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REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Capitalismo a la cubana

 

La situación financiera extrema fuerza al régimen castrista a ensayar fórmulas de mercado

 

Carlos Álvaro, Capital Madrid

 

Cuando el hermanísimo Raúl Castro tomó el relevo del comandante Fidel en julio de 2006 prometió unos cambios económicos que están tardando en llegar. Hoy, tras más de cuatro años de retoques y reformas cosméticas, la más que delicada situación financiera que atraviesa la isla ha obligado al Partido Comunista Cubano (PCC) a actuar para evitar que el barco se hunda. Ante la cruda realidad de que la economía hace aguas y de que se impone un cambio para eludir la hecatombe, el Gobierno -sin abandonar la planificación central ni el sistema comunista, asunto que sigue siendo tabú- comienza a recetarse una dosis de capitalismo a la caribeña a través de la  introducción de más iniciativa privada y de una rebaja del peso del Estado, en lo que constituye el primer paso hacia un modelo mixto.

 

El problema financiero es tan grave y acuciante que supone ya una amenaza para la supervivencia del propio régimen. Está por ver, eso sí, si las reformas que se avecinan, encorsetadas por la necesidad de preservar el esquema revolucionario, serán suficientes. La situación en Cuba dista hoy de asemejarse a la de China o Vietnam, y el país parece lejos de poder asumir sin grandes sobresaltos la coexistencia del dogma político comunista y un sistema económico con crecientes, aunque aún muy tímidas, recetas de mercado.

 

La fórmula mágica con la que el año que viene Raúl Castro, que se resiste a abandonar el socialismo, pretende rescatar la economía y salvar los muebles de la revolución se llama Proyecto de lineamientos de la política económica y social. El plan, que incluye una mayor apertura al capital extranjero además de la extensión del sector privado y la reducción del rol estatal, está siendo debatido en las sesiones preparativas del VI Congreso del PCC, que se espera que lo apruebe en abril de 2011, un año que se anuncia muy difícil para Cuba. Fuentes oficiales ya han advertido que para la isla el próximo ejercicio será "inevitablemente, el del socialismo sin igualitarismo; el del trabajo y el salario como fuente de vida; el de múltiples modalidades de empleo y el que busca  una sola moneda". En resumen, el del gran cambio.

 

La moderada apertura incluida en el documento de reformas que analiza el régimen propone, asimismo, el fin del paternalismo estatal, la flexibilización de algunos mercados, como el de la vivienda, y la eliminación de "subsidios excesivos", incluida la cartilla de abastecimiento, símbolo del igualitarismo de la revolución y que garantiza a los cubanos desde 1963 una cesta básica insuficiente, pero subsidiada.

 

También prevé un fuerte y doloroso recorte de las infladas plantillas del sector público. De hecho, en octubre La Habana decretó ya la eliminación de 500.000 puestos dentro de un plan que pretende recortar el empleo estatal en 1,8 millones de trabajadores en cinco años y su pase al sector privado. Para transferir esa mano de obra al tejido económico, al régimen no le ha quedado otra que impulsar el empleo por cuenta propia (pequeños negocios) y las cooperativas (medianas empresas). Hasta ahora, el número de cuentapropistas no llegaba a 145.000 y la actividad de este tipo, aunque permitida y/o tolerada, era mal vista. Ahora el propio Gobierno planea que 250.000 empleados públicos se incorporen al trabajo por cuenta propia en 2011.

 

Dentro de las reformas que Castro intenta introducir en 2011 están también la eliminación de prestaciones de la Seguridad Social y un adelgazamiento de la carga estatal en servicios sociales. En vivienda se aplicarán fórmulas flexibles para compra, venta y arriendo de inmuebles. Por otro lado, el régimen quiere ampliar "progresivamente" los impuestos, con mayores tasas a los ingresos más altos" e incrementar la participación y diversificación del capital extranjero. Se prevé la concesión de créditos a pequeñas empresas y a la población para compra de bienes y servicios y, por vez primera, la "liquidación" de empresas con pérdidas sostenidas y la rebaja al mínimo de las que operan sólo con presupuesto estatal.

