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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba-Estados Unidos: una visita que expuso las divergencias

 

Emilio Cárdenas, para La Nación, Argentina

 

En 2014 el presidente norteamericano Barack Obama sostuvo que sólo visitaría Cuba si "pudiera decir con confianza que se advierten algunos progresos en materia de libertad". Y agregó: "Si fuéramos para atrás, no habría razón alguna para que yo fuera. No estoy interesado en sólo convalidar el status quo".

 

No obstante, hace pocos días se transformó en el primer presidente de su país que pisa el suelo de Cuba en los últimos 88 años.

 

Su visita a Cuba era prácticamente indispensable después de la puesta en marcha del proceso de "normalización" de las relaciones bilaterales, el 17 de diciembre de 2014. Barack Obama puso dos condiciones para reunirse con Raúl Castro en La Habana: una conferencia de prensa conjunta y la posibilidad de entrevistarse, cara a cara, con los dirigentes de la oposición cubana.

 

Lejos de ser contemplador, el presidente Obama marcó claramente sus "líneas rojas". Raúl Castro hizo lo propio. La conferencia de prensa conjunta fue probablemente el evento más trascendente de la visita del presidente norteamericano a Cuba. Acostumbrado a ese ejercicio, Barack Obama lucía tranquilo y suelto de cuerpo. Raúl Castro, cuya política excluye el diálogo abierto con los medios extranjeros (los domésticos no son independientes), evidenciaba cierto nerviosismo. Tenía razones para estar incómodo, lo que se evidenció cuando una pregunta de un periodista latino de CNN lo molestó profundamente, como en ningún momento de los 55 minutos que durara el diálogo presidencial con los medios. La pregunta tenía su peso: "¿Va a liberar a los presos políticos?" Visiblemente ofuscado, luego de tratar de ganar tiempo aparentado que no había comprendido la pregunta, Castro contestó: "¿Qué presos políticos? Dame los nombres". Agregando: "Si hay presos políticos, antes de que llegue la noche estarán sueltos".

 

Raúl Castro, puesto repentinamente contra la pared, prefirió mentir. La opción era aceptar la verdad, esto es que los calabozos de las cárceles cubanas siguen, como desde el comienzo mismo de la revolución marxista, alojando presos políticos.

 

El Departamento de Estado norteamericano inmediatamente después de la conferencia de prensa explicó que desde el comienzo del proceso de "normalización" ha estado entregando periódicamente a la Cancillería cubana listas de presos políticos. Además, las organizaciones no gubernamentales reaccionaron también prestamente poniendo en sus páginas electrónicas los nombres de los detenidos, haciendo ostensible la desfachatez que supuso la respuesta de Raúl Castro. La "Fundación Nacional Cubano Americana", por ejemplo, publicó su lista con 47 nombres, agregando, caso a caso, las sentencias recibidas por cada uno de ellos y el respectivo lugar en el que están encarcelados.

 

En Cuba hay presos políticos. Raúl Castro debería haberlos liberado de inmediato. No lo hizo, porque ello habría sido nada menos que admitir la mentira contenida en su respuesta en la conferencia de prensa. Quizás ha llegado la hora de que el régimen cubano permita una visita de la Cruz Roja Internacional, a lo que se ha venido negando sistemáticamente desde 1989. Nuestros propios organismos regionales, ante lo sucedido, deberían aconsejar al régimen de los Castro, convocar ya al mencionado organismo humanitario y despejar la incógnita.

 

El incidente mencionado muestra que todavía hay urgencias a resolver en el lento camino de la "normalización". Para los Estados Unidos esas urgencias tienen que ver con la vigencia en Cuba de los derechos humanos y de las libertades civiles y con la necesidad de transitar el camino de la democracia, lo que el presidente Obama ratificó el último día de su visita, en su discurso en el Teatro Alicia Alonso cuando, frente a un público cuidadosamente seleccionado por los dueños de casa, textualmente dijo: "los ciudadanos deben ser libres de protestar, de criticar a sus gobiernos, no debe detenerse a las personas que hagan eso. Y creo que los votantes deben elegir a sus políticos en elecciones libres. Estos derechos humanos son universales". Acotando luego: "la democracia da posibilidad a las personas de mejorar sus condiciones de vida".

 

Ratificando que la "normalización" será lenta, Raúl Castro puso sobre la mesa los dos principales escollos cubanos: el mantenimiento del embargo norteamericano y la necesidad de devolver a Cuba el territorio que ocupa la Base norteamericana en Guantánamo.

 

Pese a ello, la sensación que dejó la visita es que ambas partes prefieren mirar hacia adelante. Prueba de ello es que Barack Obama no se detuvo en visitar a Fidel Castro, que obviamente representa a la Cuba de los últimos 50 años, cuyo pueblo está sumido en un notorio atraso relativo, razón por la cual las autoridades de la isla han decidido cambiar de rumbo económico, lo que es muy distinto a reformar la estructura política que los mantiene en el poder.

 

Las diferencias antes mencionadas son, quizás, las más sustantivas. Pero no son las únicas. Los norteamericanos todavía reclaman el pago de las propiedades confiscadas por el gobierno cubano a los norteamericanos después de la revolución de 1959, cuyos dueños no fueron nunca compensados. En contrapartida, los cubanos reclaman una indemnización por parte del gobierno de Estados Unidos de los daños que, sostienen, han sido provocados por el embargo norteamericano.

 

Lo cierto es que ha quedado claro que en Cuba hay presos políticos y que a los disidentes se los persigue, golpea y encarcela. Como sucediera pocas horas antes de la llegada de Barack Obama a la isla con algunas Damas de Blanco. En el 2014 la administración de Obama obtuvo la liberación de 53 presos políticos. Sin embargo, más de la mitad de ellos volvieron a ser arrestados, y cuatro de ellos, que recibieron sentencias de varios años de cárcel fueron exiliados hace apenas un par de semanas.

 

El pueblo cubano lo sabe. Por esto todavía hay "balseros". Nueve de ellos murieron hace pocos días, cuando procuraban llegar por mar a los Estados Unidos. A lo largo del 2015 nada menos que 51.011 cubanos indocumentados llegaron a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor. Esto es nada menos que 140 cubanos por día, incluyendo sábados, domingos y feriados. No es un flujo insignificante, por cierto.

 

La visita de Barack Obama, no obstante, ha sido un paso al frente necesario. Si la "normalización" no se alimenta, la modernización de Cuba podría quedar flotando en el tiempo y sus verdaderos beneficiarios, los hombres y mujeres de Cuba, quedarían en la frustración. Por esto, pese a las divergencias que se hicieron evidentes, la visita de Barack Obama parece haber sido un empujón oportuno en dirección hacia una nueva Cuba. La Guerra Fría terminó hace rato y el vestigio cubano debe transformarse en una marcha de la isla hacia la modernidad.

 

Es posible que el entusiasmo del presidente Obama no sea compartido por Raúl Castro. Por esto, pese a la ceremonia en el propio Palacio de la Revolución, hubo también algunas muestras de frialdad. En el aeropuerto el presidente norteamericano fue esperado sólo por el Canciller de Cuba. Y en la ofrenda floral lo acompañó nada más que el vicepresidente Salvador Valdés Mesa y no Raúl Castro, ni su segundo, Miguel Díaz Canel.

 

Obama limitó el rol de su país a "apoyar y facilitar" los cambios. Por ello puntualizó que son los propios ciudadanos cubanos quienes deben ser, concretamente, los agentes de esos cambios.