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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿A quién culpar por el desamparo de los expresos cubanos en España?

 

Esas decenas de hombres expulsados de su tierra junto con todos sus familiares, podrían vivir tranquilamente allí, con todas sus necesidades atendidas, con todas sus inquietudes políticas respetadas.

 

Joan Antoni Guerrero Vall, Martrínoticias

 

 

Parece un poco contradictorio que el partido político español que más compromiso ha mostrado -al menos de cara a la galería y sobre todo ante los focos- con la causa cubana, el PP, se vea ahora inmerso en una desagradable controversia sobre la retirada de las ayudas a los ex presos cubanos. De todas formas, a nadie sorprende la retirada de esas prestaciones dado que desde el principio se conocía que su duración no se extendería más allá de los dos años. Y la administración española, cuando hay papeles de por medio, no entiende otro idioma que no sea el de los estrictos plazos burocráticos. El de los ex presos es un problema que el PP ha heredado del PSOE, pero no hay que perder de vista que el principal causante de todo el conflicto ha sido el régimen castrista en concubinato con la Iglesia Católica, obligando a un grupo de inocentes al destierro.

 

De hecho, sin la existencia de ese régimen, si no se dejara que la estirpe de los Castro siguiera señoreando por la Isla de Cuba como si fuera su cortijo personal, imponiendo a los cubanos un modus de vida totalmente aborrecible y unas reglas del juego que atentan contra todo principio de libertad, nada de todo esto ocurriría. Esas decenas de hombres expulsados de su tierra junto con todos sus familiares, podrían vivir tranquilamente allí, con todas sus necesidades atendidas, con todas sus inquietudes políticas respetadas, no habrían estado en la cárcel por defender unos ideales, no se habrían dejado la salud reclamando cambios, y algunos no habrían sido conducidos a la muerte, ya sea a causa de una huelga de hambre, como ocurrió con Orlando Zapata Tamayo, o bien al suicido, como lamentablemente ha sucedido con Albert Santiago Du Bouchet.

 

El PP está asumiendo un doble discurso en la cuestión cubana. Y este doble discurso tranquiliza al régimen castrista. Le va bien para sus propósitos de mantener el statu quo y el “aquí no se mueve nadie”. Hace pocas semanas el Centro de Estudios y Documentación Internacionales (CIDOB) de Barcelona invitó al ex diplomático cubano Carlos Azulgaray a impartir una charla sobre los cambios del gobierno cubano, es decir, sobre los tímidos retoques de imagen que el raulismo decidió imprimir a la fachada del castrismo que mantiene a los cubanos en la misma situación en la que los mantenía su hermano Fidel: atrapados entre el oprobio y el oprobio, aunque ahora pueden (los más acaudalados) abrir timbiriches en el portal de su casa.

 

Fue durante su charla en Barcelona que Azulgaray hizo un repaso a las relaciones internacionales del gobierno cubano y expresó ante el auditorio que por el momento el castrismo está tranquilo con los nuevos gestores del gobierno español. Al parecer habían previsto una mayor ferocidad por parte del equipo de Mariano Rajoy, pero han comprobado que en el ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid se ha instalado, en lo que a Cuba se refiere, la prudencia. En cierta medida, es verdad, porque el discurso del PP -a la concreta, como se dice en Cuba- no deja de presentar, con matices, cierta continuidad respecto a sus antecesores socialistas.

 

Los políticos no dejan de realizar una estrategia del corte y pega con Cuba, porque de hecho, no hay ni un solo gobierno que haya encontrado la fórmula para mover ni un solo ápice la voluntad de los Castro. El logro de los castristas es el haber inventado la “dictadura sostenible”, es decir aquella que se acomoda perfectamente en un entorno occidental donde la libertad es un valor en alza. La dictadura castrista es sostenible porque ha creado -gracias a su propaganda basada en educación, salud y solidaridad internacional- una realidad ilusoria que ha tapado perfectamente el paisaje de terror en que han convertido en Cuba más de cincuenta años de experimento de deformación social, política, económica y cultural.

 

Esta marca de dictadura sostenible, incluso en un mundo donde triunfa la libertad gracias a un cambio cultural facilitado por las tecnologías de la comunicación, hace que un grupo de cubanos desterrado en Madrid esté al borde del desahucio material y espiritual, que gobiernos que deberían tener como objetivo destacado salvar a los cubanos, estén dando rodeos y dejando el tema en la carpeta de “pendientes”. Ese es el logro de los Castro, del raulismo, ellos no se adaptan al mundo, es el mundo que tiene que tragar con ellos, y adaptarse a ellos. Veremos si sus retoños, en el futuro próximo, consiguen que sobreviva ese régimen de ausencia de libertades en un mundo tan diferente en el que sus padres llegaron al poder, un lejano 1 de enero de 1959.