Cubanálisis  El Think-Tank

                                          RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

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Sobre beduinos y mercachifles

 

Frase popular, lapidaria en precisión y tono; dibujando, a las señoronas miamenses de peeling y Lexus, a los panzones caballeros de «tití manía» y Rolex

 

Pedro González Munné, Periódico La Nación Cubana

 

Fue una frase popular, aún lapidaria en precisión y tono; tildaba hace años de «izquierda de Kendall», a nuestras señoronas mayamenses de peeling y Lexus, a nuestros panzones caballeros de «tití manía» y Rolex.

 

La expresión retrataba a quienes escogen las peligrosas «sierras» de los barrios exclusivos del condado Miami-Dade para hacer profesión de fe en cuanto a Cuba y la misma comunidad cubana que sangran y con la cual dicen vivir.

 

Recuerdo una exclusiva reunión -la primera y la última para nosotros- donde algunos reían la anécdota de la esposa de un dirigente cubano, suplicando por jabón para la ropa de sus hijos -aquellos panes de jabón amarillo-donde la mano enjoyada se regodeaba en los detalles de su reciente aventura habanera.

 

Algunos confunden la asiduidad de las visitas a La Habana, o a las oficinas diplomáticas cubanas, con respeto y amor por Cuba y su Revolución. Pero es todo lo contrario: quienes traicionaron o cambiaron de casaca, son hoy los afanosos pescadores de la revuelta quimera dorada del sentimiento cubano.

 

Quienes porfían en mantener el embargo, no son sólo los integrantes de la desacreditada industria política e informativa de Mayami, dirigida al holocausto de un pueblo, conscientes en su desesperación de que no tienen lugar en el futuro de la nación cubana.

 

Con ellos apuntalan en la sombra y el grupo, aquellos cuya fortuna está empedrada con el sacrificio de nuestras familias, de nuestros humildes que se privan de lo imprescindible para llenar sus maletas con obsequios, y ayuda para los suyos en la isla, pagando precios o­nerosos por una visita que les costará después innumerables privaciones.

 

No somos una emigración rica, tampoco tenemos para derrochar ni ostentar, desgraciadamente el candil de la calle es la oscuridad de la casa y nos presentamos ante familiares y amigos en Cuba, como lo exitosos que no somos, lo potentados que quisiéramos o lo acaudalados que nunca fuimos.

 

Recuerdo con dolor cuando hace algunos meses, en la antesala de una exitosa abogada de Miami, presencié la agonía de un padre, recién llegado legalmente de la isla, llorando por regresar a Cuba, pues de exitoso chofer de taxi de turismo había pasado a empaquetador de supermercado de $100 dólares a la semana.

 

Es triste ver llorar a un hombre, sobre todo cuando se encontraba desahuciado por su propia tía, la cual lo sostuvo varias semanas en la sala de su minúsculo apartamento de Pequeña Habana, mantenido a duras penas con su retiro. Esa misma tía que se vendía en sus visitas anuales a Cuba -cargada como "mula" por quienes le pagaban el viaje- como potentada de Miami Beach.

 

Codo a codo con esos mercachifles de la esperaza están los beduinos del exilio, aquellos que en sus famélicas tribunas de papel, vociferan su falaz amor por Cuba, ostentan su patriotismo su patriotismo de pacotilla y dan fe de interés de un mañana para la nación, pero no mueven un dedo por los suyos de Hialeah, ni defienden una causa que les provoque un minuto de sudor en una esquina.

 

Quienes ostentan los diez minutos de fama escamoteada del sacrificio de los nuestros en las fronteras del odio y agitan las banderas del patriotismo con el mismo furor que aprendieron al desprenderse de los marranos del otro bando, olvidan que los pueblos están hastiados de palabras huecas: el momento es de acción y toma de posiciones, no de resquemores y trastiendas de alcahuetas.

 

Recuerdo gente de mi propia sangre, anticomunistas furibundos con sus muertos frescos en el alma, firmando proclamas para levantar el embargo genocida de medicinas y alimentos al pueblo cubano, mientras mercachifles y beduinos engavetaban las listas: "...para no molestar a los clientes", "...no apoyo nada que venga de Fulano-de-Tal"

 

La palabra de orden es integridad y futuro, el minuto llama a ocupar las posiciones que abandonan quienes con la intimidación y la violencia, subyugaron a una comunidad y la han llevado al erial de odio y corrupción que es hoy el sur de la Florida.

 

Nuestra comunidad está dispuesta a fecundar, a quienes aterra la sangre de los alumbramientos insurrectos, pueden regresar a sus rincones a saciar en el o­nanismo sus placeres oscuros. Es hora de fecundar y crecer, pero a plena luz.