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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Asuntos pendientes

 

Un proceso de descentralización, que se ampare en el derecho verdadero, no tiene por qué sentirse inhibido o afectado por interferencias autoritarias de tipo partidista

 

Eugenio R. Balari, Mérida, en Cubaencuentro

 

Asuntos pendientes respecto a Cuba y la situación por la que atraviesa pueden haber muchos, sin embargo, como comúnmente hacemos en la vida cotidiana, hay algunos que por diversas razones y circunstancias se priorizan sobre otros.

 

Esa, más que una impresión que se obtiene desde el exterior, es algo prácticamente tangible que se aprecia sobre lo que sucede en la Isla.

 

Son demasiados, bien complejos y posiblemente abrumadores, los sensibles problemas económicos, políticos, sociales, jurídicos o de otro carácter que se acumulan y a los que ahora los gobernantes de Cuba se ven emplazados a dar respuesta y además, con una fuerte exigencia y presión popular sobre sus hombros.

 

Por otra parte, los cambios o llamados ajustes del sistema cubano comienzan a producirse en una época de crisis de la economía internacional y de inquietantes percepciones políticas sobre las posibilidades de solución y permanencia del sistema de producción y consumo que se encuentra vigente.

 

O lo que es igual, en momentos de una gran inestabilidad económica/financiera mundial, de indignación ciudadana, cuyos efectos en no pocas latitudes se derivan hacia el ámbito de las políticas domésticas e internacionales.

 

Las autoridades de la Isla, en su empeño por tratar de garantizar el éxito del proceso de limitada desestatización que recién han iniciado, hablan de cambiar de mentalidad, responsabilizan a la arraigada burocracia de pretender frenar los cambios, critican y sancionan los hechos y las manifestaciones de corrupción que con frecuencia afloran entre funcionarios y el propio tejido social, y mueven a cuadros y funcionarios dirigentes del aparato del estado y su sistema empresarial, etcétera.

 

A su vez se encuentran simplificando las estructuras administrativas del gobierno, tratando de adaptarlas y de ponerlas a tono con el cierto proceso de descentralización que efectúan en el sector de la economía del país.

 

Se pueden apuntar muchos otros peliagudos aspectos y problemas sensibles que se deben solucionar, pero ello por el momento no es la intención de este trabajo.

 

Sobre lo que acontece en la Isla han vertido muchas opiniones analistas de adentro y fuera del país. Unos dicen que las decisiones que han sido tomadas no sacarán a flote la economía, porque parten del criterio que las estructuras socialistas que se divorcian del mercado no son lo suficientemente eficaces para ello.

 

Otros señalan que los acuerdos adoptados son limitados e incompletos. También están los que piensan que por la manera en que se han orientado las medidas, fueron diseñadas para que la dirigencia histórica culmine perpetuándose en el poder hasta sus últimos días.

 

No faltan tampoco los que consideran que todo se ha hecho para ganar tiempo y capear la crisis existente, porque la atmósfera político-social existente ya era asfixiante.

 

Otros insisten en que el ritmo con que se acometen las medidas es demasiado lento y que varias de las expectativas que se crearon han resultado una frustración a la hora de la implementación de las leyes.

 

Ello me lleva a señalar que hay que tener mucha atención con las leyes que surjan, porque estas tienen la posibilidad de frenar o asfixiar el proceso de aperturas y cierta desestatización que se ha puesto en marcha.

 

A los que alertan contra la burocracia, les recordamos que también ésta se manifiesta con vigor en el sector jurídico y que a éste le han dejado en sus manos la sutil y especializada posibilidad de revertir con sus normas y restricciones el actual proceso, lanzando por la borda muchos de los anhelados deseos y grandes expectativas que surgieron entre la población.

 

Finalmente, no faltan los que señalan la ausencia de integralidad entre los aspectos políticos, económicos u otros asuntos de interés social que no han sido previstos hasta el momento.

 

Los diferentes criterios apuntan hacia el cuestionamiento de los recientes acuerdos del sexto Congreso del PCC y dejan entrever o señalan la inconformidad o el pesimismo de muchos analistas y ciudadanos hacia las llamadas medidas de ajustes económicas que fueron establecidas en dicho evento.

 

Según lo anunciado por las autoridades de Cuba, en el próximo mes de enero se efectuará una conferencia nacional del PCC, y todo hace pensar que en lo fundamental se abordaran cuestiones de naturaleza política y jurídica.

 

En lo que respecta a las de índole política, las informaciones adelantadas desde la Habana indican que se concentrarán en tratar de solucionar el viejo y nunca resuelto asunto de las relaciones de orientación y mando entre el partido y el Estado.

