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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Éxodo y “actualización”

 

Las nuevas medidas no están dando los resultados económicos, políticos y sociales que inicialmente esperanzó a buena parte de los cubanos. Soluciones y exigencias desde el socialismo democrático.

 

Pedro Campos

 

No es un secreto para nadie que en el último año la población cubana está experimentando un aumento considerable de salidas al exterior, particularmente hacia EEUU, por todas las vías posibles y, desgraciadamente, por las más peligrosas, en embarcaciones improvisadas por el Estrecho de la Florida y a campo traviesa por Centroamérica, cruzando México para llegar a la frontera norte.

 

El tema hace rato viene siendo abordado por la prensa alternativa e internacional. En Cuba… silencio, ni una palabra.

 

Y es que, hay que decirlo alto y claro, la “actualización” raulista, que brindó esperanzas y un compás de espera para tiempos mejores, no está dando los resultados económicos, políticos y sociales que inicialmente despertó esperanzas entre buena parte de los cubanos.

 

Y esa es la causa fundamental que está provocando este éxodo que amenaza con ser masivo.

 

El propio gobierno de Raúl Castro, sin decirlo claramente, lo ha reconocido con ese magro crecimiento anunciado en el primer semestre de apenas 0,6 % y con las medidas dictaminadas en la última reunión del Consejo de Ministros.

 

Los economistas del patio, incluidos algunos calificados de oficialistas, han manifestado públicamente su insatisfacción por las limitaciones y las trabas de las medidas de la “actualización”.

 

No se trata de culpar ni atacar a nadie en particular. Pero cualquier gobierno, en cualquier parte del mundo, es el responsable de tomar las medidas necesarias para garantizar el bienestar y la satisfacción de su pueblo.

 

Este éxodo silencioso obliga a todos los interesados en el bien del pueblo cubano a pensar en soluciones, echando a un lado todo tipo de prejuicio, consigna o slogan como ese de “sin pausa pero sin prisa”, para tratar de encontrar y aplicar soluciones prontas, prácticas, efectivas.

 

El Gobierno cubano culpa de nuevo al bloqueo imperialista de todos los males. Pero no  hace nada siquiera para apoyar la campaña antiembargo que lidera The New York Times.

 

Las medidas que toma en el orden práctico no acaban de liberar las fuerzas productivas, como ha pedido el mismísimo Raúl Castro y siguen las trabas de todo tipo contra el trabajo por cuenta propia, contra la expansión de la pequeña empresa y especialmente contra el cooperativismo autónomo, sin el cual la sociedad poscapitalista, el socialismo, es una ilusión.

 

El Estado, por distintos mecanismos burocráticos, sigue monopolizando el comercio interno y restringe cada vez más las mínimas posibilidades de los ciudadanos de realizar pequeñas importaciones de medios de consumo que el  monopolio estatal-militar de las tiendas de recaudación de divisas (TRD) son incapaces de ofertar.

 

La represión contra el pensamiento y el activismo político opositor no cesa, a pesar de su carácter pacífico e inofensivo.

 

Internet se mantiene  inaccesible para la gran mayoría de la población, desconociendo su importancia y significación para el amplio desarrollo de las capacidades individuales y colectivas, para el mercado entre los distintos sectores y áreas de la producción, para la cultura y el desarrollo científico-técnico.

 

La supuesta descentralización de las empresas estatales, ha quedado en un simulacro, con la creación de la OSDE (Organización Superior de Dirección Empresarial), un eslabón intermedio subordinado a los ministerios que neutraliza la anunciada autonomía empresarial y en lugar de reducir burocracia, la ha aumentado.

 

Por otro lado, no hay un solo movimiento de la "actualización" que apunte a la participación directa de los trabajadores en la propiedad, la dirección, la gestión y las ganancias en las empresas que el Estado considera más importantes y productivas. En tanto organiza dizque  “cooperativas” en los timbiriches y talleres estatales de servicios irrentables y en crisis, con una serie de condiciones y dependencias que más parecen destinados a demostrar el fracaso del “cooperativismo” que a buscar soluciones socialistas.

