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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Creció la economía en 2014?

 

Desde el Che, todos los dirigentes cubanos relacionados con la economía han mentido. A la hora de medir el PIB, el castrismo se vuelve creativo.

 

Roberto Álvarez Quiñones, Los Ángeles, en Diario de Cuba

 

Una vez más el Gobierno pasa gato por liebre cuando informa sobre el comportamiento anual de la economía de la Isla. Hace unos días, el ministro de Economía, coronel Marino Murillo, adelantó que en 2014 el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó en un 1,3%, cifra que aunque por debajo del 2,2% programado, está en terreno positivo. Murillo afirmó que el crecimiento en 2015 será "ligeramente superior al 4%".

 

Así será informado el próximo 19 de diciembre en la Asamblea Nacional. Pero, ¿creció de veras la ruinosa economía cubana? No, y tal vez tuvo una contracción superior al 0,5% registrado por los países latinoamericanos integrados en el Mercosur (Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Paraguay), en contraste con las naciones de gobiernos más sensatos, miembros de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile), que crecieron un 2,8%, según la CEPAL.

 

El PIB es el valor monetario del total de la producción de bienes y servicios (cobrados) de un país,  generalmente en un año. El de Cuba apenas puede crecer por dos razones: 1) Cuba produce muy poco (tuvo que importar alimentos por más de $2.100 millones en 2014), y 2) desde hace unos 20 años la tasa de inversión no llega ni al 10% del PIB, mientras en el resto de Latinoamérica oscila entre el 25% y el 32%. O sea, de hecho, el país está descapitalizado. Y sin inversión no hay incremento de producción y servicios.

 

Pero los Castro tienen sus mañas. Suman como nuevos valores creados (que van al PIB) los servicios gratuitos de salud pública, educación y otros, que no generan ingresos, sino que son egresos del Estado. Algo único en la tierra.

 

La costumbre de falsear estadísticas data del propio año inaugural 1959, cuando en el mes de noviembre el marxista-estalinista Che Guevara (que de finanzas no sabía nada) sustituyó al economista liberal Felipe Pazos como presidente del Banco Nacional de Cuba.

 

Cuando al médico argentino le informaron que el PIB en 1959 había crecido menos de un 1% montó en cólera y  ordenó que se emplease un método no tradicional, más "creativo" para calcular el PIB. El neófito presidente del Banco Nacional cubano consideró que aquella  exigua tasa de crecimiento presentada era una acción deliberada de tecnócratas "burgueses" para dañar la imagen del Gobierno Revolucionario.

 

Desde entonces, Cuba carece de un sistema confiable de cuentas nacionales para medir el PIB. Tiene uno tan "original" que permite inflar las cifras con fines políticos. Al implantarse el sistema de economía centralmente planificada y sobre todo con la entrada de Cuba en el CAME no hubo mayores problemas, pues en las economías comunistas las cifras macroeconómicas se podían adecuar a las "orientaciones" de la cúpula dictatorial. Incluso al PIB se le cambió el nombre por el de Producto Social Global (PSG), un invento soviético para diferenciarlo del modelo occidental.

 

Gato por liebre

 

Al derrumbarse el sistema comunista europeo Cuba regresó a los tiempos del Che Guevara en el BNC, pero los economistas esta vez fueron aún más creativos y surgió el actual sistema de medición del PIB.

 

Este consiste en aplicar arbitrariamente cuentas y categorías capitalistas a una economía socialista. Por ejemplo, en el sector de la salud se calcula cuánto costarían en países capitalistas las cirugías realizadas en los hospitales de Cuba durante un año. Igualmente el Gobierno hace un estimado de cuánto valdría cada análisis de sangre, rayos-X, ultrasonido, o una consulta con un especialista. En el sector de la educación se calculan los costos de las carreras universitarias en naciones capitalistas, o los cursos que se dan por la TV si se vendieran en DVD como en otros países, etc.

 

Esta ficción contable equivale a miles de millones de dólares que se contabilizan como ingresos y nuevos valores creados. O sea, se suman valores ficticios de servicios prestados gratuitamente como si hubiesen sido cobrados y generado ingresos a instituciones privadas. Y todo basado en otro fraude, al darle al peso convertible (CUC) una equivalencia con el dólar estadounidense que simplemente no tiene.

 

Gratuidad pagada por "amigos"

 

Lo de registrar pasivos como activos quizás fue inspirado en que en la contabilidad normal (la capitalista) las Cuentas por Cobrar son parte del Activo Corriente, pues se convierten en ingresos al ser cobradas. Pero en Cuba la salud y la educación son servicios estatales no cobrables, que además no pueden ser sustentados por una economía tan improductiva que no genera riquezas suficientes para financiarlos. Es por ello que la nación necesita subsidios multimillonarios, que antes llegaban de Moscú y ahora de Caracas. Es decir, la gratuidad de la salud y la educación en Cuba siempre la financian "amigos" foráneos.

 

Si todos los gobiernos del mundo hiciesen lo mismo que la dictadura castrista, el PIB global del planeta no sería de 72 billones de dólares (como fue en 2013), sino un gran embuste de $200 billones. Técnicamente no habría pobreza en la tierra.

 

El coronel Murillo miente, como han mentido de oficio todos los ministros a cargo de la economía cubana desde los tiempos del comandante Guevara. El récord, sin embargo, lo ostenta el defenestrado José Luis Rodríguez, a quien le "tocó" informar en 2006 que ese año el PIB cubano creció en un 12,5%, la mayor tasa del mundo, por encima incluso de la China (10,7%) y la más alta registrada nunca en la historia reciente de América Latina. Un año antes, en 2005, el propio Rodríguez afirmó sin sonrojarse que el PIB cubano había crecido en un 11,8%.

 

En 2014 no pudo haber crecimiento económico en Cuba cuando no se cumplieron los planes azucareros, de la industria en general y en particular la manufacturera, la producción agrícola y pecuaria, la construcción, el transporte y el comercio. El turismo, por su parte, tampoco captó los tres millones de visitante esperados.

 

Manipular por "honor revolucionario"

 

Salvo cuando se produjo el cese de los subsidios soviéticos, el régimen jamás ha admitido una contracción del PIB. Para los Castro (como lo fue para el Che), es cuestión de "honor revolucionario" mentir antes de reconocer estadísticas adversas que podrían ser utilizadas por el "enemigo" para cuestionar el socialismo y la revolución.

 

Lo asombroso es que la CEPAL acepta tranquilamente las cifras manipuladas que le suministran los Castro. Varios días después de que Murillo dijese que la economía cubana crecerá más de un 4% el año próximo, esa institución regional de la ONU rebajó en solo un punto dicha cifra y ahora estima que para 2015 la economía de la Isla crecerá en un 3%. ¿En qué se basa realmente esa entidad para hacer semejante pronóstico?

 

Casi todos los organismos internacionales aceptan estas estadísticas ficticias. Sus expertos, o  saben que no son reales, o son tontos. Pero no dicen nada, por no disgustar a los Castro, o por razones ideológicas.

 

En resumen, no importa que La Habana manipule estadísticas económicas y sociales. Nadie las cuestionará a fondo. Y esa es la "realidad" cubana que conoce el mundo entero.