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REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Corrupción y reforma

 

Dimas Castellanos, El Blog de Dimas

 

Algunos funcionarios cubanos, ignorando que ningún cambio temporal –aunque sea una revolución– resulta definitivo, declaraban convencidos que ya Cuba había cambiado en 1959. Sin embargo, la terca realidad se impuso y los obligó a emprender el camino de las reformas. De igual forma, si ahora ignoran la necesidad de imprimirle un carácter integral a esos cambios, sufrirán un nuevo fracaso.

 

Ante el intento de reducir las reformas a determinados aspectos de la economía, entre otros obstáculos, se alza el Leviatán de la corrupción, cuya principal característica consiste en situar los intereses egoístas en primer lugar, sin importar la forma de lograrlo ni el daño que se ocasione; un mal que ha acompañado a la especie humana desde su surgimiento y cuya presencia en la sociedad cubana ha devenido moral predominante.

 

Aunque el hombre avanza aceleradamente en el conocimiento hacia la infinitud del cosmos y hacia el interior de la materia, le resta importancia a fenómenos sociales que afectan su vida de forma directa. Es capaz de realizar actos nobles, pero también terribles; de transitar entre la verdad y la mentira o entre la virtud y el vicio. Tal parece, como narraba Italo Calvino en Las dos mitades del vizconde, que cada individuo se bifurca al interior y se expresa indistintamente en dependencia de las circunstancias.

 

A pesar de los efectos nocivos y de los esfuerzos de ilustres figuras de nuestra cultura, muchos de los proyectos sociales fracasados en Cuba tuvieron entre sus causas la presencia del factor corrupción, el cual se vincula con la ética –disciplina que proclama la igualdad humana como actitud primaria y absoluta que debe preceder las relaciones sociales desde la política hasta la cultura, desde la vida privada hasta la pública y desde las acciones prácticas hasta las expresiones verbales. La ética, sustento de la dignidad, significa que cada ser humano no obedece a ninguna ley que no sea instituida también por él mismo. Por su parte, la moral es un conjunto de normas admitidas socialmente, que se acata o transgrede, en dependencia de fines, intereses en cada época y lugar, lo que le da un carácter relativo. Como componente de la cultura, la moral, una vez conformada y generalizada, adquiere independencia y deviene causa de nuevos fenómenos sociales.

 

Cada proyecto de transformación social exige un tipo específico de conducta, y los cubanos, nunca hemos estado en peor situación ético-moral para emprender cambios, lo que augura el fracaso de la actualización del modelo, si no se introducen de forma paralela las medidas dirigidas a su rescate. Un viaje a la semilla revela el hecho indiscutible de que al margen de la ética es imposible llevar a término ningún proyecto social positivo.

 

El crecimiento de las riquezas que convirtieron a Cuba en potencia azucarera y cafetalera mundial, vino convoyado, de un lado con la opresión, la explotación y la intolerancia colonial; de otro lado con las contradicciones de los hacendados criollos, que a la vez que eran sometidos desde arriba, ellos sometían de forma despiadada a los de abajo. En ese contexto de ausencia casi absoluta de libertades brotaron las raíces de dos vertientes morales contrapuestas: la utilitarista y la cívica.

 

La primera se explica con la filosofía del utilitarismo, la cual propugna que el valor ético de la conducta está determinado por el carácter práctico de sus resultados. Para uno de sus fundadores, el jurista y filósofo británico Jeremías Bentham, esta doctrina consiste en procurar el mayor grado posible de felicidad al mayor número de personas. De ella, despojada de sus mejores atributos, surgió la versión insular criolla del utilitarismo, en el que se sustentó la vida fácil que tomó cuerpo en el empleo indiscriminado de la violencia, la mentira, el juego y la vagancia. El utilitarismo criollo se redujo a la obtención de utilidades, donde el hombre existe para el otro, en tanto medio para alcanzar determinados fines.

 

En las clases altas son ejemplos el obsequio de la sacarocracia criolla de un ingenio al Gobernador Don Luís de las Casas; el desvío de los fondos de La Cabaña, que hizo de ésta construcción la fortaleza más costosa del mundo;  el garito y la valla de gallos que  Francisco Dionisio Vives –partidario del gobierno de las tres “bes”: baile, baraja y botella– mantuvo para su propio esparcimiento en el Castillo de la Fuerza. Tan conocida fue la conducta de este gobernante, que al término de su mandato apareció un pasquín dirigido a su sucesor que decía: “¡Si vives como Vives, vivirás!”