 

¿Cuál es la consecuencia de todo esto? Los emprendedores, los trabajadores jóvenes técnicos y profesionales que de alguna forma esperaron ver los resultados positivos de la "actualización", no ven en la práctica ninguna real rectificación del rumbo estatalista burocrático y centralizado y simplemente cansados, han decido emprender la aventura.

 

Raúl dijo que había que cambiar la mentalidad. Y es absolutamente cierto. Pero también lo es que un verdadero proceso de rectificación difícilmente puede ser llevado a cabo por los mismos que durante medio siglo han estado trabajando y viviendo con esa mentalidad que hay que cambiar.

 

Filosofía que vemos vigente todos los días en la prensa del Partido, donde siguen las declaraciones de altos dirigentes culpando a los trabajadores y las burocracias inferiores por los graves problemas del país y la falta de productividad. Cuando todos sabemos que el único responsable es ese modelo estatal asalariado centralizado y burocratizado que se pretende cambiar, sin cambiar nada en esencia.

 

Si Raúl no quiere pasar a la historia como un continuador fracasado de las políticas voluntaristas tradicionales, tendrá él mismo que producir un cambio en su mentalidad, abrirse a los nuevos tiempos, olvidarse de las caducas teorías “marxistas leninistas” de partido único director de la dictadura de proletariado, de la planificación centralizada, de la  “empresa estatal socialista” como eje de la economía, del  centralismo no democrático, y acabar de realizar verdaderos cambios encaminados a la democratización y socialización de la política y la economía.

 

En mi propio nombre y en el de varios de mis compañeros más allegados, no lo estamos demandando desde Miami, desde la oposición tradicional a las ideas socialistas, desde ninguna organización financiada por “el enemigo”, desde ninguna mesa repleta.

 

Lo estamos haciendo desde el patio, desde el último escalón desposeído de la pirámide, con apenas un mendrugo de pan en la mesa, por el derecho que nos da haber sacrificado y entregado los mejores años de nuestras vidas a un proceso revolucionario en el que las grandes mayorías depositaron sus esperanzas.

 

Lo hacemos desde esa generación que hoy, rondando los 60-70 años, tiene que inventarse el sustento porque las miserables pensiones no alcanzan ni para comer una semana; pero que no vaciló en dar un paso al frente cuando Girón, el Escambray, la Alfabetización, las Milicias y se nos pedía la entrega incondicional de miles de horas de trabajos voluntarios en los campos de caña, de café y tabaco.

 

Lo hacemos desde el derecho que nos da el haber cumplido misiones internacionalistas en que nos fue la vida, no en ocasiones, sino casi diariamente, durante años y en campo adversario.

 

¿Cómo salir de esto?

 

Los socialistas democráticos cubanos y de todo el mundo, bastante hemos escrito sobre cómo superar el modelo del “socialismo de Estado” que encubre un capitalismo monopolista de Estado. Nunca se nos ha querido escuchar o nuestras propuestas han sido aplicadas sesgada e incoherentemente, aunque siempre hemos estado abiertos al diálogo, pero algunos burócratas de pacotilla  hasta de enemigos y agentes del imperialismo nos han tildado.

 

Para nosotros, ya viejos, muchos enfermos, veteranos de batallas no contadas, nada pedimos; pero sí exigimos con toda la fuerza de nuestras voces semiapagadas por los años y la intolerancia que se acaben de tomar medidas prácticas, efectivas para sacar al pueblo cubano de esta situación, para que nuestros hijos y nietos no tengan que seguir arriesgando sus vidas en las aguas del Caribe o cruzando fronteras en Centroamérica y para que no tengamos que arrepentirnos en nuestros lechos de muerte de haber  servido a causas que han resultado innobles.

 

También sabemos que hay más tiempo que vida y que el pasado no es la solución del presente, sino el futuro.