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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Alpinismo VIP

 

Miguel Cossío, en El Nuevo Herald

 

Basta de quejas sobre cómo usan su tiempo los gobernantes latinoamericanos. Por el camino que llevan, establecerán pronto un récord Guinness, deseado por muchos políticos: horas públicas de reparador sueño, al amparo de salones plenarios exclusivos.

 

“Asistimos a una sucesión de cumbres, tantas que parece una cordillera”, dijo el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en la XXI Cumbre Iberoamericana, celebrada a finales de octubre en Paraguay.

 

Visualice usted esto: Cumbres Iberoamericanas, Foro de Sao Paolo, Grupo de Río, Cumbre de las Américas, Pacto de San José, MERCOSUR, UNASUR, Pacto Andino, CARICOM, ALBA, Petrocaribe, etc., etc., etc. Y ahora CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, fundada de la generosa mano del mandatario venezolano, Hugo Rafael Chávez Frías.

 

¿Qué resuelven? Bueno, algunas de estas reuniones regionales nos dejan a veces momentos de humor, como aquel célebre cuando el rey Juan Carlos de España le gritó “por qué no te callas” a Chávez, durante la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile, en el 2007.

 

O el desliz del propio Chávez este sábado, cuando le cambió el nombre su homólogo chileno, a quien en lugar de llamar Sebastián Piñera, le llamó Samuel, mientras le transfería la presidencia pro témpore de la flamante CELAC.

 

Pero vamos a la esencia del asunto. No parece ser casualidad que la CELAC haya nacido el mismo día que la ONU dedicó a las personas con discapacidad. El recién creado organismo surge con el claro designio de Chávez, Castro y el resto de sus promotores de oponerse a la OEA y de excluir al país más poderoso de la región, Estados Unidos, así como a Canadá.

 

Por extraña voluntad propia, los gestores de la CELAC proponen una integración latinoamericana y caribeña que excluya a su principal socio comercial, con el que mantienen las relaciones económicas, financieras, de seguridad, diplomáticas y de migración más intensas e indispensables. Escogen la discapacidad, ante la cual tantos y tan nobles empeños dedica la comunidad internacional.

 

No puede, ni debe descalificarse de antemano cualquier esfuerzo de integración latinoamericana y caribeña. Ha sido un sueño decimonónico de Bolívar, que podría reivindicarse con nostalgia, pero difícil de realizar, incluso absurdo, en un siglo XXI totalmente diferente y globalizado. Pero los sueños, sueños son, como sentenció Calderón de la Barca, y se vale soñar en cualquier tiempo y lugar. El problema es que casi la mitad de los 600 millones de latinoamericanos y caribeños se despiertan todos los días con la tragedia de la pobreza, el hambre y la inseguridad ciudadana. Eso no se resuelve con discursos bolivarianos. Ni con una treintena de CELACs.

 

Ahora bien, ¿es posible excluir a Estados Unidos y a Canadá de cualquier proyecto de integración latinoamericana y caribeña? La pregunta no es retórica. México, uno de los principales países de la región, tiene una dependencia comercial de aproximadamente el 85% con su socio norteamericano. Hay tratados comerciales entre Estados Unidos y varios países latinoamericanos, como Chile, Colombia y Perú, de los mayores, económicamente hablando, en América del Sur. ¿Van los países centroamericanos, sudamericanos o caribeños a sustituir sus relaciones preferentes con Estados Unidos por otras como Venezuela?

 

Un punto indispensable. ¿Qué papel puede jugar una CELAC opuesta a Estados Unidos con respecto a los millones de inmigrantes latinoamericanos y caribeños en ese país? En medio de una polémica nacional en Estados Unidos acerca de la inmigración “hispana”, ¿puede la CELAC ofrecer alternativas para los mexicanos, los cubanos, los nicaragüenses y tantos otros que mantienen su identidad pero buscan integrarse a la sociedad norteamericana con plenos derechos?

 

Por otro lado, ¿cuánto suma el oro de Venezuela que Chávez ha decidido regresar a Caracas? ¿Es eso suficiente garantía para que los países dependientes del chavismo (léase Cuba o Nicaragua) puedan remontar sus tremendas discapacidades?

 

¿Hay alguien allá afuera, digamos Brasil, Perú, Colombia, dispuesto a sacar a Haití de su histórico atraso? ¿Pueden sustituir al esfuerzo de Naciones Unidas y a la participación permanente de Estados Unidos?

 

Finalmente, hay mucha palabrería acerca de la promesa de que el siglo XXI será la centuria de América Latina. Cuando leo la prensa europea, no me queda otra que sonreír con tristeza. La Unión Europea ya no es sostenible. Para salir de esta crisis hay que reconstruir Europa desde cero, rezaba un titular de El País. El eurobloque necesita una reparación urgente. Sus estructuras son incapaces de soportar los enormes problemas políticos y económicos a los que se enfrenta.

 

Mientras tanto, los gobernantes latinoamericanos siguen practicando el alpinismo político. De Cumbre en Cumbre. De cordillera en cordillera.