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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Éxodo, 'actualización' y gatopardismo

 

El drenaje al extranjero de lo más valioso que tiene cualquier economía, su capital humano, es un crimen histórico del  gatopardismo del dictador y su junta militar.

 

Roberto Álvarez Quiñones, Los Ángeles, en Diario de Cuba

 

La oleada imparable de cubanos que se están yendo de la Isla, la mayor estampida migratoria desde el éxodo del  Mariel en 1980, es la más dramática expresión del fracaso de la "actualización del modelo económico socialista" y un rotundo mentís a quienes alaban las  reformas de Raúl Castro.

 

Un total de 43.159 cubanos, según cifras oficiales, emigraron hacia Estados Unidos en el último año fiscal que terminó el 30 de septiembre, para un aumento del 77% en relación con el periodo anterior (24.278) que superó al éxodo de balseros de 1994 (32.362). Actualmente hay  una crisis humanitaria con casi 2.000 cubanos que han quedado atrapados en territorio de Costa Rica porque el régimen procastrista de Nicaragua no los deja seguir su ruta hacia EEUU.

 

Todos los que logran llegar e territorio de EEUU por estos días dicen lo mismo: de Cuba hay que irse porque nada ha cambiado allí realmente, ni va a cambiar mientras estén en el poder los Castro, sus familiares o el generalato.

 

¿Qué reformas positivas hay en Cuba si lo que crece allí es la ansiedad por emigrar a como dé lugar? Algunos arguyen que el temor a que sea derogada la Ley de Ajuste Cubano ha causado esta estampida. Puede ser un factor, pero francamente tanta gente no abandona su patria, familiares y amigos, sus costumbres, su entorno histórico y su cultura, si tiene esperanzas de una vida mejor en su suelo natal.

 

Lo que es cierto es que Cuba es el único país del mundo en el que la gestión del Gobierno no se mide por los resultados alcanzados, sino por las bonitas promesas que hacen sus dirigentes políticos. Tan peculiar estilo de gobernar fue instaurado por Fidel Castro en enero de 1959. Prometió elecciones para elegir al Presidente de la República y varias semanas después dijo: "¿Elecciones para qué?". 

 

Después de reemplazar a Fidel como Jefe de Gobierno, Raúl Castro prometió un vaso de leche diario para todos los cubanos y anunció profundos cambios estructurales porque el salario de los trabajadores era insuficiente para cubrir las necesidades básicas. Hoy se produce menos leche que en 2007, el salario (24 dólares) es la mitad del de Haití (59 dólares) y es el más bajo de Occidente. ¿Y las reformas estructurales?

 

Por eso, cuando ya se prepara el VII  Congreso del Partido Comunista (PCC), programado para abril próximo, la cúpula castrista no menciona siquiera a los Lineamientos  económicos del  VI Congreso (2011), que constituyeron la promesa de turno. Con tono amenazante (es su estilo) el nuevo dictador anunció la reestructuración del aparato económico estatal para elevar la  producción industrial y los servicios con la calidad "que el pueblo merece"; y dar apoyo a los autorizados oficios por cuenta propia (exclusivamente para la prestación exclusivamente de precarios servicios propios de  los tiempos medievales).

 

El  gatopardo raulista

 

Fue todo un embuste. El general Castro y su régimen militar practican el gatopardismo, vocablo utilizado en la vida política y que viene de la novela El Gatopardo, del italiano Giuseppe di Lampedusa (1896-1957), en la que el autor entroniza la paradoja de hacer cambios para que todo quede exactamente igual que antes.

 

El gatopardismo raulista lo resumió el coronel Marino Murillo, vicepresidente del Gobierno, en una reunión en la Asociación Nacional de Economistas, en octubre de 2013: "La actualización hay que entenderla como la modernización de la gestión, hacer la propiedad estatal más eficiente, que permita un amplio desarrollo de las fuerzas productivas, pero esto no se puede entender como un cambio de estructura de la propiedad estatal, esto debe quedar bien claro".