 

Lo que ellos identifican como un problema de métodos y estilo de trabajo del partido.

 

Esa es una situación contradictoria, que tiene sabor a más de medio siglo y que les viene como herencia del colapsado socialismo europeo. Tampoco será la primera vez que la analizan y discuten, volverán a llover sobre mojado, pero de esa manera se manifiestan los dogmas y ciertos criterios estereotipados y fanatizados en política.

 

Un proceso de descentralización que se ampare en el derecho verdadero, no tiene por qué sentirse inhibido o afectado por interferencias autoritarias de tipo partidista.

 

No está de más que lo vuelvan a analizar y discutan, sobre todo si sienten temor por el proceso de reformas limitadas que desarrollan, pero no tendría peso ni justificación alguna que lo quieran convertir en la piedra angular del debate de dicho evento.

 

Los participantes en la conferencia nacional del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse en enero de 2012, serían muy obtusos en política si dejan escapar la ocasión para abordar y contribuir a la solución del sensible y tan esperado tema de la emigración cubana.

 

En el orden doméstico, la cuestión migratoria es el más importante asunto político que se encuentra pendiente de resolver; las autoridades cubanas y el partido tienen la urgente obligación de proyectar y abonar un camino de equidad y armonía, de respeto y reconsideraciones hacia los plenos derechos de todos los cubanos y especialmente a los de la diáspora.

 

Obviar, subestimar o dejar de reconocer tan sensible y a su vez significativo asunto dentro de la problemática del país, sería una gran falta de visión y craso error o disparate político.

 

Quedaría pendiente el asunto para no se sabe cuándo y desaprovecharían el analizarlo en su reunión partidista; ello sería continuar dilatando una cuestión política muy sensible y lacerante que ha tenido que enfrentar a la familia cubana y que vulnera derechos humanos.

 

Es imposible desconocer que la cuestión de la emigración y la diáspora cubana es un fenómeno de gran envergadura, un asunto por demás influyente, que puede ser políticamente corrosivo o no, en correspondencia con la posición que se asuma ante el mismo.

 

El tema de los emigrados, cualquiera sea la naturaleza de su origen, tiene muchas aristas a destacar; ante todo como hemos dicho la de su significación humana y familiar, porque es necesario hacer todo lo posible por mantener la cohesión de las familias y el respeto y afecto entre las mismas.

 

No olvidemos que la familia es la célula básica fundamental en cualquier sociedad.

 

Rectificar políticas o errores cometidos, no debilita ni vulnera a nadie, por el contrario, se fortalecen los individuos o las instituciones que de esa manera proceden.

 

Se conoce que la sociedad y el mundo en que vivimos son cambiantes, lo que pudo asimilarse en un momento determinado, se hace imposible en otro y mucho peor aún, se convierte en algo reprochable y condenable.

 

Para cualquier país o gobierno, resulta imprescindible contribuir a la unidad y cohesión de su pueblo, por ello es necesario corregir políticas de fracturas sociales y acatar plenamente los derechos humanos que han sido promulgados por la comunidad internacional.

 

Ello a mi juicio, es una cuestión elemental de ética y moral ciudadana, también política.

 

Solucionar como se debe el tema migratorio, además de justo y conveniente es vincularse a las políticas contemporáneas más avanzadas y pragmáticas, porque este fenómeno ya posee una dimensión universal y continúa creciendo sin detenerse.

 

Para Cuba es imposible no tomar en consideración la magnitud y complejidad de su corriente migratoria y la importancia creciente adquirida por la diáspora.

 

Los emigrados de la Isla ya se acercan o sobrepasan los dos millones; estadísticamente, esa cantidad de cubanos viviendo en el exterior se aproxima al 20 % de la población que en la actualidad vive en la Isla.

 

Esa cifra es bien preocupante y significativa, no es para subestimar, menos para demonizar a sus emigrantes por razones de interpretación política o de “patriotismos” y confrontaciones acaloradas y extremas.

 

Esas lamentables y exageradas experiencias políticas cubanas de épocas pasadas, deben quedar atrás en la historia y que se encargue precisamente ella de analizarlas y enjuiciarlas.

 

La historia y los historiadores, según los métodos y metodologías de que se valen y tomando en cuenta las circunstancias que en su momento histórico se dieron, con seguridad nos dejaran sus análisis y criterios; pero en la modernidad y para las nuevas generaciones de cubanos, ello solo debe quedar en la memoria como un mal recuerdo o una negativa experiencia que no deberá volver a repetirse.

