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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Alan, Ángel y Arón

 

Ileana Fuentes, El Nuevo Herald

 

Una sencilla canción norteamericana de 1968 nos recuerda a tres grandes adalides de los derechos civiles, la paz internacional y la convivencia planetaria.

 

Como lo fueron en su época Abraham, Martin y John, aunque de forma diferente -Lincoln, King y Kennedy asesinados, los de hoy emboscados o encarcelados- Alan Gross, Angel Carromero y Jens Arón Modig son bajas en la lucha por un mundo mejor… en este caso, una Cuba mejor.

 

Alan Gross lleva preso en el paraíso transformista -nunca reformista- de los Castro desde diciembre del 2009. El fallo de culpabilidad por violar la soberanía nacional de Cuba, indica que a Gross le siguieron los pasos durante más de cinco años. Entró y salió de la isla muchas veces en lo que para él eran -y para el mundo libre, eran- encomiables visitas humanitarias.

 

No así para las autoridades cubanas. Alan Gross fue acusado de poner en peligro la seguridad nacional, de ser agente del imperialismo enemigo, de proveerle a opositores, disidentes y ciudadanos desafectos la prohibida tecnología de comunicaciones que abriera las compuertas de la Internet y las redes sociales en la cárcel de Raúl y de Fidel. A los efectos de La Habana: subversión digital.

 

Lo triste es que Gross cayó en una especie de agujero negro propiciado por un cándido optimismo burocrático en Washington que insiste en lidiar con los servicios de inteligencia, espionaje y seguridad de Cuba cual si ésta fuera una república bananera. Ramiro Valdés, José Abrahantes, Manuel Piñeiro no fueron jamás militares de opereta. Con ellos, Cuba alcanzó el pináculo de los servicios secretos internacionales, a la par de la KGB soviética, la Statni checa y la Stasi alemana. En Washington se habla de la “primavera árabe” como modelo transformable en “primavera cubana” que conduzca a la isla hacia la democracia. Piensan liquidar el castrismo mediante Twitter, e-mails y Facebook. Hasta Yoani Sánchez, la premiada bloguera independiente, afirma que están locos de remate.

 

El pasado mes de julio, un joven sueco y otro español emprendieron un camino parecido, con confianza vikinga el primero, el segundo cual peregrino a Santiago. Se equivocaron de mapa: no iban a Groenlandia ni Compostela, sino a Santiago de Cuba. Con la misma credulidad que Alan Gross, partieron en misión imposible a fomentar derechos y libertades en la finca del Comandante. Nadie les repasó las leyes cubanas para entender en qué tipo de suicidio se estaban lanzando. Cierto: hay que penetrar las grietas de las murallas. Pero con civiles idealistas y novatos no me parece honesto ni práctico. Honesto y práctico es enviar la 5ta Flota y la 82da División Aerotransportada, entrenadas para penetraciones eficientes y rápidas.

 

En el camino del Santiago tropical, Ángel y Arón se llevaron a otros dos buenos hombres: Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero, cabeza y colaborador respectivamente del Proyecto Varela del Movimiento Cristiano Liberación. ¿Por dónde andaba Cristo a la hora de proteger a estos cuatro cristianos? El accidente ya es historia y no hay que volver a contarlo. Lo que sí hay que contar es lo que se avecina en este juicio-de-tres-pistas iniciado hoy contra el infeliz chivo expiatorio español. Ángel Carromero es culpable desde que pisó suelo cubano. Su juicio es sólo un formalismo.

 

Al sueco lo hicieron más sueco, con su amnesia selectiva: “Recuperé el sentido luego del choque para acordarme de que no me acordaba de nada”. Un quid pro quo diabólico y perfecto: el olvido, o la vida. El actual totí se llama Ángel; antes se llamó Alan. Además de culpable por homicidio vehicular, pueden tocarle otros 15 años -la condena de Gross- por violar la seguridad nacional y las leyes de Cuba. La Moncloa se recondena con esta daga traicionera. Si Madrid se comporta y el discurso de la nueva concordia del recién nombrado embajador de la Unión Europea a La Habana convence -suavizar la posición común ante las ¿reformas? de Raúl Castro- entonces Carromero recibirá un castiguito, y la Madre Patria se encargará de ampararlo en su regazo.

 

Entre tanto, Alan, el hebreo-americano, se consume en el Hospital Militar Carlos J. Finlay, en Marianao. Arón, el vikingo, calla su verdad en el Atlántico Norte. Si fuera cubano, gritaría: ¡Asere! ¡Esto es el colmo!