Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Atrapados sin salida: Cientos de médicos cubanos

en agónica espera en Colombia

 

José Alberto Gutiérrez, en CaféFuerte

 

Cuando finalmente el autobús arribó a Bogotá, Iraida sintió que soltaba el pesado lastre de una agonía que cargó durante más de mil interminables quilómetros. Una distancia que la odontóloga cubana, de 25 años, recorrió sola, sorteando los escollos antifuga del sistema cubano-bolivariano y las vicisitudes de la entrada ilegal a Colombia.

 

Culminaba en Bogotá la arriesgada travesía de cuatro estados del occidente venezolano, un oculto cruce fronterizo y el desconocido paso por cinco departamentos colombianos. Lejos estaba de sospechar que se iniciaba en tierras bogotanas la más larga y angustiante espera desde que abandonó el puesto médico asignado en la misión Barrio Adentro.

 

Pasados 130 días de ese arribo, Iraida sigue a la espera de un correo electrónico con el permiso del Departamento de Estado para ingresar a Estados Unidos. Un sueño largamente planificado desde que optó por inscribirse a la misión médica en Venezuela.

 

Pero mientras no llega la visa del Programa para Profesionales Médicos Cubanos (CMPP, por sus siglas en inglés), ella y otros cientos de profesionales cubanos de la salud -en su mayoría desertores de la misión en Venezuela- viven un calvario para subsistir en la fría Bogotá. La cifra es un estimado de los profesionales cubanos y se ha llegado a mencionar asciende a 1,500, aunque no se tiene un dato oficial,

 

“Aquí en el barrio, conozco a más de 30 médicos, pero sé que somos más de cien los que estamos esperando visa. Especialistas, odontólogos, anestesistas, enfermeros, laboratoristas, rehabilitadores, algunos en pareja, otros solteros, gente con dos o tres hijos en Cuba, hay de todo”, cuenta Iraida.

 

Barrio Adentro en Ciudad Kennedy

 

Iraida e Yamilet, otra médica cubana en situación similar, comparten un cuarto de un departamento en la populosa localidad de Kennedy, región sur de la ciudad. “En este barrio los alquileres son más baratos que en la región norte”, explica.

 

Cada una paga lo equivalente a 100 dólares por la habitación con una sola cama, y pueden usar la cocina y demás dependencias del inmueble habitado por los propietarios, una pareja de jubilados. Compran lo esencial para cocinar en casa y economizar al máximo.

 

“Este es un país muy caro para nosotros, hacemos una compra de aproximadamente 70,000 pesos [unos 30 dólares] para comer lo básico: arroz, frijoles, ensalada y una proteína; nada de chucherías”, cuenta la odontóloga. En su caso se suma un agravante: un asma crónica le exige comprar constantemente aerosoles.

 

Colombia les concede un permiso provisional de residencia, pero no les emite cédula de identidad, ni les permite trabajar, por lo que, para sobrevivir, realizan actividades informales de manicure, mesera, peluquera, limpiando casas o fregando en restaurantes; en el caso de los hombres, algunos también se emplean lavando coches.

 

Por ese tipo de faenas no pagan mucho más de 15,000 pesos al día, lo equivalente a 628 dólares. Por eso, la ayuda que reciben de familiares en Estados Unidos e incluso desde Cuba es el salvavidas en muchos de los casos.

 

Fuga precoz

 

La joven odontóloga no llegó a ejercer en Venezuela. Cinco noches en la casa de estancia fue todo lo que duró para ella la misión bolivariana. Desde los primeros momentos se sintió maltratada por los jefes.

 

“Me vigilaban a cada paso, si usaba la computadora, si chateaba, si hablaba por teléfono, todo lo observaban, mis pertenencias, todo”, cuenta. Tampoco podía salir del recinto que compartía con un “amenazado”, como se identifica a quienes reciben amenazas de muerte de un venezolano y esperan reubicación en un lugar lejano al conflicto.

 

Al segundo día, un desconocido llegó a la casa y le exigió el pasaporte. Iraida no aceptó con el argumento de que si sucedía alguna revuelta en el país se encontraría indocumentada. El desconocido alegó que usase el carnet de identidad cubano y ella rotundamente se negó. A partir de entonces, por supuesto que la vigilancia aumentó.  Tampoco le daban desayuno, solo dos comidas al día.

 

“Cuando protesté me dijeron que tenía que ser fuerte y aguantar, porque nadie me había obligado a ir a la misión. Les pedía que me dejaran salir a comer algo y me decían que los nuevos ingresos no salían, porque eran posibles desertores”, relata.

 

Para colmo, en Ospino, el pueblo donde la ubicaron, los sillones dentales estaban desactivados y tomaría un mes reinstalarlos en nuevo local, después de ser desalojados del que ocupaban por falta de pago.

