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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Aprovechan al máximo el limitado y costoso acceso a internet

 

Rigoberto Díaz, Associated Press

 

“Quisiera tener internet en mi casa, pero aquí no se puede”, se queja Nancy García, quien como muchos cubanos debe acudir a una sala pública para comunicarse con sus dos hijos en el exterior, pues las conexiones a la red en las casas están restringidas en la isla.

 

“Tengo dinero para pagarlo (el servicio), pero no está permitido que tengas internet en la casa. Si la tuviera sería mucho mejor”, dice a la AFP García, una licenciada en educación de 53 años, que vivió 10 años en Panamá.

 

García ahora acude a menudo a una sala de navegación en el emblemático edificio Focsa, próximo al Malecón de La Habana, pero solo se conecta pocos minutos para revisar su correo electrónico y saber de sus hijos que viven en Panamá y Argentina. Dice que hace un “uso moderado de la internet para no despilfarrar” su dinero.

 

Cuba abrió el 4 de junio 118 salas públicas de navegación, aprovechando un cable submarino de fibra óptica tendido hace más de dos años desde Venezuela, pero la tarifa de 4,50 dólares la hora es prohibitiva para la mayoría de los cubanos, que tienen un salario promedio de 20 dólares el mes.

 

“Siempre habrá quien pueda pagarlo y quien no”, afirma García, al subrayar que antes ella pagaba 10 dólares por hora de internet en hoteles de La Habana, con una conexión insoportablemente lenta.

 

En otra computadora de las nueve que hay en esta sala, Deisy Pérez, actriz y dueña del restaurante privado “El balcón del Edén”, del mismo vecindario, revisa en la red los precios de equipos de video y sonido que quiere para su negocio.

 

“Hoy me dediqué a hacer un pequeño estudio de mercado, otras veces hago publicidad para mi negocio”, explica Pérez, quien está contenta con la conexión de alta velocidad (dos megabits), aunque considera que el precio “es increíblemente caro”.

 

Una vez conectado, un usuario puede visitar todo tipo de sitios web, sin censura, incluidos periódicos y portales anticastristas de Miami, comprobaron periodistas de la AFP.

 

La jefa de la sala, Dilia Ortega, explica que en estas casi tres semanas la afluencia de público “se ha comportado bastante bien, quizás mejor de lo que pensaba”.

 

“A veces hemos tenido hasta colas y los clientes se muestran satisfechos”, agrega Ortega, quien indica que la mayoría acude a revisar sus correos y “quizás” entrar a Facebook.

 

En otras salas de navegación de la isla también se forman filas de espera algunas veces, aunque es poco usual que un cliente navegue una hora completa. El tiempo restante se puede usar después.

 

En Cuba, que tiene uno de los niveles más bajos de acceso a internet en América Latina, los usuarios de la red en 2011 fueron 2,6 millones, en una población de 11,1 millones, según datos oficiales.

 

Muchos cubanos jamás han explorado el ciberespacio y casi todos los que navegan con frecuencia aprovechan conexiones en sus centros de trabajo o estudio.

 

El gobierno comunista ha dicho que llevará internet a los hogares cuando se superen obstáculos “financieros y tecnológicos”, pero por ahora seguirá privilegiando un “uso social” de la red, con acceso únicamente en entidades estatales y centros de estudio, además de hoteles y salas públicas.

 

Los únicos que ahora tienen conexión en sus casas son los médicos, periodistas y algunos otros profesionales y artistas.

 

“Ojalá que esta situación mejore y pienso que sí, porque vamos a pasos agigantados, pero todavía hay muchas personas en este país que no tienen dinero ni para comprarse una computadora”, dice Pérez.

 

“Hay un porciento importante de cubanos que sí tiene acceso a las nuevas tecnologías, pero otros ni saben que existen”, agrega.

 

El gobierno atribuye las restricciones al limitado ancho de banda de la conexión satelital que empleaba antes de que empezara a operar el cable submarino, pero los opositores alegan que ésta es otra forma de censura en un país donde todos los medios de comunicación son controlados por el Estado.

 

Desde que asumió el mando de la isla en 2006, el presidente Raúl Castro ha eliminado “prohibiciones excesivas” que pesaban sobre la población, como la de adquirir un teléfono móvil. Sin embargo, su precio está lejos del bolsillo del cubano de a pie.

 

En la sala del edificio Focsa, que funciona en un local de la empresa estatal de telecomunicaciones Etecsa, el único modelo de celular en venta esta semana cuesta 135 dólares, a los que hay que sumar otros 30 para contratar la línea: en total 165 dólares, ocho veces el salario mensual de un trabajador cubano.

 

No obstante, el número de celulares está en aumento y ahora suman 1.7 millones, según Etecsa.