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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Así avanzan los cambios en los métodos y estilos de trabajo del Partido

 

Haciendo recorridos y con el mismo discurso obrerista y populista de siempre, los dirigentes del PCC esperan otros resultados.

 

Pedro Campos

 

Según el diario Granma del 30 de agosto, el miembro del Buró Político y ex Secretario General de la CTC, Salvador Valdés Mesa, manifestó en uno de sus recorridos por centros de producción que "es imprescindible escuchar a los trabajadores a fin de conocer sus inquietudes y propuestas para solucionar muchos de los problemas en cada centro laboral".

 

Se trata del viejo esquema de los dirigentes "comunistas" desde la época de Stalin, incitados por la dirección del partido a "ir a beber de las fuentes obreras".

 

80 años después, los métodos "para dirigir a la clase obrera hacia los triunfos socialistas" siguen siendo los mismos, no importan el fracaso de la URSS y el campo socialista, la conversión de China en una potencia capitalista mundial y el desastre en que se revuelve la sociedad cubana.

 

"Hay que cambiar los métodos y estilos de trabajo", dijo Raúl Castro en uno de esos primeros discursos después de ser designado Presidente. No fuimos pocos los que nos entusiasmamos y pensamos que había llegado el momento de hacer avanzar el "socialismo de Estado" hacia un socialismo más participativo y democrático.

 

Esperábamos que en vez de seguir "dirigiendo a la clase obrera, escuchándola u orientándola", el Partido y el Gobierno encaminarían sus pasos a darles una participación directa a los trabajadores en la administración de las empresas, en su gestión, en las utilidades y en general en las decisiones de todo tipo que les atañen: el ABC del socialismo marxista que promueve la paulatina eliminación del trabajo asalariado, hacia la extensión progresiva del trabajo libre, asociado o no y hacia la más amplia participación democrática en todas las cuestiones de intereses político.

 

El poder real, el de la economía, creíamos y creemos, debería ser transferido a los trabajadores. Igual que la consigna, la tierra para el que la trabaja, las fábricas, las industrias y las empresas tendrían que ser para los que las hacían producir.

 

Pero no. De lo que se trataba toda esa parafernalia del cambio vino con pelos y señales en los decretos previos y posteriores a los Lineamientos del VI Congreso, donde quedó refrendada la política de la "actualización" del modelo económico: de lo que se trataba era de fortalecer el poder de la burocracia sobre la economía, eliminando "gratuidades", aumentando y concentrando la explotación de la fuerza de trabajo, despedir a los "sobrantes", buscar refuerzo del capital extranjero para explotar más y mejor a los asalariados cubanos y abrir unos pocos espacios al trabajo por cuenta propia y la cooperativismo para que absorbieran la mano de obra "sobrante".

 

Raúl y sus militares podrán seguir hablando de "socialismo sustentable" o cualquier otra consigna, pero mientras sigan "escuchando a los trabajadores" en lugar de dejarlos decidir sobre lo que debe hacerse en cada centro laboral, "su socialismo", "su actualización" y "sus lineamientos" seguirán resultando en lo mismo de siempre.

 

Y ya se sabe: no se pueden conseguir resultados distintos, haciendo lo mismo. Pero no importa: ¡el poder revolucionario sigue en manos fuertes!