 

Es decir, el PCC ordenó jugar con la cadena (la burocracia), pero no con el mono (las fuerzas productivas). Ninguno de los economistas allí presentes le aclaró al  Vicepresidente que es precisamente la propiedad estatal la que impide el desarrollo de las fuerzas creadoras de riquezas.

 

Además, esa modernización nada tiene de moderna. Es una vieja receta aplicada en la Unión Soviética luego de la muerte de Stalin, llamada cálculo económico socialista, un absurdo según Ludwig von Mises, Friederich Hayek y toda la Escuela Austríaca de Economía, que demostraron que ello no es posible en una economía que suprime el mercado y la propiedad privada.

 

Las empresas  soviéticas tuvieron más autonomía. Obtenían un porcentaje de las utilidades y sus trabajadores podían duplicar o triplicar sus ingresos si sobrepasaban las metas trazadas centralmente. Lo mismo se hizo en toda Europa del Este, incluso con versiones más atrevidas en Hungría, Polonia, Rumania, y sobre todo en Alemania con sus combinados industriales. Aquellos remiendos no impidieron que el socialismo real europeo se viniera abajo.

 

En Cuba hace medio siglo se pudo haber aplicado la ahora llamada "actualización", o sea, el cálculo económico soviético. No fue posible por la oposición visceral del Che Guevara,  apoyada por su alumno en materia estalinista, Fidel Castro. Lo que se estableció fue el  sistema presupuestario totalmente centralizado  de la época de Stalin, pese a las recomendaciones de Carlos Rafael Rodríguez, el único economista capaz de la cúpula castrista de entonces y defensor del cálculo económico.

 

Claro, Rodríguez recogió velas al ver que el dueto Castro-Guevara (que de economía no sabía nada) calificaba de "traición al socialismo" los estímulos materiales (dinero) a los trabajadores, en vez de darles banderitas  y estímulos morales en la Emulación Socialista para formar la "conciencia comunista del  hombre nuevo".

 

Desde abril de 2014, con medio siglo de retraso, es que se aplica en la Isla la actualización soviética  post-estalinista. Es un "logro" raulista que las empresas estatales cubanas ahora hagan lo que pudieron hacer hace 54 años: venden ciertos excedentes de su producción al precio que dicta el mercado, se quedan hasta con la mitad de las ganancias, y establecen salarios más altos para sus empleados si hay  ganancias. El Gobierno central decide qué se produce y cuánto.

 

Pero  como advirtió Von Mises, en Cuba no se puede aplicar totalmente el cálculo económico -tampoco en la URSS se pudo-, que  busca la eficiencia, algo imposible en el socialismo con su ineficiencia genética. Ante todo hay que reducir los astronómicos costos de producción, para lo cual hay que despedir a los trabajadores estatales sobrantes. Eso es inviable si no hay propiedad privada capitalista que emplee a esa fuerza productiva penosamente inutilizada.

 

El régimen estima que los trabajadores sobrantes superan el 40% de la plantilla total de las empresas estatales, de unos 4,2 millones de empleados. Por cierto, en un hipotético sector privado, si cada uno de los 1,6 millones de esos trabajadores estatales que prácticamente no hacen nada produjese valores por $25.000 anuales podría casi duplicarse el Producto Interno Bruto del país.

 

Definitivamente, no hay reformas en Cuba. La crisis económica terminal seguirá agravándose, si no se liberan las fuerzas productivas y surge un pujante sector privado en la industria, el comercio, la agricultura y en toda la actividad económica. El PCC incluso está lejos de lo que hizo Lenin en 1921 cuando lanzó la Nueva Política Económica (NEP), la reforma de tipo capitalista que puso fin a la hambruna terrible que asolaba Rusia.

 

El triste drenaje cubano hacia el extranjero de lo más valioso que tiene cualquier economía, su capital humano, es un crimen histórico del  gatopardismo del  dictador y su junta militar.