 

El día que logró salir de la residencia, echó en un maletín lo esencial para el viaje y una de las cajas de condones que había traído de Cuba. Una de las vías que usa el personal de la misión cubana para financiarse es la venta de productos valorizados en Venezuela y que logran conseguirse en Cuba. En el caso de que la pararan, diría que iba a venderlos porque estaba sin dinero. Nadie extrañaría la visita al comprador de condones cubanos.

 

Sus recursos se reducían a los ahorros traídos de Cuba para la fuga. Durante el periplo de cinco días hasta Bogotá, tuvo que dormir en hoteles, tomar taxis, mototaxis, autobuses y pagar sobornos. Ya en Colombia, en el trayecto entre la ciudad fronteriza de Cúcuta y la capital, la policía detuvo el autobús. Para dejarla seguir camino y bajo amenazas de deportación, la obligaron a desembolsar 500 de los 600 dólares que cargaba.

 

“Después del susto, pasé las 14 horas del viaje sin dormir y sin bajarme en las paradas para comer, solo bebía agua para no deshidratarme. A cada parada, me trancaba en el baño, de miedo”, recuerda Iraida.

 

El río suena

 

Mientras se las ven apretado para mantenerse en la capital colombiana, a los desertores les preocupa la demora actual en recibir las visas del CMPP. Según relatos de los médicos, las visas que antes demoraban entre 30 y 60 días, ahora no llegan con menos de 120. Los últimos beneficiados por el CMPP habían presentado la solicitud hacía más de 130 días, y son crecientes los rumores de que el programa especial para desertores va a cerrar, conforme escucharon de boca de los propios agentes de inmigración colombianos.

 

La Embajada de Estados Unidos en Bogotá notifica, ante los reclamos de demora, que los procesos toman alrededor de 90 días para ser solucionados, y confirma que “experimenta en estos momentos un retraso” en el procesamiento de las solicitudes. Pero lo cierto es que un trámite expedito desde que el programa fue establecido en el 2006, se ha convertido en un proceso engorroso. Apenas llegan los visados a cuentagotas y pasan días sin que se escuche una buena noticia.

 

“Ahora están denegando más visas de las que aprueban, incluso a profesionales con 20 años de trabajo comprobado. Es una situación muy agobiante, nadie nos da una respuesta. A esta altura, mi mayor temor es que no me den la visa, no sabría qué hacer”, confiesa Iraida.

 

Es conocido el caso de otra doctora cubana que escapó de Barrio Adentro embarazada de un venezolano. El niño nació en Colombia, pero el país sólo reconoce como naturales a hijos de extranjeros debidamente domiciliados, que no es el caso de los cubanos que cruzaron por la frontera. Estados Unidos le negó la visa a la doctora y cuando esto sucede, Colombia establece un plazo para abandonar el país, pero su bebé no tiene nacionalidad, ni documentos para viajar.

 

Visas confirmadas

 

A este caso se suma el de los odontólogos Raquel Lobato, Martha Martín y Oddy Ginarte, a quienes les cancelaron sus respectivas visas concedidas por el CMPP, cuando intentaban viajar a Estados Unidos desde Colombia en fecha reciente. La congresista Ileana Ros-Lehtinen tomó cartas en el asunto y solicitó información a la Embajada de Estados Unidos en Colombia por esta inesperada cancelación de sus visas.

 

Los tres dentistas tienen ya sus visados en regla y viajarán a Miami en los próximos días.

 

Pero la incertidumbre permanece en medio de versiones de que la Casa Blanca tiene bajo revisión el CMPP como parte de la nueva política del presidente Barack Obama para Cuba.  Durante las negociaciones bilaterales iniciadas el pasado enero, la representación cubana ha planteado que el programa es un obstáculo para normalizar las relaciones entre ambos países y no se descarta que podría ser eliminado como parte de la nueva era entre Washington y La Habana.

 

La organización Solidaridad Sin Fronteras, con sede en Miami, ha lanzado un alerta a las autoridades estadounidenses y a la comunidad internacional sobre “la grave situación que enfrentan los profesionales de salud cubanos, que habiendo solicitando el CMPP se encuentran varados en un limbo migratorio en terceros países”. La agrupación afirma temer por la integridad física y moral de los profesionales a la espera de viajar a Estados Unidos.

 

Pero las autoridades estadounidenses no ofrecen respuestas concretas a las interrogantes de este destacamento de profesionales de la salud estancados en Colombia, y todo parece indicar que el CMPP -una iniciativa que ha beneificiado a más de nueve mil médicos  y sus familias- tiene sus días contados.

 

*Iraida y Yamilet son nombres ficticios, pues las doctoras no quisieron revelar su verdadera identidad por temor a represalias.