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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba, el alcohol sobre la mesa

 

Raúl Hernández Ortega, en CaféFuerte

 

La monocorde Mesa Redonda de la Televisión Cubana ha anunciado que a partir de la emisión del 13 de septiembre dedicara un espacio cada viernes para analizar “actitudes y comportamientos sociales nocivos, sus causas y consecuencias”.

 

Para empezar, el tema de este viernes fue presentado como “El Alcohol sobre la Mesa” en referencia a un reciente caso ocurrido en el municipio de La Lisa, en la capital cubana, cuando más de 60 de personas se intoxicaron y 12 murieron después ingerir alcohol de madera.

 

De esta forma, se está reconociendo oficialmente y concediendo máxima importancia a uno de los mayores problemas que enfrenta la sociedad cubana en la actualidad: el alto nivel de consumo de alcohol. Problema que tiene larga data en Cuba y que también padecieron los países de Europa del Este bajo las dictaduras totalitarias del “socialismo real”.

 

En realidad, el alcohol sobre la mesa lo pusieron hace mucho tiempo, como mecanismo que propiciara la enajenación del pueblo y para que en alcohol funcionara como un bálsamo macabro para las penas producidas en una existencia de miseria, frustrantes condiciones de vida e incertidumbre hacia el futuro.

 

Pipas de cerveza y ron a granel

 

No fue la CIA ni el Imperialismo Yanqui -los comodines preferidos de la propaganda oficial- quienes inventaron las pipas de cerveza y el ron a granel. Fue el gobierno autoproclamado revolucionario quien creo las condiciones, propició y desarrolló la macabra subcultura alcohólica que padece hoy el pueblo cubano.

 

No hay un solo municipio de Cuba que no tenga su pipa de cerveza y muchos tienen dos, tres o hasta diez. Enclavadas en plazas, edificios abandonados, viejos parques o un simple espacio descampado, muchas veces sin mesas ni sillas para sentarse, sin baños o con una simple caseta sobre una alcantarilla, la pipa de cerveza está presente. Al principio había jarras o vasos de cartón. Hoy hay vendedores ambulantes que ofertan latas o pomos reciclados para que el que llegue pueda beber. La higiene simplemente no existe, la calidad no cuenta. Es un ansia desenfrenada por beber, poco importa cómo.

 

Las fiestas populares de los pueblos no son más que una caravana de pipas, con su maloliente y aguado producto, cuyo único fin es que la gente se embriague y orine en plena calle, en el mejor de los casos. O se mate a puñaladas cuando ya es demasiado el alcohol que se ha consumido.

 

Otra de las variantes utilizadas ha sido la venta de ron, vinos o ron con refresco a granel. Son bebidas alcohólicas que, como la cerveza de pipa, jamás se embotellan y cuyos parámetros de calidad son incontrolables. Esta fue una solución provisional, como las etiquetas que utilizaban en ocasiones, pero como tantas cosas provisionales en Cuba, se quedó para siempre. La producción a granel abarata los costos y reduce los tiempos, sin el más mínimo respecto al consumidor y sin ninguna garantía en cuanto a la autenticidad del producto, que casi siempre se comercializa adulterado.

 

Brebajes de fermentación

 

Esta proliferación de las bebidas alcohólicas en Cuba se produce después de un período de abstinencia total. Cuando empezó la escasez de comida, piezas de repuesto o productos de higiene, desaparecieron también la cerveza y el ron. La comida y el jabón no volvieron en jamás, pero las bebidas alcohólicas sí. El gobierno nunca ha sido capaz de producir malanga, pero sí cerveza. De hecho, muchas provincias de Cuba producen sus propias marcas de cerveza y de ron para consumo local, dando cumplimiento así a orientaciones que vinieron de arriba.

 

En medio de la escasez se desarrollaron también los productores particulares. Como en Cuba no se da muy bien la uva, la gente empezó a fermentar arroz, chícharos o cualquier fruta. Lograban hacerlo añadiendo azúcar prieta y un poco de levadura. Después de unos días ya aquel líquido tiene alcohol y algunos pensaban que es vino. Por supuesto que lo beben y lo comercializan.

 

Mucho peor y más dañino es el alcolifán o alcolitis, resultado de mezclar con agua el llamado alcohol de 90 grados que se utiliza en los hospitales. En este caso, es utilizado también en las fiestas de quince, bodas o cualquier reunión familiar. Un amigo consigue en la farmacia o compra por la calle un poco de alcohol de 90 y con eso se prepara el ponche de frutas que se le brinda a los invitados. Esto fue lo que produjo la reciente tragedia en La Lisa, debido que compraron alcohol de madera porque es aparentemente igual al otro y se lo echaron al ponche.

 

Otra variante de horror es la producción de aguardiente a nivel doméstico. Para ello se fermenta azúcar prieta o miel de purga y se pasa por un alambique, generalmente de cobre. El producto final, con una gran cantidad de elementos nocivos, se conoce popularmente como chispaetren, duérmete mi niño, diente de tigre o bájate el blúmer. En Cuba en los últimos años se han consumido millones de litros de esta bebida.

 

Crítica a los planchaditos

 

A todo ello debemos sumar que en Cuba no está prohibido consumir alcohol por la calle y que en los establecimientos gastronómicos estatales a veces la oferta se reduce a ron, cerveza y cigarros. No hay ni siquiera un pan con croqueta. Y otro elemento a tener en cuenta en la complicidad estatal con los altos índices de consumo de alcohol, es la gran cantidad de dinero que gana el gobierno por la venta de bebidas alcohólicas y cigarros, que aún en moneda nacional tienen elevadísimos precios.

 

En la actualidad, el gobierno cubano obtiene grandes ganancias por la venta de cervezas y rones de producción nacional en los conocidos pesos cubanos convertibles. Igual que llenaron el país de pipas de cerveza, hoy lo han llenado de puntos de venta de bebidas alcohólicas en divisas. No hay un lugar de Cuba donde usted no tenga un trago al alcance de su mano.

 

Los panelistas de este viernes estaban muy alarmados. El doctor Ricardo González, director de Tratamiento de Adicciones en el Hospital Siquiátrico de La Habana, levantó su voz para reclamar que se dejaran de producir los llamados “planchaditos”, los pequeños cartones de ron al menudeo. Y el periodista Luis Sexto identificó el alcoholismo como una “falta ética” (¡?) de la población.

 

“En Cuba no hay una cultura del alcohol, hay una incultura del alcohol”, sentenció Sexto ante la moderadora del panel, la periodista Arleen Rodríguez Derivet.

 

Las consecuencias del desmedido consumo de alcohol en Cuba las tenemos a la vista y no hace falta un panel para descubrirlas. Se refleja en las crecientes cifras de accidentes de tránsito, el alto índice de criminalidad y la violencia manifiesta en cualquier evento público. Casi todas las fiestas se acaban como la del Guatao.