 

En las clases bajas el desinterés por el trabajo, de donde surgió la expresión popular “Aquí lo que no hay es que morirse”; los negros curros del Manglar, chulos, asesinos, ladrones y estafadores, cuya psicología y costumbres eran incompatibles con la esclavitud; el bandolerismo en los campos que proliferó con los vegueros desalojados de sus tierras; Caniquí, el negro de Trinidad, convertido en el terror de Santa Clara y Juan Fernández, el Rubio de Puerto Príncipe, son algunos ejemplos ilustrativos.

 

Por su parte la moral cívica –manifestación de minorías– tiene su raíz en la semilla que sembraron figuras como el Obispo Espada y el Padre Félix Varela, éste último fustigó a los interesados exclusivamente en las cajas de azúcar y en los sacos de café e intentó con la educación y con su ejemplo corregir esas actitudes mediante la formación de virtudes y conductas cívicas. La labor de los exponentes de esta moral se reflejó en el quehacer político que dio lugar a las gestas independentistas del siglo XIX, pero no logró que esa conducta se generalizara, como podemos encontrar en textos de nuestra historia como Diario del soldado de Fermín Valdés Domínguez o en Vida Pública de Martín Morúa Delgado, de. Rufino Pérez Landa, por sólo citar dos de ellos.

 

En el siglo XX, el utilitarismo reverdecido se abrió campo con el discurso de una élite político-económico-militar, emergida de las guerras, carente de cultura democrática e hinchada de caudillismo, lo que facilitó el uso de las posiciones públicas para fines individuales, realidad que fue reflejada magistralmente en la literatura por Carlos Loveira en Generales y Doctores. En este mismo siglo, la moral cívica –minorías conformadas por veteranos de la independencia, intelectuales y estudiantes universitarios– retomó el discurso de la Revolución inconclusa, pero montados sobre uno de nuestros males ancestrales: la violencia, la que al asumir el poder devino fuente de derecho. Así, una vez “triunfantes”, los revolucionarios se deslizaron hacia la totalización de la sociedad, debilitando la institucionalidad del país y con ello la todavía débil práctica del respeto a los derechos humanos, sin lo cual es imposible mantener a raya la corrupción.

 

En la segunda mitad del siglo las frustraciones se reflejaron en el desinterés, la desesperanza y el escapismo, todo lo cual dio lugar a una tercera vertiente: la moral del sobreviviente. La misma refleja las decepciones por el alto precio pagado y responde con acciones concretas e inmediatas. Aunque se expresa con el mismo discurso del siglo precedente, ahora la lucha, no designa el propósito de abolir la esclavitud ni alcanzar la independencia, sino sencillamente el de sobrevivir.

 

De las tres vertientes morales, la sobrevivencia, espoleada por el sistema totalitario, tomó el predominio, al punto que después de medio siglo de gobierno revolucionario el mal de la corrupción se generalizó hasta abarcar todos los sectores sociales.

 

¿Dónde y cómo se manifiesta esta moral? En todas las esferas sociales: en la venta de medicinas, en la pérdida de paquetes enviados por correos, en la aprobación de alumnos a cambio de dinero, en la falsificación de documentos, en todos los mercados donde se expenden mercancías, en los talleres que brindan servicios a la población, en la venta de combustible por la “izquierda, en el desvió de los recursos del Estado. Un fenómeno que se manifiesta desde la alta jerarquía hasta el más simple trabajador.

 

En la alta jerarquía es suficiente tomar como ejemplo uno de los múltiples casos de corrupción: En junio de 1985, mediante el Decreto número 85 del Consejo de Ministros se creó el Instituto de Aeronáutica Civil (IACC). Para su dirección fue nombrado, en calidad de Presidente, el entonces Secretario General de la Unión de Jóvenes Comunistas y Miembro del Comité Central del Partido Comunista, Luís Orlando Domínguez Muñiz. Dos años más tarde, en 1987, Luís Orlando fue destituido, sometido a un proceso penal y condenado a 20 años de prisión por malversación, abuso de autoridad, falsificación de documentos públicos de carácter continuado, abuso en el ejercicio del cargo y uso indebido de recursos financieros y materiales. En julio de 1989 fue nombrado Vicente Gómez López, como presidente del IACC, quien tuvo que ser sustituido por “serios errores en los métodos de trabajo”. Entonces, en su lugar se designó al general de división Rogelio Acevedo Gonzáles, que fungía como Jefe de la Dirección Política Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, quien el pasado año 2010, tuvo que ser sustituido por graves problemas de corrupción.

 

En los trabajadores se manifiesta en las gestiones productivas y de servicios, los cuales a falta de locales propios y de instrumentos de trabajo, emplea los del Estado; un fenómeno que originó el vocablo Estaticular (gastos del Estado y utilidades del Particular); se abastece de materiales mediante el robo, mejor dicho, mediante la lucha, un término que, junto a los verbos escapar y resolver, designa las acciones para sobrevivir, con el consiguiente perjuicio ético.