 

El anacrónico, obsoleto y enconado diferendo cubano-americano, que transita desde el surgimiento de la revolución cubana a la fecha, no debe ser justificación a la hora de celebrarse esta conferencia para prolongar una política que (por las razones que fueran) fracturó a las familias cubanas, antagonizó y masificó las diferencias existentes entre los cubanos.

 

Toca ahora a las autoridades y a los participantes de la mencionada conferencia partidista, borrar una política arbitraria y brindarle a la sociedad y a su diáspora en especial, los caminos aceptables y justos sobre el tema migratorio.

 

Por demás, la restitución de los plenos derechos en los asuntos migratorios, debe contribuir a propiciar el acercamiento o la reintegración definitiva de los emigrados hacia su país de origen, y con ello el retorno hacia la unidad y cohesión de la mayoría de las familias cubanas.

 

Si la anunciada conferencia nacional del PCC se pronunciara de manera positiva, abierta y justa sobre tan sensible y esperada situación por cientos de miles de compatriotas, restituyéndole sus plenos derechos, eliminando las exageradas exigencias y normativas existentes; esa conferencia contribuiría de manera significativa a propiciar mayores y mejores entendimientos entre todos los cubanos.

 

La misma además se convertiría en un parte agua, en punto obligado de referencia entre el pasado, el presente y el futuro de la nación cubana.

 

Cualquier partido político más allá de ideologías y posiciones políticas que en él se profesen, es por encima de todo una asociación voluntaria (selectiva o no), de hombres libres y supuestamente conscientes en política.

 

La militancia y sus dirigentes, precisamente por la educación, conocimientos o experiencias que han adquirido dentro del mismo; deben haber aprendido a discriminar en política lo que es correcto de lo que no lo es, lo justo de lo injusto; también a diferenciar cuales son las decisiones que aglutinan, fortalecen y apoyan de las que no lo son, porque fraccionan y debilitan a la sociedad.

 

Se sabe que en política muchas de las posiciones que se originan en un momento determinado, responden o se encuentran condicionadas por determinadas coyunturas que surgen y se manifiestan.

 

Desde mi visión o perspectivas, los pasos que en materia económica vienen dando el Gobierno y el partido cubano; exigen de ellos una pronta adecuación de criterios y posiciones políticas a su nueva realidad, debiendo desechar, definitivamente, viejos atavismos y dogmas pre concebidos, dejando atrás intransigencias en convicciones aún no demostradas y evitando las altisonantes retóricas sentenciosas, algunas de ellas sin lugar a dudas, de carácter verdaderamente dogmáticas o petrificadas en el tiempo.

 

Las nuevas circunstancias políticas surgidas en el mundo, se han encargado de desechar muchas ideas e hicieron caer dogmas existentes, aunque no todos.

 

Se ha hecho evidente, que muchas de las políticas y posiciones que en épocas pasadas se defendieron como principios a ultranza, ahora han sido desplazadas o desechadas, y al parecer, definitivamente.

 

Por ello pienso que en el actual escenario donde se desenvuelve el país, situación aún controvertida y antagónica en diferentes aspectos de las relaciones entre nosotros los cubanos, todo paso novedoso y rectificador es un aliciente esperanzador de posibles armonías y soluciones más definitivas.

 

Cuando se acumulan en nuestra patria, importantes, complejos y crecientes problemas sociales, económicos y políticos; esperamos que los conferencistas de enero no solo debatan los problemas de métodos y estilo de trabajo del partido, las dualidades o interferencias de este en los asuntos del Gobierno y la economía, o las definiciones de autoridad y mando entre las partes, porque ello sería solo proceder como el avestruz.

 

Es de esperar que la conferencia deba conocer también la labor jurídica que se realiza, es a su vez de suponer que revisarán, adecuarán o surgirán nuevas leyes y que posiblemente tengan que modificar hasta la propia Constitución socialista.

 

Nada de ello es de extrañar porque se trata de un razonamiento de coherencia y lógica ante los cambios que en la economía se encuentran impulsando y se conoce, que las sociedades se desarrollan de manera sistémicas.

 

Finalmente, aprovecho para sugerirle a los militantes que participen en la conferencia de enero, que no se dejen manipular por la burocracia del partido ni por nadie; que tampoco se duerman en sus laureles, porque sería muy conveniente que a la luz de los ajustes, remodelaciones o reformas que se producen y de las actuales circunstancias migratoria mundiales, que tuvieran la sensibilidad política y la valiente disposición de abordar, (sin juicios o prejuicios preconcebidos, ni tabú alguno), así como con la nueva mentalidad a la que han sido convocados por su jefe de partido; el trascendente asunto de la emigración y la diáspora, como cuestión de una urgente necesidad de inserción dentro de la economía y la sociedad cubana.