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Viaje a la semilla

 

Elsa Claro, en Progreso Semanal

 

LA HABANA - ¿Será cierto que entre el 2013 y el 2014 van a eliminar la dualidad monetaria en Cuba? Errata de la publicación donde aparece el pronóstico o atrevido optimismo de la economista exponente. No parece evento muy cercano aunque se está trabajando en el fortalecimiento del peso para abandonar la divisa convertible (CUC) y su tasa de cambio que tanto incide sobre producción, costos y consumo.

 

Entre agrónomos de experiencia se plantea, por ejemplo, que el elevado precio de los bienes agrícolas al consumidor corriente, persiste, en cierta medida, por culpa de esa duplicidad entre las dos monedas circulantes en la Isla. Los crecimientos, algunos desmesurados, del costo de los productos en las tiendas que venden en CUC, provocan que quien pueda, busque compensación, subiendo, a su vez, el de aquello que vende, incluyendo algo indispensable como son los alimentos.

 

De por sí todo cuanto procede del campo adquiere recargos según la cantidad de manos por las cuales pasa. Mientras más larga sea la cadena de comercialización, mayor resulta el importe a erogar por el bolsillo común.

 

En general, tanto productores como intermediarios tratan de alcanzar los estándares establecidos por cuando circula en CUC. Mientras existan precios diferenciados para las ventas en moneda convertible y personas con capacidad económica de pagarlos, la carestía de los productos agrícolas no podrá ser resuelta satisfactoriamente. El criterio pertenece a uno de los expertos consultados, punto en el cual coinciden otros de sus colegas.

 

Colateralmente, una de varias causas para que los campesinos prefieran vender a diferentes intermediarios es porque Acopio, que también es un intermediario, rebaja la calidad de las mercancías con demoras y manipulaciones innecesarias. Si se vinculara el salario de los trabajadores de Acopio, a los resultados de su gestión, quizás sería mejor cuando ahora provoca mermas considerables, gran  irritación, y va a contrapelo del empeño por lograr la suficiencia alimentaria. Mientras tanto, aquellos perjudicados con la pérdida de una parte de cosechas ya contratadas, buscarán el modo de resarcirse a través del precio que pone a sus producciones.

 

Otro discernimiento de los expertos consultados: Quienes siembran pudieran vender a menores precios si todos los insumos que requieren pudieran obtenerlos en pesos cubanos. Los que se les ofertan en moneda nacional, no cubren sus necesidades y tienen que adquirir combustibles, ropas y utensilios en CUCs.

 

No deja de existir, en esta esfera, además, la mentalidad usurera de intermediarios y vendedores que ponen precios altos acordados entre ellos y muy por encima de cuanto pagaron al productor en el campo.

 

A tener en consideración está el hecho de que los costos de producción también son altos. Entre los factores concurrentes está un mayor empleo de mano de obra asalariada. El autónomo pues, según se expande, contrata más trabajadores, algunos para la vigilancia de las cosechas o el ganado.

 

En el resultado final que implica elevación o no de las producciones y el precio que se les otorga, hay circunstancias como la insuficiente cantidad de fertilizantes y útiles para el control de plagas y enfermedades. Eso afecta los rendimientos. Problemas serios se derivan por igual de la falta de semillas de calidad.

 

Desde 1963 y hasta 1990, la tecnología de producción de semillas tuvo un ascenso constante, de modo que el país tenía garantizada casi todas las que necesitaba. Se mejoraron las condiciones de producción, cosecha, beneficio y almacenamiento de las obtenidas y se trabajó en las bases legales para asegurar la aplicación de tecnologías afines. Por eso la importación de simientes se redujo apenas aciertos híbridos y variedades que por su excepcional comportamiento en nuestras condiciones naturales justificaban esa inversión.

 

La introducción de la biotecnología en estos procesos significó un avance importante. Hizo posible incluso exportar semillas y vitroplantas de algunos cultivos, pero a partir de los 90 comenzó el deterioro, en esencia, por la carencia de recursos para mantener esa infraestructura. La Empresa de Semillas concluyó desapareciendo, el Servicio de Inspección y Certificación perdió su capacidad de dar seguimiento a la producción y el tema semillas pasó a ser crítico. La agricultura urbana y la producción informal de semillas son un paliativo a las necesidades, mientras se intenta restaurar esa porción decisiva de la agricultura.

 

Los intentos estatales por mejorar la situación, incluyen el suministro de máquinas de riego  y los llamados paquetes tecnológicos para las “áreas protegidas”, a las cuales se suministra todo lo necesario, pero sucede que algunos desvían parte de ellos en beneficio de otras siembras. Y también ocurre que esos recursos a veces llegan tarde e impiden obtener los resultados esperados.

 

Como puede apreciarse, son diversos los componentes provocando que el crecimiento de la producción de alimentos sea inconsistente, con altibajos y no garanticen todavía la demanda.

 

La agricultura es una actividad económica de alto riesgo, baja rentabilidad y requerida de largo ciclo para recuperar las inversiones. Por eso es poco atractiva para el capital inversionista. Si a los problemas individuales, la situación económica o las pifias, se añade la necesidad de obtener ganancias en corto tiempo a toda costa y a todo costo, se explican varias de las causales de insuficientes producciones y precios galopantes.

 

Hay economistas que consideran que un buen y sostenido salto en lo agropecuario, determina el impulso, sería la chispa que moverá el resto de la economía nacional. Algo se hace para conseguirlo. Desde el año 2007 se implementan acciones en busca de reactivar tan decisivo sector.

 

Las gestiones oficiales buscan ahorros al producir lo que se ha estado importando en un mercado bajo control de las trasnacionales que incrementan los precios de modo alarmante. Se pretende un incremento en la esfera agropecuaria capaz de satisfacer las principales necesidades internas y un excedente destinado a la exportación de bienes.

 

Para conseguir esos fines se incrementó el precio que paga el estado por la leche que compra a los campesinos destinada al consumo social; igual sucede con la carne bovina y varios productos agrícolas. Se ha estado descentralizando (simplificación de estructuras y funciones ministeriales) de cuanto concierne a este ámbito económico para que sean los municipios, cerca de cada asunto, los que decidan o resuelvan cuanto a esa escala compete.

Se aumentó la entrega de tierras en usufructo, la cantidad que puede tener un campesino y las posibilidades de dejarla en herencia, así como construir viviendas y otras edificaciones propias de la actividad, generadoras de la producción primaria y procesamiento de alimentos.

 

También fue ampliado el microcrédito agrícola, pero algunos versados creen que se debería crear un banco agrícola que por su especialización y peso coadyuve al desempeño de los espacios débiles que hoy presenta el desarrollo de ese sector económico. Al propio tiempo, consideran necesario financiar la restauración de laboratorios y centros de beneficio, perdidos o perjudicados por la crisis vivida desde los 90.

 

Hay gente bien preparada para enfrentar los retos actuales. La voluntad oficial se expresa en lo hecho para dinamizar las fuerzas productivas en este importantísimo renglón, pero es preciso continuar aceitando engranajes, erradicar unos y cambiar otros, si se quiere un final feliz para esta historia que no concluye ni aquí ni ahora.

 

(*) Para la realización de este trabajo fueron consultados varios ingenieros agrónomos y académicos a quienes agradecemos su colaboración.