 

Las personas respondieron al poco valor del trabajo con las actividades alternativas; a la imposibilidad de tener empresas con la vía estaticular; a la ausencia de sociedad civil con la vida sumergida; al desabastecimiento con el robo al Estado, que en definitiva es la propiedad “de todo el pueblo”; al cierre de todas las posibilidades con el escape al exilio. ¿Cuál era el dilema de la familia cubana en estas condiciones?, pues sobrevivir. Si además esa conducta se fue aceptando socialmente y cada familia de una u otra forma se vio obligada a emplearla, entonces tenía que terminar predominando.

 

La respuesta gubernamental, hasta hace muy poco, se limitó a la represión: policías, vigilancia, restricciones e inspectores, todas acciones sobre los efectos e ignorancia de causas, sin tener en cuenta que los daños se conocen por el efecto, pero las soluciones dependen de las causas. A pesar de ello la magnitud ha sido tal que la propia prensa oficial ha tenido que reflejarlo en sus páginas.

 

El diario Juventud Rebelde publicó el 22 de mayo de 2001 El cazador de engaños, referido a Eduardo, un inspector popular que recorre los establecimientos estatales para detectar violaciones en la calidad, el peso, los precios o la venta de artículos ajenos a la unidad. Según este inspector, cuando pone en evidencia el delito ante el infractor, algunos le dicen: “hay que vivir, hay que luchar”; una expresión de reconocimiento y a la vez de explicación del por qué se comete. Tampoco Eduardo se puede explicar por qué algunos ciudadanos se molestan cuando él les va a reivindicar sus derechos, “y éstos defienden a su propio victimario”. Sin proponérselo, el abnegado inspector aporta un elemento significativo: las “víctimas” se tornan defensores de los “victimarios”, lo que demuestra que la moral del sobreviviente es aceptada socialmente.

 

El Granma del sábado 28 de noviembre de 2003 publicó Violaciones de precios y la batalla de nunca acabar, en el que se citan las palabras de una funcionaria de la Dirección de Supervisión de Precios del Ministerio de Finanzas, quien expresó que en los primeros ocho meses de este año, en el 36% de los establecimientos inspeccionados encontraron irregularidades; en el caso de los mercados, ferias, placitas y puntos de venta agropecuarios, el índice estuvo por encima del 47%, y en gastronomía el 50%.

 

El viernes 20 de febrero de 2004, con motivo del balance anual del Ministerio de Auditoria y Control, Granma  publicó Enfrentar eficazmente irregularidades y delitos económicos, en el que la ministra de Auditoria y Control, Lina Pedraza, expresó: “están bien identificadas las causas y condiciones propiciadoras del delito y otras violaciones”, entre las que mencionó un conjunto que va desde “la insuficiente confirmación del origen o destino final de los productos” hasta “la insuficiente supervisión al sistema de auditorias”.

 

El Granma del sábado 24 de diciembre de 2005, informó que en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Pedro Ross, entonces Secretario General de la CTC “comentó y dijo que hay trabajadores que reaccionan, pero otros no y siguen justificando el robo y otras conductas indebidas”, por lo que el líder sindical, en su forma diáfana de expresarse, llamó a los trabajadores a convencer  a los trabajadores.

 

Los días 1 y 15 de octubre de 2006, Juventud Rebelde publicó La vieja gran estafa, donde se informa que de 222 656 inspecciones realizadas entre enero y agosto de 2005 por inspectores integrales, se encontraron violaciones de precios y alteraciones en las normas de los productos en el 52% de los centros examinados, y en el caso de los mercados agropecuarios, en el 68%.

 

El Granma del miércoles 25 de octubre de 2006 anunció que en enero de 2007 comenzaría a regir un nuevo reglamento disciplinario interno, encaminado a “fortalecer el orden, educar a los trabajadores y enfrentar indisciplinas e ilegalidades en el desempeño del trabajo”. El anuncio, cargado de optimismo, dio la impresión de que eso era lo único que faltaba para acabar con el relajo, pues cuando estuviera en vigor los trabajadores tendrán que asistir puntualmente al trabajo, cumplir el horario establecido, permanecer en su puesto y no abandonarlo sin autorización del jefe inmediato. Una decisión similar a aquella de ¡Ahora si vamos a construir el socialismo!

 

En el Granma del viernes 27 de octubre de 2006 apareció Cuando funciona la ceguera, donde se dio a conocer que el 28 de agosto de 2005, en una plataforma de pesaje del puerto de Cienfuegos, se extrajeron 15 toneladas de soya sin cuantificarse, las que eran  pagadas a los luchadores a mil pesos la tonelada.

