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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Almendrones: polígonos de prueba

 

Cuba Prensa Libre

 

Francisco abre momentáneamente la llave de la gasolina y calienta el motor de su almendrón durante cinco minutos. Luego de lograr la temperatura adecuada, cierra la entrada de gasolina y abre la de queroseno. Así pone en marcha cada mañana el viejo Chevrolet del año 52, el auto que le da de comer a su familia, trasladando pasajeros desde el Reparto Eléctrico hasta Managua, dos localidades en la periferia sur habanera, distanciadas nueve kilómetros una de otra.

 

Francisco tiene 58 años de edad y vive en el poblado de Managua, al sur de La Habana. Es un oficial retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de la Aduana General de la República. Considera que el queroseno “es dañino para el motor Chevrolet de seis cilindros, pero beneficioso para su bolsillo”. Cada litro de queroseno le representa 7.50 pesos cubanos (0.35 centavos de dólar) en el mercado informal, menos de la mitad del precio de la gasolina (1 dólar) y el petróleo (1.10 dólar) en los servicentros controlados por el Estado.

 

Francisco es de los pocos propietarios que conserva el motor original de gasolina. Ha vivido todos los períodos de la Cuba revolucionaria y considera que cambiar para motor de petróleo en un “gasto excesivo e innecesario”, más ahora que el Estado prevé acabar con el contrabando de diesel, normándolo mediante tarjetas magnéticas. No es el único que se las ingenia para economizar combustible, en su caso, utilizando el mismo principio de la cocina de queroseno.

 

Ángel López, residente del poblado de Santa Fe, al este de La Habana, consiguió vender su Chevrolet –también del año 52- en 5 mil pesos convertibles (5 mil 500 dólares). El poco tiempo que lo tuvo en su poder lo movía con nafta, y cada vez que lo paraban los oficiales de tránsito, comenta que “apagaba el motor para no ser descubierto por el olor penetrante del combustible”. A diferencia del queroseno, la gasolina o el petróleo -carburantes que se comercializan legal e ilegalmente en Cuba-, la nafta se consigue únicamente en el mercado informal, y su valor oscila entre 10 y 15 pesos cubanos cada litro (cup), unos 50 ó 55 centavos de dólar.

 

Incluso, algunos almendrones utilizan la gasolina en el arranque y el gas licuado en la marcha, similar al procedimiento utilizado en el chevi de Francisco. Igual se economiza, 34 kilógramos de gas se consiguen en el mercado informal a un precio de 150 pesos, aproximadamente 8 dólares.

 

Según la abogada y periodista Laritza Diversent, la venta ilegal de combustible tipifica como delito de “apropiación indebida” cuando éste es sustraído de los autos estatales; y “malversación” cuando cuantiosas asignaciones de combustible para consumo del Estado, son desviadas al mercado negro. En este último caso, la sanción puede ser de cinco a ocho años de privación de libertad (artículo 336 del Código Penal).

 

Aún así, el grueso de los propietarios de autos y camiones con motor diesel, se surten del mercado negro, donde el precio del litro oscila entre 6 y 8 pesos cubano (de 0.25 a 0.30 centavos de dólar).

 

Pero los ingenios no se quedan solamente en la sustitución de un combustible por otro. El cubano ha tenido que sustituir partes y piezas de los viejos autos americanos para repararlos o modificarle su mecánica y confort, pero sobre todo para economizar combustible: motores, cajas de velocidad, direcciones, barra de transmisión, carburadores, sistema eléctrico, neumáticos, etc.

 

Al cerrarse por completo la venta de autos de Estados Unidos a Cuba, en 1961, las innovaciones no se hicieron esperar. Con la creación del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica del extinto Campo Socialista), y por consiguiente el boom comercial con la mayor del Caribe, se importaron autos soviéticos y checos. De este parque se desprendieron muchos componentes y accesorios que fueron utilizados en coches y camiones norteamericanos.

 

La venta clandestina de combustible se intensificó a principio de los 90s, cuando el campo socialista se desmoronaba y una libra de arroz llegaba a costar 50 pesos (2.50 dólares). Desde entonces, los motores soviéticos resultaron un estorbo por su excesivo consumo. Los propietarios de autos norteamericanos comenzaron a incursionar en la sustitución de motores de gasolina por diesel.

 

A la par con esto, el transporte comenzó a agravarse. Con el ingenio aparecieron los llamados Rikinbilis, que no eran más que motores estacionarios adaptados en bicicletas, motocicletas criollas, mini autos y hasta microbuses. A partir de 1994, cuando los acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos tocaron fondo, los llamados balseros también adaptaron motores en sus embarcaciones rudimentarias.

 

El tema del combustible siempre está en consonancia con los inventos. Mientras no se sabe cual derivado del petróleo estará más caro en los próximos meses, los dueños de almendrones que se dedican al traslado de pasajeros, tratan de buscar ganancias agrandando la carrocería y aumentando las plazas (asientos).

 

A su edad, Francisco no parece estar interesado en las adaptaciones. Le satisface mover su viejo Chevrolet 52 con queroseno, combustible que aunque lo adquiere en el mercado negro, le proporciona cierta tranquilidad. De hecho el Estado lo distribuye como combustible doméstico, por la libreta de racionamientos y a precios subsidiados.