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Si esto lo coge un privado…

 

Eileen Sosin Martínez, en Progreso Semanal

 

LA HABANA. El grupo de amigos pasaba por la esquina de 23 y Avenida de los Presidentes. Alain se quedó mirando el estado paupérrimo de lo que fuera el Café G, el escenario de tantos buenos recuerdos durante la universidad, hace apenas unos años. “Te das cuenta… Ahora, si esto lo coge un privado… enseguida levanta”.

 

Varias veces he escuchado esa frase, que resume la evidencia inobjetable del antes y después. En muchos lugares de la ciudad, establecimientos estatales han salido de la ruina -constructiva o económica-, para convertirse en rutilantes negocios particulares. ¿Y eso es malo? No, claro que no.

 

Lo malo, o mejor dicho, lo preocupante, es la conclusión de Alain, según la cual lo privado funciona, es eficiente -hasta bonito-, y lo estatal, no. Una presunta dicotomía para nada saludable.

 

El profesor e investigador Ricardo Torres explica que la estructura socioeconómica de la transición al socialismo es heterogénea, dada la coexistencia de múltiples tipos de propiedad. “Se supone que en este proceso se crean las condiciones para que las tipologías más sociales o colectivas se vayan constituyendo como dominantes”.

 

En el contexto cubano, esas formas más sociales serían las cooperativas y la empresa estatal. Luego, resulta difícil entender por qué para abrir un emprendimiento particular solo hace falta obtener una licencia, que otorga el gobierno municipal; mientras una cooperativa no agropecuaria tiene que aprobarla un ministro, o el propio Consejo de Ministros.

 

Por su parte, la empresa estatal apenas reacciona a medidas que pretenden hacerla más ágil y productiva. El año pasado se anunció que en 2017 aparecerá una nueva Ley de Empresas, sin que hayamos tenido más noticias sobre cómo marcha el proceso legislativo.

 

En ambos casos, la “gradualidad” y el carácter “experimental” -que podrían ser positivos- devienen un agua pantanosa en la que se avanza poco o nada. “Lo que está ocurriendo hoy, a mi juicio, es que el sector más dinámico no es el estatal; incluso en términos de crecimiento, generación de empleo y de incorporación de innovación a los procesos económicos”, resume el profesor Juan Triana.

 

Algunos expertos han comentado que las actuales transformaciones ocurren en dos velocidades: una lenta, aquella que se ejecuta a altos niveles, e implica modificaciones jurídicas, estructurales; y otra rápida, la que se observa a ras de calle, donde se ubican las pequeñas empresas, pero también el aumento de los precios, y una mayor diferenciación entre personas y grupos. Lejos de un punto medio, a ratos la lentitud parece demasiada, y la rapidez también.

 

Alrededor de un tercio de la población laboralmente activa trabaja en el área no estatal. “La conformación de sus intereses, de su visión de futuro, es totalmente diferente -señala Triana-. Esto cambia absolutamente el equilibrio social y político en Cuba”.

 

Un estudio* entre cuentapropistas habaneros arroja que para ellos es importante pertenecer a este grupo, lo cual responde a la satisfacción de sus necesidades, mejor calidad de vida y solvencia económica; tanto para sí mismos como para sus familias.

 

Todos consideraban que en el porvenir estarán en condiciones de mayor bienestar que ahora, no así el resto de los grupos, en especial los obreros y quienes dependen del sector estatal. “Tendrían que cambiar muchas cosas (…) Actualmente nada se hace de forma estable y con visión de futuro (…) El Estado es muy malo administrando y cualquier cosa puede pasar. (…) Me considero en el techo de lo que puedo hacer, debido a la situación del país y la falta económica; no creo que la dirección cambie”, fueron algunas opiniones recogidas.

 

A pesar de todos los problemas que enfrenta, el emprendimiento individual ha alcanzado el poco usual mérito de mostrar resultados. Tal vez por eso, muchos lo perciben como la punta de lanza de los cambios.  El socialismo implica necesariamente la socialización de la riqueza y del poder. Sin embargo, en la reforma cubana las modalidades más colectivas han tenido menos margen para demostrar sus potencialidades.

 

“En un escenario donde las empresas públicas son dominantes y mayormente ineficientes, no se socializa riqueza ni se libera al hombre de la enajenación, más bien todo lo contrario. ¿Qué valor tiene una entidad que es pública y registra pérdidas continuadas o crece por debajo de su potencial, no crea empleos bien remunerados, contamina el medio ambiente, y ofrece bienes y servicios de escasa calidad? Estas preguntas deberían formar parte de un debate social serio”, destaca Torres.

 

El ex ministro de economía José Luis Rodríguez ha insistido en el rol de los trabajadores. “Para mí este tema es clave. No es sencillo, no se resuelve de cualquier manera… Pero si las personas no se sienten empoderadas, participando directamente en las decisiones, no vamos a avanzar a los ritmos que se quiere, porque no se sienten parte del proceso, ni de la responsabilidad del costo de las transformaciones”.

 

Los cambios se realizan con gente. Es decir, no se trata solo de optimizar procesos, racionalidad, inversiones, estadísticas… también hay que contar con las opiniones, conocimientos, estados de ánimo, sentimientos, proyectos de vida…

 

La puesta en práctica de los Lineamientos no solo contribuye a la “actualización” del modelo económico, sino también de las relaciones sociales, anota la psicóloga Daybel Pañellas. Los propios economistas afirman que el debate trasciende lo meramente económico.

 

Si el Estado y el sector privado se perciben como el bueno y el malo -o viceversa-, como el monstruo inoperante y el summum del desarrollo; si el fortalecimiento de uno provoca que se deslegitime el otro, si parecen polos opuestos, y no complementarios e interconectados… Si esas representaciones se convierten en hegemónicas, habremos perdido un norte vital.

 

Y ya se sabe que, antes que tomar rutas ajenas, mejor se hace camino al andar. Pero hay que andar. El mismo Raúl lo ha dicho: sin prisa pero sin pausa. O sea, sin pausa.

 

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*“Reconfiguración de relaciones sociales: pistas desde cuentapropistas capitalinos”, Daybel Pañellas Álvarez. En: Miradas a la economía cubana, Análisis del sector no estatal, Editorial Caminos, La Habana, 2015.