 

El 22 de noviembre de 2006 Granma publicó Inspecciones dan cuenta de reiteradas violaciones.  La directora general de la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo del MTSS, dijo que un ejército de fiscalizadores están revisando, entre otras cuestiones, el proceso de selección de ingreso de los trabajadores, las altas y bajas, las contrataciones, los convenios colectivos, los registros de entrada y salida del personal, la disciplina y el aprovechamiento de la jornada laboral, ya que en la mayoría de las entidades visitadas hay problemas que salen a la luz con facilidad: oficinas donde han encontrado trabajadores durmiendo o en animada tertulia, lugares en los cuales ningún jefe controla la entrada y salida de los empleados, entonces desde horas tempranas del día, hay quienes firman su supuesta hora de retirada en la tarde.

 

El Granma del lunes 16 de febrero de 2007 en Caníbales en las torres, abordó el robo de los angulares que sostienen las redes de transmisión eléctrica de alta tensión. Reconoce  que las “medidas técnicas, administrativas y legales aplicadas hasta el momento no han frenado el bandidaje”. En 2004 desaparecieron 1648 angulares en la red de 220 mil voltios y 545 en la de 100 mil; en 2005 se robaron 532 y 544 respectivamente; en 2006, después de reforzar la vigilancia, aplicar medidas técnicas y  sanciones, desaparecieron 267 y 1827. Sólo hubo disminución en la red de 220 mil porque se soldaron los tornillos hasta los 6 metros de altura, pero luego los osados luchadores subían por encima de esa altura. El 24 de agosto de 2006 las provincias habaneras y Pinar del Río permanecieron sin fluido eléctrico durante horas a causa de la caída de torres que no pudieron soportar vientos moderados debido al robo de los angulares que las sostenían. De igual forma se comportó el robo de los cables conductores, para vender el aluminio y el cobre contenido en los mismos.

 

El viernes 26 de octubre de 2010 Granma publicó El precio de la indolencia. Resulta que en el municipio de Corralillo, en Villa Clara, se edificaron más de 300 viviendas con materiales y recursos sustraídos. Debido a que se autorizó la reposición de cientos de viviendas que fueron destruidas por el huracán Michelle en 2001, la Dirección de Planificación Física del municipio emitió las regulaciones para ese fin, donde en uno de sus artículos autorizó el uso de pilarotes, lingotes o raíles de líneas. Como resultado, en 240 viviendas inspeccionadas se emplearon 9 631 metros de carriles, la mayor parte en buen estado y en el 82% se emplearon raíles de las vías, procedentes del Ministerio de Azúcar, para lo cual se desarticularon 25 kilómetros de líneas férreas y se emplearon 59 angulares de las mencionadas  torres de alta tensión.

 

Si Granma y Juventud Rebelde hubieran establecido claramente la estrecha relación entre la corrupción galopante y el hecho de que en Cuba la propiedad estatal es casi absoluta, que nadie puede vivir del salario, que los ciudadanos están impedidos de ser empresarios, que se carece de los derechos cívicos más elementales como entrar y salir del país libremente o acceder a las redes de Internet, entonces hubieran coadyuvado a llamar la atención de que la represión es inútil para conjurar el mal, de que los vigilantes, policías e inspectores son cubanos con las mismas necesidades que el resto de la población. También hubieran ayudado a comprender que ahora no se trata de libertad o muerte o de patria o muerte, sino de vida o muerte, que es la consigna del sobreviviente.

 

Entrampados en el atascadero en que estamos, si se quiere cambiar el rumbo de los acontecimientos, habrá que extender, aunque con bastante retraso, los cambios económicos a la esfera de lo ético-moral, para lo cual hay que volver la mirada hacia las libertades.

 

Entre el actual contexto y un país democrático, media como premisa la formación de una cultura de derechos humanos. Parafraseando el concepto de acción afirmativa, que en otras latitudes define las leyes y proyectos encaminados a la inserción social de sectores tradicionalmente preteridos, se impone de forma similar una acción educativa, pues la experiencia indica que los esfuerzos encaminados a la democratización serán nulos si no se cuenta con los sujetos capaces de exigir, promover e impulsar los cambios. Sin eso se podrán aprobar 178 ó 10 000 formas de trabajo por cuenta propia, aumentar o disminuir los impuestos o desemplear una cantidad mayor o menor de trabajadores, pero lo que no se podrá, es aumentar la producción de bienes y servicios y arribar a un país de oportunidades y de libertades. Única forma de llenar de contenido la manida frase de “No mentir jamás ni violar principio éticos”.