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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Combatir el esclavismo del siglo XXI en Cuba

 

Joan Antoni Guerrero Vall, en Martínoticias.com

 

Estadísticas recientes de la Unión Europea muestran que el discurso del llamado bloqueo que el gobierno cubano dice padecer tiene cierta trampa. Los números también dejan ver que muchas declaraciones políticas no se traducen después en un castigo al régimen para que pueda disponer de fondos. Hay negocios con Cuba, y no hay sorpresa.

 

La cuestión que se plantea con el embargo económico, entre aquellos que consideran que debe acabarse, es que tiene que suponer el fin de la eterna excusa que el régimen tiene para todo aquello que no funciona. Pero no parece muy claro.

 

Los que defienden en cambio que se mantenga o se endurezca sostienen que es la única forma de parar los pies a un gobierno que muestra mucha más disposición a reprimir a sus ciudadanos que no a contribuir a que sus vidas puedan andar por senderos de prosperidad. Pero esta posición también parece poco clara, porque de hecho no hay realmente un bloqueo y el régimen de La Habana se nutre por diferentes vías.

 

Visto el panorama estadístico podríamos decir que podríamos olvidarnos de que el cambio de valores en Cuba llegue a través de la vía económica, ya sea por su presión o asfixia (que no es tal), ya sea por permitir la llegada de fondos a los cubanos que, una vez alancen esa mejoría en sus negocios y vidas pueden considerar la necesidad de que su gobierno les conceda otras cosas. Esta última posición parece también más un acto de fe y además añade más tiempo al tiempo que ya acumula el régimen haciendo y deshaciendo a sus anchas en Cuba. ¿De verdad los derechos necesitan un proceso de empoderamiento de la gente a través de la economía para que, al final de camino, quizás se animen a reivindicar más derechos? Y si, en lugar de esto, esta nueva clase decide abstenerse del tema político y procurar el bien por los suyos y no meterse en problemas porque, ¿para qué arriesgar?

 

Desde fuera de la Isla, los gobiernos que mantienen posiciones de cierta beligerancia con el régimen de La Habana (los podríamos contar con los dedos de una mano) deberían ejercer más presión sobre las empresas que están presentes en el país. Quizás el gobierno cubano puede prescindir del apoyo explícito de los gobiernos y los políticos, pero no de los empresarios, de los que tienen el dinero y de los que están dispuestos a desembolsar sumas atractivas en ese país. Los gobiernos de la Unión Europea, visto que representan un volumen importante del negocio en Cuba, deben trabajar con las empresas para que se conviertan en entes transmisores de ciertos valores que, en principio, guían las políticas de la unión, es decir, deben promover los derechos humanos en países donde los gobiernos se abstienen de hacerlo. Parece una utopía, sí.

 

La sociedad civil, las organizaciones de derechos humanos y los activistas deben impulsar a los gobiernos a tomar medidas en este sentido porque por sí solos los políticos no harían mucho. Buscar la manera de hacer esto posible es trabajo de todos aquellos que hacen algo en este terreno y si se impulsara de una forma coherente podría dar resultados, siempre si tenemos en cuenta que el régimen cubano se puede poner de espalda a los políticos, pero quizás menos de espalda a los empresarios que representan el dinero y, en consecuencia, el poder de hacer. El régimen cubano necesita iniciativas empresariales en la Isla para que, de esta manera, el juego de fraudes, corrupción y nepotismo pueda continuar sin graves alteraciones. En manos de los ciudadanos de los países libes, y de la UE especialmente, está la tarea de convertirnos en lobbies de presión para que las actuaciones de nuestros compatriotas, más allá de nuestras fronteras, no suponga una vergüenza. De la misma forma que nos avergonzamos del negocio del esclavismo siglos atrás, debemos avergonzarnos hoy de las nuevas formas que toma este esclavismo del siglo XXI en países como Cuba.