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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba: GRANMA y la batalla de Waterloo

 

Vicente Botín, Especial Infolatam

 

Enredados como están los cubanos resolviendo el día a día aún les queda tiempo para el humor. Con cuchufletas reciben muchas veces los mensajes de un gobierno que con algunas de sus ocurrencias más parece émulo de Groucho Marx que del padre del marxismo.  A propósito de los recientes cambios ocurridos en la prensa de la isla, los cubanos han rescatado un viejo chiste que no ha perdido actualidad.

 

Le avisan al diablo de que Barack Obama, Vladimir Putin y Fidel Castro han muerto y decide hacerles un gran recibimiento, con Napoleón Bonaparte como maestro de ceremonias. El emperador se viste de gala para recibirlos y cuando llega Obama le da un abrazo y le dice: “Ah, mister Obama, si Francia hubiera tenido la eficiencia, el saber hacer de Estados Unidos, otra hubiera sido la suerte de mi ejército en Waterloo”. Luego entra Putin y Bonaparte le dice: “Ah, Rusia, si los franceses tuviéramos el arrojo, el fanatismo de ustedes, hubiéramos derrotado a los ingleses en Waterloo”. Finalmente entra Fidel Castro y Napoleón le dice: “Comandante, si Francia hubiese tenido un periódico como Granma, nadie sabría que perdimos la batalla de Waterloo”.

 

Las manipulaciones del órgano oficial del partido comunista y, sobre todo, sus silencios, son proverbiales. Los directores de Granma pasarán sin duda a los anales del periodismo por utilizar la palabra como un arma de destrucción masiva al servicio de la revolución. Por eso sorprende que al hasta ahora director, Lázaro Barredo, le hayan agradecido los servicios prestados con una simple palmadita en la espalda. Y es que el “tronado” Barredo era un gran prestidigitador. Cuidaba las palabras que salían de su chistera “como se cuidan las balas que han de entrar en combate”.

 

Las páginas de Granma dan fe de sus muchas ocurrencias para pervertir el lenguaje. Una de las más sonadas es el hallazgo del llamado “síndrome del pichón” común a todos los cubanos porque “andamos con la boca abierta porque buena parte de los mecanismos que hemos diseñado están concebidos para que nos lo den todo”. Según Barredo, los cubanos se han acostumbrado a que el Estado les resuelva todo, sin reconocer que fue precisamente el Estado el que se hizo cargo de todo y, como escribió Luis Alberto García, “legisló hasta qué tipo de ropa íntima debían usar los trabajadores”.

 

Lázaro Barredo era un “talibán” y los nuevos vientos lampedusianos que soplan en Cuba hacían innecesario su lenguaje de barricada. Al nuevo director de Granma, Pelayo Terry Cuervo, ex director de “Juventud Rebelde” y a todos sus colegas de la prensa oficial, se les ha encomendado la tarea de demostrar que los medios cubanos pueden ser tan críticos como los de cualquier país democrático. Pero como no es fácil desprenderse de viejos hábitos en un país en el que desde hace más de medio siglo se libran mil batallas (la batalla contra el analfabetismo, la batalla de ideas, la batalla contra los huracanes…) el jefe del Departamento Ideológico del comité central del partido comunista, Rolando Alfonso Borges, del que depende Granma, ha definido esta nueva etapa como “la batalla contra el secretismo”.

 

Como una bien afinada orquesta todos los medios cubanos se han dado a la tarea de “denunciar lo que no funciona en Cuba”, según las directrices marcadas por Raúl Castro y su delfín Miguel Díaz Canel, quien ha dicho que a “la prensa cubana, que junto a la revolución ha combatido contra el imperialismo” le toca ahora la tarea de “reflejar la realidad cubana en toda su diversidad, informar de manera oportuna y objetiva, sistemática y transparente la obra de la Revolución, suprimiendo los vacíos informativos, las manifestaciones de secretismo y tomando en cuenta las necesidades e intereses de la población”.

 

La “renovación” de la prensa comenzó con la “liberación” de Tubal Páez quien se mantuvo durante 20 años al frente de la UPEC, la Unión de Periodistas de Cuba y fue relevado, el pasado mes de julio, por Antonio Moltó Martorell, con un impecable currículo revolucionario del que dejó constancia en su primera entrevista como jefe de filas de los periodistas cubanos: “Hay que concentrar todo el fuego en las ideas socialistas… porque hay una conjura mundial de los medios al servicio de la oligarquía. Existe un odio imperial contra Cuba… Cuba forma parte de la desesperación que tiene el imperio que quiere dañarnos e impedir el desarrollo de nuestros proyectos”.

 

La vacante dejada por Pelayo Ferry en Juventud Rebelde, órgano oficial de la Unión de Juventudes Comunistas, ha sido ocupada por la subdirectora, Marina Menéndez Quintero, una artillera experimentada que ha lanzado no pocos misiles contra la organización Human Rights Watch, por sus demoledores informes sobre la violación de los derechos humanos en Cuba.

 

Con estos enroques pretende el gobierno de Raúl Castro renovar la estructura informativa del país, y que en opinión del periodista independiente, Leonel Alberto Pérez-Belete, no es otra cosa que “el mismo perro con diferente collar”. Los periodistas independientes denuncian desde hace tiempo “lo que no funciona en Cuba”, sobre todo las trabas a la libertad de expresión e información. Pero el gobierno les considera mercenarios al servicio de Estados Unidos.

 

Recientemente la organización Reporteros sin Fronteras criticó el aumento de las detenciones de periodistas independientes en Cuba. En un comunicado, la ONG que vela por la libertad de prensa en el mundo, señaló que “no es posible debatir y reformar si al mismo tiempo se continúa recurriendo a la censura, la brutalidad y la arbitrariedad”. Reporteros sin Fronteras recuerda que el 20 de septiembre las autoridades de La Habana rechazaron las recomendaciones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y Expresión. “Desgraciadamente – dice la ONG en el documento–, esta negativa adquiere mayores dimensiones con estos actos de represión selectiva. Esta actitud es, por demás, incomprensible, dado que el debate sobre la información moviliza cada vez más a la sociedad civil y, en la actualidad, a los medios de comunicación oficiales”.

 

José Martí escribió que “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”. Al gobierno de Raúl Castro le falta libertad y le sobra hipocresía.