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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Alianzas y resquemores

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

Cuba vivirá pronto su segunda visita papal y muchos se preguntan por qué esta pequeña isla recibe tales privilegios de Roma si, al fin y al cabo, la iglesia católica cubana no tiene el arraigo popular que se ve en otros países de la región y del mundo.

 

Es más extraño porque el líder histórico de la revolución fue excomulgado en 1962 y todavía hoy permanece fuera del rebaño del Señor. Al parecer el Vaticano no le perdona a Fidel Castro su conversión del catolicismo al marxismo ateo.

 

Sin embargo, tanto el Comandante como Juan Pablo II fueron capaces de saltar por encima de ese oscuro detalle del pasado y convirtieron la primera visita de un Papa a Cuba en un evento que benefició, de una u otra forma, a ambas partes.

 

Muchos de los colegas que llegaron a cubrir aquel viaje tenían enormes expectativas sobre sus repercusiones políticas pero se les escapaba que los cubanos no son polacos ni mayoritariamente católicos y que el único sindicato que existe apoya al gobierno.

 

Recuerdo que estando trasmitiendo la llegada de Juan Pablo II en directo para BBC, mis colegas me pidieron conversar con alguna de las personas que se aglomeraban a los dos lados de la Av. Boyeros, la que une al aeropuerto con la capital.

 

Elegí una señora mayor de 60 años que estaba parada junto a un grupo de monjas, le di el teléfono y desde Londres mi colega le preguntó por qué estaba ahí, "porque soy militante del Partido y Fidel pidió que recibiéramos bien al Papa", le respondió.

 

Es que el Comandante habló 6 horas por la TV nacional en cadena, convocando a toda la militancia a asistir a las misas y tratando de limpiar la imagen de Juan Pablo II de las referencias anteriores a su participación en la debacle del comunismo europeo.

 

Finalmente la visita fue un éxito tanto para el gobierno cubano como para la Iglesia Católica, pero la desconfianza mutua siguió presente.

 

Las cosas cambian radicalmente en el 2008 con la ratificación oficial de Raúl Castro como Presidente.

 

El primer visitante extranjero que recibió fue Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, quien después intentó mediar con EEUU en un intercambio de presos. La gestión fue infructuosa pero 2 años después se produjo la liberación de todos los prisioneros de conciencia.

 

Las relaciones Iglesia-Estado están hoy en su mejor momento desde 1959, mejor incluso que durante la visita de Juan Pablo II pero el ambiente no es el mismo, a pesar de los carteles de bienvenida y de las calles recién asfaltadas para el Papamóvil.

 

Los disidentes se sienten traicionados por el Cardenal Ortega y los laicos que lo rodean. Dicen que pretenden llevar a toda la feligresía a apoyar las reformas de Raúl Castro, marginando a los elementos opositores dentro de la iglesia.

 

En Miami la prensa del exilio critica la visita, emplaza a Benedicto XVI a reunirse con los disidentes y aplaude la ocupación de los templos por los opositores, quienes terminaron siendo desalojados por la policía a petición de la propia Iglesia Católica.

 

No pocos sacerdotes de la santería se ofendieron al ser excluidos de las actividades oficiales. Los afrocubanos se consideran la religión con el mayor número de fieles en el pueblo y creen que su marginación es una forma de discriminación.

 

Entre los protestantes hay quienes sospechan que la alianza del gobierno y la iglesia pueda convertir al Estado laico al catolicismo, religión que ya cuenta con dos revistas propias y con el único centro plural de debate político.

 

La comunidad LGBT percibe que los dogmas del Vaticano favorecen homofobia en Cuba, en la medida que consideran a la homosexualidad como una desviación moral, prohíben las uniones de personas del mismo sexo y vetan las operaciones de transexualidad.

 

También hay comunistas y revolucionarios preocupados porque el gobierno pueda ceder a las demandas católicas, que les permitan ocupar un espacio permanente en la prensa nacional y, sobre todo, que les autoricen a abrir centros de educación.

 

Pensar que ambas partes seguirán cediendo parece lógico porque la alianza sigue avanzando, de hecho muchos especialistas opinan que la visita de Benedicto a Cuba tiene como principal objetivo respaldar la posición negociadora del Cardenal Jaime Ortega.

 

Lo cierto es que se necesitan mutuamente. La Iglesia Católica tiene tan poca base social en Cuba, que solo pude aspirar a un papel nacional protagónico aliándose con el poder, mientras que para el gobierno es clave tener un socio con el peso internacional del Vaticano.

 

Con cierto humor, un revolucionario-católico me decía que no es raro que el Partido y la Iglesia se entiendan, ambas son organizaciones verticales, dirigidas por líderes que ocupan el cargo de por vida, con una membresía disciplinada y que se consideran a sí mismas como paradigmas de la humanidad.