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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Cómo se viven las elecciones en Cuba?

 

"El Parlamento cubano es famoso por reunirse un par de veces al año, legislar poco, y dedicarse a aprobar por unanimidad los Decretos y Resoluciones que emanan de los Consejo de Estado y de Ministros".

 

Alejandro Rodríguez, Especial para BBC Mundo

 

En Cuba no hay muchas diferencias entre un año de elecciones y otro cualquiera. Ahora se vive el proceso de nominación de candidatos a delegados (comentado por Yuris Nórido en la entrada anterior), pero lo que se conoce como "ambiente electoral" apenas se ajusta al molde de un antiguo protocolo, carente de sorpresas y emoción.

 

Algunos dirán que se debe a que en realidad los cubanos no tenemos elecciones (no votamos directamente para elegir al Presidente del país), pero sí las tenemos… con Ley Electoral y todo.

 

Sin embargo el proceso nunca deriva en cambios trascendentales, pues muy poco logra el empuje ciudadano o el de los poderes locales: todo queda a la espera de una orientación superior. El exceso de centralismo es un problema reconocido por el gobierno, pero carece de agenda concreta para su solución.

 

Meses atrás -y respaldando un discurso del Presidente Raúl Castro- la prensa oficial desarrolló una intensa campaña contra las indisciplinas sociales, culpando al ciudadano común y tratando el asunto a la ligera, insensible ante a las causas subyacentes.

 

"Si el gobierno pudiera disolver al pueblo y elegir un pueblo nuevo, lo haría", me comentó alguien en la calle.

 

El Parlamento cubano (Asamblea Nacional del Poder Popular) es famoso por reunirse un par de veces al año, legislar poco, y dedicarse a aprobar por unanimidad los Decretos y Resoluciones que emanan de los Consejo de Estado y de Ministros. Luego la falta de entusiasmo ciudadano ante sus derechos electorales es bastante natural.

 

Otros pensarán que esa es solo mi opinión. Argumentarán que más del 95 % de los cubanos acuden a las urnas cuando son convocados -aunque el voto es voluntario- y contrastarán el hecho con el creciente abstencionismo en las sociedades capitalistas.

 

Y es cierto el dato, pero no significa que el 95 % de los ciudadanos estén conformes con el sistema electoral, o se sientan protagonistas de los destinos del país. El principio de voluntariedad en Cuba tiene matices muy propios, acaso con más arraigo en la conducta autómata que en la participación responsable.

 

La Ley obliga a que todos los representantes rindan cuentas periódicas ante sus electores, pero la condición aplica solo para representantes locales, pues los altos funcionarios no suelen pararse en el vecindario que los nominó a dar explicaciones sobre lo que hacen o dejan de hacer.

 

Por otra parte, un delegado de circunscripción es considerado exitoso si logra que en la panadería del barrio se robe menos y se fabrique el pan con el gramaje normado. Pero cada vez a menos gente le interesa el pan de la canasta básica.

 

Los cambios en la economía propiciaron que muchas familias ahora prefieran dedicarse a conseguir dinero para pagar un pan de calidad -en tiendas no racionadas o de productores privados- antes que a nominar a los vecinos más capaces para encarar el asunto.

 

Otras familias no pueden hacerlo, pero igual se resignan: saben que el delegado, con suerte, gestionará la calidad del pan, pero solo durante un tiempo, pues los problemas del barrio regresan pronto a su estado original.

 

Los cambios en la economía propiciaron que muchas familias ahora prefieran dedicarse a conseguir dinero para pagar un pan de calidad (...) antes que a nominar a los vecinos más capaces para encarar el asunto".

 

Entre los cubanos predomina el criterio de que el Partido Comunista de Cuba (PCC) es quien manda, al asumir funciones que corresponderían a las Asambleas.

 

Como ejercicio de confirmación pregunté a varios ciudadanos dónde quedaba el edificio sede del gobierno de la ciudad (Asamblea Municipal), y luego dónde quedaba la sede provincial del Partido Comunista. Casi todos sabían la respuesta a la segunda pregunta, pero solo algunos pudieron responder la primera.

 

El resultado fue similar cuando pedí los nombres del Presidente del gobierno y del Secretario del Comité Provincial del Partido.

 

Otras razones revelan lo mismo: cuando los disidentes pintan carteles "antigubernamentales", no refieren en ellos a jefes de gobiernos locales, sino a los dirigentes del Partido; y cuando la gente quiere protestar con fuerza por algo, no remite sus quejas al gobierno, sino al Partido y sus medios de prensa.

 

Aunque la organización política de marras no selecciona ni decide quiénes integrarán el gobierno, su impronta en los destinos del país (y en los de cada centímetro del espacio nacional) es absoluta e indiscutible.

 

Sus miembros y dirigentes no son seleccionados por los ciudadanos.

 

Alejandro Rodríguez es un joven cubano emprendedor, que dejó el periodismo para dedicarse a su negocio privado. Vive en Camagüey, una provincial en el centro de la isla.