Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Brasil y Cuba: turbias maniobras

 

El acceso a la salud debería ser nuestro primer derecho. Pero no a costa de que un país vacíe sus propios hospitales y trafique con médicos

 

Alina Fernández Revuelta, Diario Las Américas

 

Cuba y Brasil reanudaron relaciones diplomáticas en 1986, poniendo fin a más de 20 años de desamor. En ese intervalo tuvo una vida muy activa en la isla José Dirceu. Allí se entrenó como guerrillero, con nombre falso, cirugía facial y toda la parafernalia de la contrainteligencia, quien llegaría a ser el jefe del gabinete del presidente de Brasil, Jose Inázio Lula da Silva. Dirceu ya no pertenece al gobierno. Ahora está radicado en el Complejo Penitenciario de Papuda, en calidad de reo. Pero en su momento puso en evidencia la marcada tendencia procastrista del país. Una fuerte tradición que se mantiene a través de la presidenta Dilma Rousseff.

 

Precisamente, la semana pasada estaba Rousseff en Cuba criticando al monstruo imperialista y justamente hoy se le destapa un asuntico bastante feo. Resulta que la presidenta le compra médicos a una entelequia con el nombre impreciso y siniestro de “Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos S.A.”, que se anuncia como “entidad especializada en la prestación de servicios de salud de alto nivel, como parte de las entidades competitivas a nivel regional”. No sé cuáles serán las entidades competitivas a nivel regional, pero desde luego ninguna podrá competir con Cuba, que en los 80 empezó a graduar médicos a granel con un doble propósito: económico y político.

 

La salud debería ser el único lujo que todos compartamos y tiene que ser muy popular el programa Más Médicos que implementa Rousseff en Brasil, así como lo es Barrio Adentro en Venezuela. ¡Y qué bendecidos son los Castro en los lugares más remotos del planeta, gracias a los médicos cubanos que envían!

 

En 1998 pude viajar a un sitio exótico y sumamente lejano. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que el médico de allí era ¡un cubano! Vivía en una cabaña donde pastaban los ciempiés más grandes que he visto en mi vida. El doctor ganaba $100 mensuales, y el gobierno de las Islas Seychelles pagaba por él $1.500 a La Habana. Sus hijos y esposa permanecían como rehenes en la isla.

 

La situación de la doctora Ramona Matos Rodríguez no es muy diferente a la de aquel galeno enjuto y sacrificado. Le pagan algo más, pero parte de los ingresos se quedan en un banco en Cuba y la doctora podrá cobrarlo solo si se porta bien y regresa ordenadamente. Una empresa cubana que ni conoce negoció por ella y así recibe menos del 10 % del valor de su trabajo. Pero eso no es todo: la doctora tiene miedo. En Cuba están su hija y su nieta y ella, que está en un limbo legal en Brasil, podría ir a la cárcel si es repatriada.

 

No hay nada solidario ni cristiano en la proclamada Potencia Médica Cubana.

 

Haciendo memoria: En 1977 ingresaron a la Facultad de Ciencias Médicas de la Habana unos 500 alumnos, de los que algo más de 300 pasaron al segundo año. Dos años después comenzó la “masificación” de la carrera y los activistas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) lograron reunir una matrícula de 3.000 estudiantes.

 

Siendo una profesión tan visceral, hubo una verdadera movilización a nivel de la organización comunista para convencer a sus afiliados a “coger” la carrera de Medicina, para la cual no tenían vocación alguna. Pero el afán de llevar médicos al fin del mundo hizo que el régimen llegara a graduar a miles de profesionales en los llamados “contingentes”, que era como estudiar la carrera pero encapsulada y en tiempo récord.

 

Las estadísticas cubanas son lo que son, pero de acuerdo con la prensa oficial -el diario Granma y otras de esas indecencias propagandísticas- solamente en 2012 se graduaron 11.000 médicos, de ellos 5.315 cubanos. Cálculos muy conservadores llevarían la cifra a más 180.000 médicos por los que el Gobierno cubano ha cobrado millones de dólares.

 

Ahora, políticamente hablando, un médico es más poderoso que un arma. Que un arma cualquiera. Mande usted un médico a un barrio deprimido, a un poblado remoto, a un enclave guerrillero, y será usted un Dios. A ninguno de los beneficiados le interesara oir que su país le roba su salario y “sólo le da $100”, porque desgraciadamente hay gente en este mundo que nunca ha visto esa cantidad junta y a quienes mucho menos le han puesto un estetoscopio en el pecho.

 

A uno, sin embargo, le duele lo que le toca. Y personalmente me duele pensar en la doctora Ramona Matos, quien descubrió el engaño, tuvo el valor de enfrentarlo y está ahora en peligro por obra y gracia de la estrategia política -de largo alcance- de Fidel Castro.

 

El acceso a la salud debería ser nuestro primer derecho. Pero no a costa de que un país vacíe sus propios hospitales y trafique con médicos, estomatólogos, técnicos y otros profesionales como otros trafican con plátanos, armas y drogas.