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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Castor entre sus víctimas

 

Daniel Morcate, El Nuevo Herald

 

Un hombre peligroso podría andar suelto pronto en nuestra comunidad. Se llama René González y ha usado los nombres de guerra de Castor e Iselín. Es uno de los cinco espías convictos como miembros de la Red Avispa que los Castro infiltraron en el sur de la Florida. González cumpliría 12 de los 15 años de su condena el 7 de octubre y saldría a la calle. El gobierno y la justicia de EEUU afrontan el dilema de o bien soltarlo entre nosotros durante otros tres años para que cumpla con los términos de su libertad condicional o enviarlo de inmediato a Cuba donde lo reclama la dictadura. La primera opción entrañaría un riesgo para nuestra comunidad. La segunda, una injusticia para las víctimas.

 

La fiscalía y una jueza federal se inclinan a favor de que González, que es norteamericano de nacimiento, cumpla su probatoria “bajo supervisión” entre nosotros. Y algunos de sus argumentos son sólidos. Pero dejarlo aquí representaría un serio peligro, como bien me dice Ramón Saúl Sánchez, líder del Movimiento Democracia, uno de los grupos que infiltrara González. El espía convicto conspiró contra el MD y otra media docena de organizaciones exiliadas pacíficas y humanitarias, incluyendo Hermanos al Rescate y la Asociación de Pilotos Cubanoamericanos; hostigó, difamó y amenazó de muerte, mediante cartas y llamadas telefónicas anónimas, a miembros de esta comunidad; y desinformó al FBI para obstruir sus investigaciones.

 

Y esos son apenas los delitos que se demostraron en la corte. González también habría intentado infiltrar medios de comunicación. Al menos en un caso cortejó a una periodista que trabajaba en uno de ellos, según me dice una fuente. Habida cuenta del daño que hizo, el gobierno y la justicia creen que sus víctimas no se merecen que se salte los años de probatoria. Al régimen castrista no le gusta que se lo recuerden, pero González se la ganó portándose como un niño bueno en prisión. ¿Presiente La Habana que al final terminó cooperando con las autoridades norteamericanas como hizo la mayoría de los miembros de la Red Avispa que ni siquiera fueron a juicio y cuyos nombres no figuran en la propaganda que usa para reclamar a sus “cinco héroes”?

 

El gobierno federal también tiene la opción de pedirle autorización a la corte para despachar a González a Cuba, donde vive su esposa, otra agente de la temible seguridad del estado, y dos hijas inocentes de las fechorías que han cometido sus padres. Washington, de hecho, le ofreció a La Habana su inmediata devolución e iniciar el proceso para borrarla de la lista de regímenes terroristas a cambio de la liberación del empresario norteamericano, Alan Gross. La gestión la hizo Bill Richardson. Y ya sabemos que terminó como la fiesta de El Guatao, ese pueblecito habanero donde, según la leyenda, todos los jolgorios acaban a piñazos y patadas. Cuba le exigió, con muy malas mañas, la devolución de los cinco espías, cuyo regreso triunfal a la isla había pronosticado el omnisciente comandante Fidel Castro nada menos que para diciembre pasado. Castro, como pueden ver, nunca ha dejado de celebrar, a su retorcida manera, las navidades que les prohibió los cubanos durante décadas.

 

Su patético régimen preferiría que ni yo ni nadie les contáramos estas cosas. En estos días sus agentes han recorrido redacciones de periódicos prestigiosos pidiéndoles que investiguen cómo el gobierno de EEUU nos pagó a mí y a otros periodistas para “crear una campaña que hizo imposible un juicio justo” a González y sus cofrades. Como si sus crímenes no hablaran por sí solos. Se refieren a nuestras colaboraciones remuneradas con Radio y TV Martí, de las que me siento orgulloso. Periódicos y blogs neoestalinistas han reproducido la infamia. Pero hasta ahora no lo ha hecho ninguno de prestigio. Aún pesa en la memoria colectiva el fiasco que sufrió el Miami Herald al hacerse eco de una patraña similar años atrás. Supongo. Los abogados de los espías incorporaron columnas mías y de otros colegas en el expediente judicial, repitiendo las mentiras y calumnias castristas y violando de ese modo su juramento de no presentar falso testimonio ni cometer perjurio en la corte. William Norris, defensor de Ramón Labanino, declaró con desfachatez: “Es una idea que realmente parece la antítesis de un juicio justo…echar gasolina al fuego con una campaña de propaganda que excede el concepto de un proceso justo”. La fiscalía federal de Miami-Dade debería investigar la maniobra calumniosa de estos abogados sin escrúpulos. Yo cumplo con revelársela a ustedes, los lectores. Y con pasarme por el forro las intimidaciones de los mastines a sueldo de los Castro.