 

En economía exterior, nada cambia: la opción es dar prioridad a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y aferrarse al apoyo petrolero del aliado chavista. Tras la caída de la URSS en 1991, Cuba carece de un vital apoyo petrolero que trató de suplir primero con México y ahora con Venezuela.

 

Ver las orejas al lobo

 

Lo cierto es que para llegar a la conclusión de que la isla necesita un cambio inmediato, el régimen ha tenido que verle las orejas a lobo. El propio Fidel, líder en la sombra desde que su enfermedad le hiciera pasar el relevo oficial a su hermano, sorprendió a todos al confesar hace unos meses, para luego desdecirse, que "el modelo cubano no funciona ni para nosotros mismos". Pero hace sólo unos días Raúl Castro transitaba por igual postulado. Tras apuntar que no queda otra alternativa que el cambio, que Cuba está al borde el precipicio y que o se rectifica pronto o el país se hundirá y con él el modelo revolucionario, admitió los "errores" cometidos en más de medio siglo de socialismo, entre ellos "el excesivo enfoque paternalista".

 

Ya nada más retirarse Fidel, Raúl Castro había admitido que los salarios en Cuba no daban para vivir (aún hoy el sueldo medio en Cuba, pese a haber crecido el 150% en cinco años, equivale a 24 dólares mensuales) y prometió cambios estructurales. Dos años más tarde, al ser elegido presidente, comenzó a dar pasos aperturistas, como la entrega en usufructo de tierras improductivas o el incremento al acceso a bienes de consumo. Pero estos pasos han venido siendo de tortuga e incluso hoy La Habana habla más de "desestatizar" una economía que controla en un 88% que de un giro decisivo hacia postulados de mercado. De hecho, la palabra de moda es "actualizar". "Actualizar" un modelo económico cuyo desfase e improductividad el régimen comienza a admitir a regañadientes.

 

Pero, de momento, la apertura se ha limitado a la adopción de medidas de pequeño calado que, aunque suponen un alivio para una población acuciada por la crisis, distan de conformar el plan de cambios profundos que la economía cubana precisa para salir del marasmo.

 

Tres pasos

 

La última medida que Castro se ha sacado de la chistera ha sido la eliminación del impuesto revolucionario del 10% que gravaba los envíos de remesas en dólares desde el exterior. Es una decisión que beneficiará a millones de cubanos con familia en EEUU, pero que también permitirá a régimen controlar la mayor parte de las divisas que entran al país en concepto de dinero enviado desde el extranjero, algo capital en unos momentos en los que la economía se desmorona. Compañías como Western Union han sido autorizadas a entregar pesos convertibles (CUC) a los cubanos a cambio de dólares mandados desde EEUU sin aplicar la quita que el régimen imponía y que comenzó a aplicarse a comienzos de la década, al agravarse el embargo. Se estima que el dinero procedente de los cubanos de fuera puede llegar a 1.000 millones de dólares/año, más que los ingresos por turismo o exportación.

 

 Es la escasez de divisas, que asfixia al régimen, la que ha forzado esta apertura, con la que trata de drenar la falta de liquidez. Hasta ahora, los cubanos recibían el dinero en dólares y tenían que cambiarlo en los bancos por CUC o pesos cubanos convertibles pagando el peaje. Teniendo en cuenta que el cambio oficial es de 0,90 pesos convertibles por dólar y el gravamen del 10%, por cada 100 dólares enviados desde EEUU, el receptor en Cuba recibía sólo 80 pesos, por lo que el 90% optaba por transferencias clandestinas, privando al régimen de unas divisas que le son más necesarias que nunca. Además, el acuerdo con EEUU sobre remesas satisface a  todos: La Habana recibirá los dólares al instante, sin esperar que los ciudadanos los cambien; Washington tendrá un mayor control del dinero que sale hacia la isla.

