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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cambios en Cuba, ¿instrumentos para la inserción internacional?

 

Las limitadas transformaciones en la sociedad cubana deberían apreciarse como una oportunidad para favorecer otras dinámicas internas.

 

Pedro Campos, La Habana, en Diario de Cuba

 

Como es sabido, parto de las posiciones del socialismo democrático que, como muchos hemos explicado reiteradamente, considera que sin democratización de la vida política y sin socialización de la economía, no hay socialismo posible y cuyo conjunto de concepciones  nada tiene que ver con el estalinismo, el "marxismo-leninismo" y el llamado socialismo de Estado.

 

Respecto a cambios en Cuba podemos hablar de enunciados y realidades que no parecen coincidir. Enunciados que, de llevarse a la práctica en forma consecuente e integral, sin las limitaciones estado-céntricas de origen y sin las muchas restricciones y regulaciones existentes, podrían conducir a importantes transformaciones socioeconómicas.

 

Por otra parte las transformaciones contempladas en la llamada "actualización del modelo económico" no se relacionan con  lo que pudiéramos llamar el necesario proceso de democratización que pueda conducir a modificaciones trascendentes en el sistema político.

 

En este sentido, la formulación de mayor significado se refiere a la declaración de Raúl Castro de que se retiraría al final de este mandato, sin precisar si habría cambios en el sistema político y electoral.

 

No obstante, a tenor de la llamada "actualización" y desde la llegada del hermano de Fidel Castro a la máxima jefatura del Gobierno-Partido-Estado, se han eliminado o modificado varias absurdas prohibiciones y regulaciones que procuran ventajas para la economía gubernamental, como la telefonía celular, acceso a cubanos a instalaciones turísticas, nueva leyes migratorias, reparticiones de tierras y aperturas limitadas al cuentapropismo y al cooperativismo y otros.

 

Pero estas "reformas" también han aflojado algunas cuerdas de lo que llamamos el bloqueo interno y han hecho más llevadera la vida a quienes perciben ingresos superiores a los que pueden alcanzar normalmente los asalariados del Estado.

 

Y desde luego,  tales "cambios" también han tenido entre sus propósito proyectar una imagen internacional de apertura que facilite una mejor inserción de la economía estatal cubana en el escenario internacional, dirigida particularmente a tratar de modificar  la  llamada "posición común" europea y el embargo-bloqueo de EEUU, con el subsecuente acceso al capital internacional.

 

No es ningún secreto que la economía estatal sigue atravesando tiempos difíciles, agravados desde la caída de la URSS y el "campo socialista", a pesar de la mejoría que pueda representar el petróleo de Venezuela y la venta al exterior de servicios médicos y profesionales que nunca podrían compensar aquella ayuda.

 

Y es que por mucha "ayuda" externa, el modelo de "socialismo de Estado", encubridor de una especie de capitalismo monopolista de Estado, ha demostrado ser inviable, económica y socialmente  por su incapacidad para estimular a los trabajadores y a la producción, por su burocracia excesiva depredadora del presupuesto, por su desenganche de las leyes económicas y del mercado  y por otro sin número de razones conocidas.

 

En el Gobierno, donde consideran accesoria la economía no-estatal a la que se han abierto espacios limitados, no pocos apuestan a que importantes inyecciones de capital extranjero pueden salvar el modelo estatal asalariado. Sin embargo la nueva ley de inversiones y las nuevas leyes laborales, no parecen satisfacer las garantías que precisa el capital extranjero para sus inversiones, ni tampoco para la contratación directa de la mano de obra, por la presencia de un Estado intermediario que al apropiarse de parte de salario de los trabajadores limita su efectividad.

 

En mi apreciación, entre los fines y medios de la denominada "actualización" existe bastante  incoherencia determinada por la permanencia de enfoques tradicionales que caracterizaron el "socialismo" fracasado, por la persistencia de la vieja "mentalidad" en todos los estratos de la burocracia y especialmente en el aparato político del partido, donde temen que eventuales cambios en el control estatal sobre todas las palancas de la economía y la política puedan conllevar la pérdida del poder que han detentado hasta ahora.

 

Y ese temor se sustenta en la lógica de las acciones violentas realizadas durante muchos años por una parte de la oposición, en la amenaza y el uso de la fuerza por parte de anteriores gobiernos de EEUU y en la persistente política de embargo que de hecho implica una forma de violencia en las relaciones internacionales. Estrategia fracasada y contraproducente, apoyada todavía por un ala de la oposición interna y externa.

 

Y se sabe que la violencia engendra violencia y que el ciclo de violencia del que todavía somos víctimas los cubanos tiene sus orígenes en el sistema colonial español, en las luchas intestinas por el poder y contra la intervención extranjera en los primeros 70 años del siglo pasado. No deberíamos hacer nada que lo prolongue.

 

La visión de "ciudadela sitiada" no puede cambiarse con más amenazas, presiones ni mucho menos con violencia. Y desde luego no estoy justificando el uso de la violencia por parte del Gobierno por la existencia de esa otra, pues toda violencia, venga de donde venga y en la forma en que se ejerza, siempre es condenable.

 

No obstante todas esas circunstancias, existen varios enunciados en la "actualización",  como las aperturas al cuentapropismo, al cooperativismo y a la inversión extranjera, nuevas modificaciones a las leyes migratorias, eliminación de la doble moneda, autonomías empresariales, eliminación del papel de empresario del Estado, modificaciones a la Constitución  y otras que, desprovistas de los viejos enfoques y limitaciones, apuntarían a cambios que pueden llegar a ser significativos.

 

Esto no debería ser desaprovechado por los interesados de cualquier escenario en que se realicen verdaderas transformaciones hacia la democratización de la política y la economía del país.

 

Las tradicionales políticas de aislamiento, presiones internacionales y el lenguaje agresivo e insultante solo pueden servir para fortalecer las posiciones de los opuestos a que los enunciados "reformistas" de la "actualización" se traduzcan en leyes y acciones efectivas que puedan conducir a ese necesario proceso de democratización de la vida política y económica del país que, guste o disguste, para ser viable, debe contar con el aval de fuerzas dentro del Gobierno.

 

De manera que las limitadas transformaciones que están teniendo lugar en la sociedad cubana, al socaire de la "actualización", si se consideraran más allá de una "maniobra" gubernamental para mejorar su imagen internacional y se apreciaran como una oportunidad para favorecer otras dinámicas internas en la situación económica-social y política del país, pudieran y debieran ser jaleadas desde la misma oposición tradicional, desde toda la sociedad civil cubana y la comunidad internacional.

 

Lo que cada cual puede o debe hacer, desde su posición, es cosa que debe definir cada uno de acuerdo con su conciencia, sus capacidades y posibilidades. Pero cualquier enfoque general,  que para ser efectivo debe ser consecuentemente democrático y pacífico, debería contemplar  el acercamiento, el diálogo y la cooperación, así como la eliminación de la retórica agresiva y amenazante y de las presiones económicas y políticas  internacionales.

 

Cuba debe abrirse al mundo y el mundo a Cuba, dijo Juan Pablo II. El no dijo que Cuba debería esperar a que se abriera  el mundo, ni que este debería esperar a que se abriera Cuba. Pidió apertura de ambos lados. Cada cual haga su parte.

 

Este texto fue la base para la presentación del autor en la Conferencia Internacional  "Caminos para la democracia en Cuba", organizada por la Fundación Konrad  Adenauer en México, los días 3 y 4 de diciembre de 2014.