Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cambiando a ritmo de bolero

 

Miriam Celaya, Sin Evasión

 

Conste que yo soy de quienes miran con buenos ojos los cambios en Cuba. Pienso, incluso, que algunas cosillas ya están comenzando a cambiar. Ahora bien, lo que no acaba de convencerme es el ritmo, porque si bien en una situación socioeconómica tan frágil como la nuestra y en ausencia de una sociedad civil articulada y consolidada no es conveniente precipitarse con soluciones inmediatas, tampoco es sano mantener este paso lento, como si fuésemos a vivir tanto como los galápagos. La timidez de las medidas gubernamentales que se vienen produciendo delatan el temor del gobierno de que las cosas se le vayan de control; la implementación de las medidas (reformas, ajustes o como quiera que se les quiera decir) apuntan, por su parte, la necesidad ineludible de buscar una salida al estancamiento y al estado crítico de la economía cubana.

 

Lo más probable es que el gobierno pretende poder mostrar algunos logros en su Congreso de abril próximo y, en consecuencia, cabría esperar algún impulso “aperturista” en la economía de timbiriche, entre otras. Es notable cómo ya muchos cubanos están rompiendo el hielo y se han lanzado a la aventura de solicitar licencias. Destacan las que se dedican a la venta de alimentos (las cafeterías y restaurantes popularmente llamados “paladares”, éstos últimos con capacidad máxima de 20 sillas), y también algunos arrendatarios que han legalizado sus cuartos de alquiler, fundamentalmente para hospedaje de extranjeros en CUC. Está claro que la gente necesita sobrevivir y no pocos consideran que abriendo desde este inicio se aseguran un buen puesto en la competencia que esperan vendrá más temprano que tarde.

 

El cuadro es interesante, tanto más porque –como se ve en esta primera fase– hay una evidente primacía del mercado de los servicios sobre el de la producción de bienes, y también porque en una economía tan deprimida la recuperación de lo invertido se torna más lenta y dificultosa, mientras simultáneamente se están eliminando “subsidios” y se liberan y encarecen algunos productos, lo que afecta a toda la población en su conjunto y deprime el poder adquisitivo de aquellos a los que se dirigen esos servicios… Al menos en teoría. No hay que olvidar tampoco la cantidad de despidos que habrán de producirse en los próximos meses, fuente segura de tensión social. Habrá que seguir de cerca este proceso de experimentos, teniendo en cuenta que –como ha planteado el colega Dimas Castellanos en su polémico blog– el ritmo y la profundidad de los cambios, a falta de otros actores de fuerza, los determina el propio gobierno que nos llevó al colapso. Y ese ritmo hasta ahora es de bolero.

 

Tomando solo algunos ejemplos generales, vemos en panorámica que:

 

- Debieron transcurrir dos años para que el General se diera cuenta de que era factible y hasta necesario extender la cantidad de tierras entregadas en usufructo a los campesinos que las hacen producir.

 

- Debieron transcurrir 34 años desde el establecimiento de la última División Político-Administrativa y de los órganos del Poder Popular para descubrir el monstruoso burocratismo que se deriva del sistema y proponer – también experimentalmente– la división de una provincia en dos, que comenzaron el año 2011 con un nuevo estilo (más racional, dicen) de administración y una plantilla mínima en la estructura de sus gobiernos.

 

- Debieron transcurrir 50 años para que se revelara una novedad: la cartilla de racionamiento, lejos de ser un logro, constituye un lastre anacrónico y obsoleto que produce un gravamen incalculable sobre el Estado… y hay que eliminarla.

 

- Debieron transcurrir más de 50 años para que el gobierno comprendiera que el modelo cubano no nos funciona ni siquiera a nosotros mismos y se propusiera transformarlo, aunque, para evitar semejante confesión pública, denominen el proceso como “renovación del modelo”. Ahora están inventando un capitalismo primitivo de castas, sin clase media.

 

Teniendo en cuenta que cada pequeño experimento local que está implementando Raúl Castro implica al menos dos años de espera de sus resultados para avanzar al siguiente pasito que coinduce nadie sabe exactamente hacia dónde, habrá que tener más paciencia que un monje budista para llegar a disfrutar de los anunciados beneficios. A no ser que, de alguna manera mágica, los cubanos vayamos ganando espacios cívicos que transformen los esclavos en ciudadanos (como le gusta decir a un amigo lector) y logremos imponer por nosotros mismos el ritmo y la profundidad de los cambios que queremos.