 

Ya el pasado septiembre, y dentro de esta política de pequeños avances, el Gobierno autorizó el empleo privado en 178 actividades y decidió permitir la contratación de asalariados en 83 de ellas, así como la posibilidad de arrendar viviendas por parte de particulares en pesos convertibles, dentro de lo que se denominó programa para ampliar el trabajo por cuenta propia, un plan con el que La Habana trata de abrir un hueco al que puedan trasladarse los trabajadores estatales que perderán su empleo en los próximos meses. Entre las actividades legalizadas sólo siete eran nuevas y el resto, oficios permitidos para el trabajo independiente o bien ejercidos en la práctica sin autorización estatal. Aunque estas actividades estarán sujetas a una tributación especial, el régimen analiza la posibilidad de conceder créditos para hacer viable la puesta en marcha de esos negocios.

 

También en septiembre, y siguiendo la pauta de eliminar el exceso de subsidios "indebidos", el régimen decidió reducir la libreta de racionamiento, por la que se entregan a precios simbólicos productos de primera necesidad (cuando los hay) a los 11,2 millones de habitantes. Una vuelta de tuerca más para la depauperada economía de los cubanos, a los que no llegaba ya con lo suministrado a precios subsidiados y se veían obligados a acudir a las tiendas de precios liberados, a las que venden en divisas o al mercado negro.

 

En la Cuba de hoy, como en la URSS previa a Gorbachov, los problemas se multiplican y el régimen ya no sabe a quién acusar. El país habrá crecido en 2010 el 2,1%, por encima del 1,9% previsto, pero las autoridades admiten que las cosas no funcionan. El ministro de Economía, Marino Murillo, culpó días atrás de la situación a los "incumplimientos" y la falta de eficiencia en los planes de inversión y producción, principalmente en el sector primario. Ante la Asamblea que analizaba el plan económico 2011 y el proyecto de reformas, habló de "improvisación", "falta de disciplina", "poco rigor" y "desorden en la gestión de presupuestos" y admitió que no se cumplirán las metas proyectadas para 2015 si no hay más eficiencia. Para muestra, un botón: Cuba, un país con gran peso agrícola, gastará 1.600 millones de dólares en 2011 en importar alimentos para satisfacer su demanda, en un momento en el que el déficit cerrará 2010 muy por encima de lo previsto (3,8% del PIB, frente al 0,8%). Para 2011, Cuba prevé un avance del PIB del 3,1%, pero hay que recordar que calcula su PIB con una fórmula diferente a los estándares internacionales.

 

Accesibilidad

 

Eliminar la doble moneda

 

El nuevo proyecto económico de Raúl Castro trata también de avanzar hacia la unificación monetaria. En Cuba circulan desde 2004 dos monedas: el peso cubano y peso convertible o CUC (que se cambia a 25 pesos cubanos y a 0,90 por dólar). Desde hace tiempo, expertos como el economista Pavel Vidal Alejandro vienen insistiendo en la necesidad de poner fin al rompecabezas monetario y financiero existente, un caos derivado tanto del hecho de que la economía cubana opere con dos monedas locales, ambas con problemas de convertibilidad y tipos de cambio múltiples y sobrevaluados, como de la crisis bancaria que la isla padece desde 2009.

 

Pero, aunque se trate de una situación insostenible, la solución no será fácil y los analistas juzgan que llevará varios años eliminar la doble moneda. Los economistas advierten que para poder eliminar la doble moneda, que crea costes y distorsiones, y superar los desequilibrios financieros, la política monetaria necesita devaluar las dos monedas internas.

 

Específicamente se precisa devaluar el CUC y dotarlo de convertibilidad, ya que sin una moneda convertible el sistema empresarial y bancario no puede integrarse a la economía mundial y se corre el riesgo de retroceder a la dolarización. Todo ello en un momento en el que los bancos cubanos están sumidos en una crisis de liquidez sistémica y sin apoyos: la isla no puede contar con un préstamo de última instancia del FMI, BM o BID, al no ser miembro de esos organismos. Además, el impacto de la crisis global en Venezuela ha hecho imposible un rescate financiero por parte de ese país, el gran aliado de Cuba.

 

Y tampoco China, Rusia o Brasil han dado préstamos para oxigenar el sistema financiero.