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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Cuál fue el acto más costoso por el 26 de julio en 54 años?

 

Omar Ruiz Matoses, en CaféFuerte

 

Esta es una fecha luctuosa para Cuba. Estoy seguro que en un futuro no lejano el 26 de Julio será recordado como el día en que comenzó la destrucción de un país en nombre de promesas falsas y de afanes de poder. Pero también se recordará, en sus sucesivas celebraciones a partir de 1959, como una fecha de despilfarros innecesarios.

 

La preservación de la memoria cubana de las últimas cinco décadas implica rescatar una historia no contada por el discurso oficial. La otra historia del dolor, la censura y la dilapidación de los recursos de la nación que no se ha contado o está sepultada por la visión totalitaria de la propaganda castrista. Esa otra historia es también la historia del despilfarro gubernamental en todos los sectores estatales en función de las máximas esferas del gobierno. Es una cuenta que no podemos olvidar. Es parte de la responsabilidad de los victimarios.

 

Quiero rescatar como ejemplo de ese despilfarro nacional un hecho sucedido hace exactamente 25 años, en ocasión de los preparativos del acto por el 26 de julio en Santiago de Cuba. El recuento servirá a la vez para desmitificar un poco otro de los estandartes de la historia oficial: esa enorme cantidad de 600 y tantos atentados que le han preparado al Comandante en Jefe y que forman parte de un arsenal de imaginación propio de las peores películas de ciencia ficción de Hollywood.

 

Corría el año 1988. Yo era miembro de la Comisión de Protección del Comandante en Jefe, que así con este nombre rimbombante se creó por órdenes de la jefatura del Ministerio del Interior (MININT) cuando alguien habló por Miami sobre un probable atentado a Fidel Castro usando como armamento un pequeño avión teledirigido.

 

Donde manda General

 

Como era conocida la ubicación geográfica de la sede del 26 de de Julio en Santiago de Cuba, que es una ciudad rodeada de lomas de cierta envergadura, la preocupación estaba en la imposibilidad de detectar el vuelo de uno de esos artefactos por los medios radiotécnicos de las Fuerzas Armadas (FAR), dadas sus pequeñas dimensiones y la poca superficie de reflexión a las ondas electromagnéticas.

 

De modo que se formó el corre-corre en los altos mandos militares y, sobre todo, en la Dirección General de Seguridad Personal (DGSP), que vela por la protección física de Fidel Castro, y de inmediato nos dimos a la tarea de neutralizar al "enemigo" inexistente, pues realmente no habían señales claras de que el atentado fuera a ocurrir.

 

Pero como "donde manda capitán no manda soldado” (y aquí los que mandaban eran generales), comenzamos a buscarle la “quinta pata al gato”, diseñando todo un sistema técnico-operativo en el que implicamos a prácticamente todos los recursos disponibles de las FAR y el MININT, la contrainteligencia de ambos organismos armados y algunas entidades civiles como la Aduana General de la República y el Instituto de Meteorología, en un tremendo derroche de fuerzas y medios. Y como era de esperar, todas nuestras medidas fueron aprobadas por el mando superior.

 

Enumero algunas de estas medidas para que traten de sacarles el costo:

 

  • Emplazar baterias de “Shilka” (cañones AAA estilo Vulcan autopropulsados y equipados con radar) en el lomerío que rodea la ciudad de Santiago de Cuba, como primer círculo de protección al acto de masas y por supuesto al Comandante, en completa disposición combativa, listos para repeler cualquiera de estos pequeños aparatos si es que fueran detectados. En este despliegue las baterías estuvieron bajo el mando de un viejo y experimentado artillero del Ejército Oriental, el teniente coronel Veranes.

 

  • Desplegar un grupo de escoltas de la guardia personal del Comandante, sustituyéndoles el armamento convencional por escopetas calibre 12, con un cono de dispersión amplio de las municiones con el propósito de que pudieran dañar el hipotético “avioncito” agresor. (Es incalculable el despelote que se hubiera armado si aparece uno de esos objetivos: un corre-corre olímpico con las consabidas “bajas colaterales”).

 

  • Impedir que en el acto se usaran radios portátiles, empleados por los participantes como regla de estos actos para poder escuchar con mas claridad las palabras de Fidel Castro, previendo que no sirvieran de “radio-faros” a los eventuales objetivos. Es decir que todo espectador que acudió ese 26 de julio al acto con un radio portátil deberá recordar que fue sacado de inmediato de la explanada por las fuerzas auxiliares que se despliegan en estos casos, y que quedan subordinadas automáticamente a la DGSP tras el arribo del Comandante al lugar.

 

  • Situar una BTR en la parte trasera de la tribuna para la evacuación del Comandante si fuera necesario.

 

  • Utilizar el radar meteorológico RC-32B, emplazado en la altura predominante de la Gran Piedra a más de 1,400 metros sobre el nivel del mar. Por su poder de captación y medición de coordenadas, así como por ser el medio radiotécnico más moderno y mejor equipado que existía en el país en ese momento para transmitir la alerta temprana en un tiempo menor que nuestros radares.

 

Esos equipos, de fabricación japonesa, fueron donados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para la red de prevención de huracanes en el Caribe y pertenecían al Instituto de Meteorología de la Academia de Ciencias de Cuba. Allí estuve yo al frente de una excelente dotación de operadores, un buen navegante y un helicóptero, por si acaso. Para evitarle problemas a esa institución profesional no militar, vestimos a nuestros operadores con camisas blancas con el fin de darles un aspecto más civil, aunque fue difícil de creérselo. Transcurridos algunos días del operativo, todo Santiago de Cuba conocía -con profusión de detalles- la utilización que hicimos con fines militares de ese artefacto donado a Cuba por una entidad de Naciones Unidas.

 

Tantas fueron las medidas preventivas tomadas en ese acto de masas, que hicieron exclamar al entonces ministro de las FAR, General Raúl Castro: “Este es el 26 más caro que se ha celebrado”.

 

La cólera del Comandante

 

Como colofón, en esa misma jornada y en plena alocución del Comandante, por encima de la tribuna pasaron rasantes dos aviones Mig completamente artillados, pues desde mi posición se detectó un Destroyer estadounidense que se aproximaba peligrosamente a la bahía santiaguera y de inmediato se notificó al Puesto de Mando, que ordenó el despegue de los Migs.

 

Por la posición de la pista de Santiago de Cuba, los aviones tenían obligatoriamente que pasar por sobre el acto, además del consabido forzaje de las turbinas de estos aparatos por lo corta que era la pista local en aquel entonces.

 

Dicen algunos colegas de entonces que esto causó un arranque de cólera del Comandante y que quizás fue la última gota que colmó la copa para la sustitución del General de División Francisco Cabrera González, quien estaba al frente de esa cobertura y ostentaba los cargos de viceministro de las FAR y jefe de las tropas de la DAAFAR.

 

No pasó nada salvo este incidente de tragicomedia. Se apagó la señal operativa y como secuela se añadió un abultado presupuesto que, como siempre, cayó silenciosamente sobre las espaldad del pueblo cubano.

 

Ingeniero eléctrico y ex teniente coronel de las FAR y el MININT. Fue sustituto del jefe de la Contrainteligencia Militar en las FAR hasta su traslado al MININT en 1987. Laboró como asesor de la técnica operativa de la Dirección General de Contrainteligencia del MININT. En 1991 fue condenado a 20 años de prisión por un tribunal militar, acusado de salida ilegal del país, desacato, conducta deshonrosa, espionaje y deserción. Actualmente reside en Madrid.