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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Cuál es la novedad de Veracruz?

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

El sábado 30 de noviembre se extinguió la antorcha que iluminó la XXII edición de los Juegos Centroamericanos. Gracias al método empleado para definir los lugares por países Cuba se alzó con la victoria, mientras México y Colombia ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente. Lo logrado, expresó Antonio Becali, jefe de la delegación cubana: "es la expresión de lo mucho que nuestra revolución ha hecho por el deporte". Transcurridas unas dos semanas de su clausura, calmadas las emociones, la reflexión acerca de lo ocurrido en Veracruz promueve otras lecturas.

 

Desde la inauguración de los Juegos Centroamericanos en México (1926), hasta los celebrados en Puerto Rico (2010) se efectuaron 21 ediciones. De ellas Cuba participó en 17, en las que obtuvo 14 primeros lugares, un segundo, un tercero y un cuarto lugar. Si el análisis se limita a los seis juegos en los que la Isla tomó parte antes de 1959, tenemos que se obtuvieron cinco primeros lugares y un segundo lugar. Esos resultados se conquistaron durante las presidencias del general Gerardo Machado, de los coroneles Carlos Mendieta y Federico Laredo Bru y del Dr. Ramón Grau San Martín, quienes no se destacaron por el apoyo al deporte. Es decir, Cuba reinó en los Juegos Centroamericanos antes y después de la revolución de 1959, lo que mueve a preguntar cuál es la novedad de Veracruz.

 

La victoria

 

De 31 países participantes, los primeros tres lugares fueron: Cuba con 11,2 millones de habitantes que llevó 543 atletas, México con una población de unos 120 millones estuvo representado por 752 y Colombia con casi 50 millones de habitantes se presentó con 417 atletas. De ellos Cuba llevó  más de la mitad de los medallistas olímpicos que asistieron (23 de 43) y en el atletismo, donde cosechó 23 oros, se benefició de la ausencia de los jamaicanos de primer nivel en distancias cortas, 400 metros y los relevos. A pesar de ello, Cuba adelantó a los aztecas en solo 8 títulos dorados (123 a 115), mientras quedó por debajo en 40  medallas de Plata (106 a 66) y en 46 de Bronce (111 a 65). En total, 78 medallas menos que los ocupantes del segundo lugar. Si comparamos esos resultados con las 21 ediciones precedentes queda muy poco margen para el autoelogio.

 

Una merecida mención le corresponde al fútbol, deporte que desde el torneo preolímpico para la Copa Mundial de 1934, cuando Cuba le ganó a Haití, Jamaica, Colombia y Costa Rica y perdió solamente con México,  no se habían destacado en la región. Sin embargo, en Veracruz, en un reñidísimo partido de semifinales perdieron con el anfitrión en penales para quedar ubicados en el tercer lugar. Un desempeño que recibió poca atención de la prensa oficial, concentrada en la competencia con México por las medallas de oro.

 

La "victoria" en Veracruz se produjo después de un largo y sostenido declive del deporte cubano. En los Juegos Olímpicos de Montreal (1976) Cuba alcanzó 125 medallas; en la edición de Atenas (2004) la cosecha descendió a 63 medallas; en la edición de Beijing (2008) se obtuvieron solo 24 medallas y en la de Londres (2012) descendimos hasta 14 medallas. En la primera versión de los clásicos de pelota (2006), Cuba ocupó el segundo lugar; en la segunda versión (2009), pasó al quinto lugar; en la tercera (2013), a pesar de contar con uno de los mejores equipos, se mantuvo en la quinta posición. Por su parte Dominicana y Puerto Rico con  un juego integral: pitcheo, bateo, defensa y combatividad, dejaron bien lejos a la mayor de las Antillas.

 

La economía

 

En la sociedad, como en todo organismo vivo, los elementos que integran su estructura son mutuamente dependientes, aunque algunos tienen mayor incidencia que otros. El desarrollo del deporte depende en gran medida de la base económica que lo sustenta; mucho más cuando la intención es ocupar planos estelares a nivel internacional.

 

La introducción de los avances científicos y tecnológicos, la cantidad y calidad de los centros de entrenamiento y de los implementos utilizados, la inserción en ligas foráneas y los topes para foguearse con lo más avanzado del deporte mundial, la calidad de la nutrición y la infraestructura para garantizar los relevos, entre otros factores, requieren de elevadas inversiones, imposibles para un país subdesarrollado. En Cuba, que depende en gran medida de la ayuda de Venezuela, donde las inversiones extranjeras no acaban de cuajar y los problemas primarios de la población continúan pendiente de solución, las "victorias" como la de Veracruz solo sirven para el autoengaño y el solapamiento de los problemas vitales.

 

El desarrollo del deporte depende del crecimiento económico, de la recuperación del papel del salario y la renuncia a la subordinación del deporte a la ideología. En ausencia de esos requisitos lo único que puede ocurrir es lo que viene ocurriendo: el declive y el éxodo creciente. Parafraseando al rey de Epiro, Pirro II, cuando derrotó a los romanos en Ascoli, con otra victoria como esta estamos perdidos.

 

De acuerdo al aumento salarial implementado el pasado mes de marzo a atletas y medallistas de juegos olímpicos, mundiales, panamericanos y centroamericanos, aunque altos en relación a los deprimidos salarios del país, resultan ridículos al compararlos con los que perciben sus similares en otros lugares. Esa brecha, unida a la ausencia de libertades para jugar libremente, explica que las delegaciones deportivas nunca o casi nunca regresan completas, como acaba de ocurrir en Veracruz, donde el número de los que decidieron desertar, hasta el 23 de noviembre, se elevaba a 9.

 

La ideología

 

La subordinación del deporte a la ideología, expresada en que el Estado asume todos los gastos del deporte a cambio de que los atletas compitan representándolo, se manifestó en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), cuando Adolfo Hitler utilizó la Olimpiada para proclamar el poderío de su régimen. Desde esa época los espacios deportivos se fueron configurando como vitrinas para mostrar la "superioridad" de una ideología o de un sistema político, como ocurrió con los Juegos Olímpicos de (Moscú 1980) y los de Los Ángeles (1984), que fueron boicoteados respectivamente por Estados Unidos y por la Unión Soviética.

 

En Cuba el deporte, asunto exclusivo del Estado, se sigue identificando con la Patria y las conquistas de la Revolución. En el recibimiento al último grupo de atletas, el vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, expresó: "muchas veces la historia se nos presenta a través de símbolos, y es muy simbólico, de una manera muy especial, que cuando estamos en la víspera de un nuevo aniversario del desembarco del Granma y de la constitución de nuestras invictas y gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias, ustedes arriben a la patria victoriosos y dignos".

 

Más útil sería que algunos pasos, como el de la refundación del Salón de la Fama, se generalizaran hasta devolver la pérdida de autonomía que sufrió el deporte cubano al quedar subordinado al Estado, para que realmente se convierta en asunto de interés de atletas, entrenadores y de todo el pueblo.