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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿A quién benefician las drásticas regulaciones aduaneras en Cuba?

 

Aplican un ramillete de prohibiciones y leyes para alentar las ventas en moneda dura de las cadenas comerciales administradas por empresas militares

 

Iván García, Especial para Diario Las Américas

 

LA HABANA.- A partir del 1ro. de septiembre, el gobierno de Raúl Castro aplicará una nueva vuelta de tuerca al tráfico ilegal de mercancías a través de parientes, amigos o "mulas".

 

Otra más. Cada año, desde 2011, se vienen dictando diferentes normas aduaneras, en un intento por detener las importaciones ilegales que abastecen a familias y negocios privados en la isla.

 

En la primavera de 2012, se impusieron normas que cobraban 10 dólares por cada kilogramo extra, después de los 20 autorizados en el equipaje personal. En los paquetes de correos, se empezó a cobrar 10 dólares por cada kilogramo de más a partir de cinco.

 

Según Onelio, funcionario aduanal, “las nuevas medidas están dirigidas a frenar el comercio de productos a través de las mulas”.

 

La autocracia verde olivo esgrime un discurso demagógico con demasiada frecuencia. Se rasga el uniforme e interpreta el papel de víctima cuando habla del embargo económico y financiero que desde 1962 Estados Unidos impone a Cuba.

 

Pero el embargo no justifica establecer una cadena de normas que afectan al bienestar familiar, a ciertos negocios privados y la calidad de vida de un segmento amplio de la población.

 

Simplemente aplican un ramillete de prohibiciones y leyes para alentar las ventas en moneda dura de las cadenas comerciales administradas por empresas militares.

 

Al Gobierno se le hace muy difícil justificar que estas medidas benefician a los ciudadanos. Las aberrantes normas aduanales, prohibiciones en negocios de ventas al detalle de ropa importada y elevados impuestos al trabajo privado son antipopulares.

 

Rechazo a las medidas

 

A 28 personas -amigos, vecinos, taxistas y trabajadores estatales y particulares- les pregunté si aprobaban tales disposiciones. Al margen del credo político, hubo unanimidad: los 28 están contra las medidas actuales y también contra la que entrará en vigor el 1ro. de septiembre.

 

El 80% de los cubanos tiene un familiar o amigo en Estados Unidos o Europa. Algunos se benefician regularmente con el envío de ropa, alimentos, electrodomésticos, videojuegos, tabletas o teléfonos inteligentes.

 

Pero es el comercio negro, aupado por la escasez y una estructura de producción económica que no satisface las demandas, el más importante proveedor de cosas que la gente necesita.

 

De Miami, a la isla llegan desde laptops, televisores de plasma y sopas instantáneas hasta gorras de béisbol de las Grandes Ligas. También piezas de autos rusos y tarjetas clonadas de TV satelital, prohibidas por el Gobierno cubano.

 

De lo que no hablan los empresarios, políticos y exiliados residentes en Estados Unidos a favor de flexibilizar o derogar el embargo, es de la obsesión del régimen por controlar la vida privada.

 

Debemos navegar por un internet repleto de filtros, ver los canales de televisión que las autoridades disponen, leer los libros que los talibanes de la censura dictaminan y pagar a precio de usura las llamadas telefónicas en celulares.

 

De ese bloqueo interno del Gobierno hacia sus ciudadanos debemos hablar con más frecuencia.

 

¿Es lícito que una nación impida el comercio ilegal? Sí, lo es. Pero antes de reprimir, se debe proveer. Disponer de un abanico de productos y precios destinado al comercio interno. Salarios dignos. Servicios eficientes.

 

Salarios por el piso, precios por las nubes

 

Nada de eso sucede en Cuba. Los trabajadores estatales ganan alrededor de 20 dólares al mes. La "canasta básica" ofrecida por la libreta de racionamiento apenas alcanza para 10 días. Llevar dos platos diarios de comida a la mesa es un lujo en muchos hogares.

 

El Estado se ha transformado en un insaciable capataz. Es dueño de las industrias que a precios excesivos nos proveen de mayonesa, atún en conserva y queso blanco.

 

En ninguna reunión del aburrido y monocorde Parlamento nacional he escuchado a un diputado exigir al Estado que venda a precios justos. En Cuba, los precios de los alimentos en las tiendas en divisas son más altos que en Nueva York.

 

Un televisor de pantalla plana o un ordenador cuesta dos veces y media más caro que en Miami. Los azulejos o muebles para baños se venden cinco veces más caros que su costo de compra. Y un Peugeot 508 se ofrece a un precio extravagante, como si fuese un Ferrari.

 

Trabas a "las mulas"

 

Gracias a las "mulas", los parientes en la Florida pueden enviar a sus familiares en la isla desde leche en polvo hasta almohadillas sanitarias, porque el Estado no satisface la demanda mensual de las mujeres o las comercializa a precios inaccesibles.

 

De eso se trata. Las nuevas medidas para frenar el tráfico de las "mulas" son un instrumento en favor de las empresas, comercios y ventas del Estado, de las cuales nadie informa el destino de sus beneficios.

 

Ponen trabas al trasiego de pacotillas, pero no al de los dólares. El billete verde, bienvenido sea. Mientras más, mejor.

 

Antes que la administración de Obama flexibilice ese fósil de la Guerra Fría que es el embargo, aquéllos que hablan en nombre del pueblo cubano deben pedirle a Castro mayor libertad e independencia económica para sus ciudadanos.

 

Y ni hablemos de derechos políticos cautivos. Ésa es otra historia.