cierto que es de agradecer que los programas televisivos no se interrumpieran cada 15 minutos para salir corriendo a comprar un jabón de tocador con lanolina, esa era la moda, de propiedades mágicas porque «embellecen desde la primera pastilla», como también se aplaude que la capital cubana no padezca de la contaminación visual de otras urbes del planeta. Sin embargo, esos sitios en blanco fueron llenados de mensajes políticos como si el país viviera la pesadilla de una campaña electoral sin fin.

 

RETORNO DE LOS ANUNCIOS

 

El retorno de los anuncios fue en la radio y se produjo en Radio Taíno, emisora creada teóricamente para el turismo a principios de los años 90, nótese que fue después de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración de la Unión Soviética, con mucho el principal sostén de la economía cubana. Había que buscar dinero fresco aunque fuera coqueteando con el pérfido enemigo.

 

Tanto es así que se restablecieron disciplinas como el márketing, las relaciones públicas y la comunicación en los estudios universitarios en esa década, antes de la actual apertura, pero ya se adiestraba a profesionales sobre lo que sería el futuro.

 

De igual manera y por la misma razón, se abrió el puño a fin de que la iniciativa privada comenzara de nuevo a expresarse a modo de válvula de escape. El Gobierno, para no decir propiedad privada, utiliza la fórmula muy local de «cuentapropismo», y de esa extraña manera denomina al pequeño negocio privado.

 

Luego, al triunfar Hugo Chávez en Venezuela, se volvió a cerrar el grifo, pero no del todo, y con a la entrada paulatina al poder de Raúl Castro, hermano de Fidel, volvió con más fuerza la iniciativa privada, como si estuviera tomando impulso o adiestrándose o esperando tras la puerta.

 

'PÁGINAS AMARILLAS'

 

Así, el Gobierno aprobó la apertura de licencias en 178 oficios, muchos de los clandestinos pasaron a la legalidad y en pocos meses los trabajadores privados aumentaron de 148.000 a unos 350.000. Fue lo que en la isla se le dice «poner el parche antes de que salga el hueco»: ya se había adelantado que la empresa estatal dejaría sin empleo a 150.000 personas.

 

Después, y aunque todavía no existe una ley de prensa y publicidad en Cuba, los exiguos empresarios nacionales se pudieron anunciar en las 'Páginas Amarillas de la Guía Telefónica', que renacían; les fue permitido colocar anuncios en las entradas de sus establecimientos y aparecieron los 'paquetes', que es una misteriosa distribución de series y películas pirateadas por internet.

 

Estos paquetes, la red de mayor alcance de distribución de publicidad en Cuba, se difunden a través de discos duros y 'pen drive', y su auge hay que entenderlo porque en la isla solo el 5% de la población está conectada a internet. Así, y para no sucumbir ante la televisión estatal, aburrida, impositiva y dogmática, se hace imperativo recurrir a estos paquetes, como empezaron a hacer los nuevos empresarios a fin de darse a conocer.

 

MAGGI HASTA EN LA SOPA

 

Los 'paladares', que toman su nombre de una telenovela brasileña donde aparece una empresa de 'catering' con ese nombre, están entre los que más se difunden. Se debe a que disponen de más recursos, están en internet, en TripAdvisor…, y luchan a brazo partido por ganar clientes. Son los que más folletos distribuyen por las calles. Pero todavía no han logrado llegar a la televisión, ni se anuncian en vallas grandes. Aún no.

 

La palma se la llevan los condimentos Maggi. Empezaron con unos cartelitos sin importancia, con los fondos amarillos que identifican la marca, y se han asomado en programas culinarios en la televisión: detrás del chef o un reloj que dice, casualmente, Maggi. Con seguridad es la primera marca comercial que ha llegado a los televisores del cubano en la nueva era, pero es extranjera, de la Nestlé.

 

Los condimentos no despertaron demasiado la atención -ese es el propósito- ni siquiera de las generaciones que nacieron ajenos a la publicidad y sus fetiches, y hoy los productos Maggi están hasta en la sopa. Como un hecho va de la mano del otro, por más que se quiera disimular, al mismo tiempo que la propaganda comercial se hace más presente, la política se va retrotrayendo.

 

HERRUMBRE EN LAS VALLAS DE CASTRO

 

Ya no hay tantas vallas políticas, las que más se pueden observar están a la salida de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional José Martí, donde llegan los vuelos procedentes de Florida, lugar de residencia y concentración del mayor número de cubanos en el exterior que no simpatizan con el gobierno de La Habana.

 

Y ocurre algo más antes no visto, ni siquiera imaginado. Algunas de las vallas que aún quedan llevan tiempo sin ser retocadas y la herrumbre se adueña de ellas, ya tengan la figura de Fidel Castro como la de Che Guevara. Algo simbólico ha ocurrido en las torres circulares para almacenar cemento que hay en el Puerto de La Habana. El color con el que fueron repintadas se ha ido cayendo y, en su lugar, medio siglo después, ha resurgido su marca original: Cemento El Morro. Eso, por estos días.

 

FIN DE LA GUERRA FRÍA

 

Influye, desde luego y mucho, el comienzo del fin de la guerra fría en su último reducto, que son las relaciones en EEUU y Cuba, y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones en julio del 2015. La Habana busca otro lenguaje.

 

Como quiera que sea, Heineken, la de la estrella roja, un símbolo de los maestros cerveceros de la edad media, existe desde 1864, 53 años antes de que triunfara la Revolución de Octubre, así que tiene, digamos, más derecho por antigüedad a utilizar el símbolo de cinco puntas para asegurarse la protección del poder del agua, el fuego, el viento, la tierra y la magia.