Cubanálisis  El Think-Tank

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Se oponen cubano-americanos de Miami al levantamiento del bloqueo

 

Pedro Campos, Kaos en la red

 

Es equivocado creer que por rechazar el burocrático capitalismo de estado impuesto en nombre del socialismo, el pueblo cubano esté dispuesto a cambiarlo por otro capitalismo

 

De regreso a EEUU, luego de su encuentro con el Presidente Raúl Castro, el líder musulmán norteamericano Louis Farrakhan, manifestó que el dirigente cubano le había dicho que Cuba estaba preparada para conversar con las autoridades de EEUU.

 

Pronto se conocieron reacciones de voceros cubano-americanos que se oponen al levantamiento del bloqueo hasta que el gobierno de Raúl Castro no realice cambios sustanciales en el modelo político económico y social, al tiempo que acusan al General y Presidente de ser fiel al legado anti norteamericano de su hermano.

 

Esta posición va contra los intereses de todos los cubanos, de los de dentro y los de fuera, sean partidarios, adversarios o indiferentes al gobierno cubano, puesto que pretende convertir al pueblo cubano en rehén de las políticas de ambos gobiernos.

 

De esta manera las leyes del bloqueo que afectan al pueblo cubano y no solo al gobierno, se mantendrían mientras el gobierno cubano no haga “cambios”, como si el levantamiento del bloqueo tuviera como resultado mayor, perdurable y único, favorecer al actual gobierno y sus políticas socio-económicas.

 

Los que sustentan esta posición no se percatan de que la continuación de esas medidas afecta a millones de cubanos en forma directa o indirecta, económica y políticamente, que no son precisamente  funcionarios del gobierno. Además, tampoco entienden que, precisamente, el bloqueo es una de las justificaciones principales de los retardatarios en el gobierno cubano para tratar de mantener su filosofía de ciudadela sitiada y sus restricciones internas.

 

Esa política de bloqueo que ha tenido por fin enfrentar al pueblo y al gobierno cubanos, para tratar de revertir el proceso revolucionario, no solo ha fracasado en lograr sus objetivos tácticos y estratégicos, sino que ha dificultado y continúa obstaculizando las luchas reivindicativas, democráticas y económicas del pueblo cubano.

 

Si el pueblo de Cuba se opone cada vez más a la continuación del viejo modelo estatalista asalariado centralizado y hasta dentro del gobierno hay quienes se esfuerzan en realizar modificaciones, que muchos creemos insuficientes, no es precisamente debido al bloqueo, sino a las propias contradicciones del entuerto neoestalinista.

 

Los cubanos, a pesar de los bloqueos externo e interno, vamos encontrando los caminos para impulsar la democratización de la política y la socialización de la economía y deshacernos del capitalismo de estado impuesto en nombre del socialismo y al mismo tiempo tomar distancia permanente del gran gigante del Norte que tanto daño ha hecho a varias generaciones de cubanos con sus políticas hostiles, terroristas y saboteadoras.

 

Algún día, algún gobernante honorable de EEUU, tendrá que pedir perdón al pueblo de Cuba por tanto perjuicio.

 

Si bien es absurdo echar todas las culpas de nuestros desastres al imperialismo yanqui, no es menos cierto que sus políticas hostiles han ayudado a legitimar, ante buena parte del pueblo y de la izquierda mundial, al gobierno que lleva más de medio siglo en el poder haciendo y deshaciendo en nombre de un socialismo que nunca existió.

 

Pero es un gran error de cálculo de los imperialistas norteamericanos y de algunos cubano-americanos, creer que por rechazar el modelo burocrático de capitalismo de estado impuesto por “socialismo”, el pueblo cubano en su mayoría esté interesado en cambiarlo por otro capitalismo también explotador de la fuerza de trabajo, también alienante, también excluyente.

 

No. No queremos cambiar un capitalismo por otro. No, abanderados del bloqueo, el pueblo cubano quiere ser dueño él, soberanamente de sus destinos, de sus tierras, de sus empresas, de sus playas, de sus montañas y de su sol. Los cubanos –mayoritariamente- hemos aprendido a rechazar la explotación, venga de donde venga, no queremos ser explotados por nadie y no queremos sustituir al estado explotador, por otros varios explotadores individuales nacionales o extranjeros.

 

“Queremos administrar nosotros mismos nuestros negocios y repartirnos las ganancias”: Tal es el sentir que aprecio en la mayoría de los trabajadores con los que hablo, sean manuales o intelectuales, sean técnicos o profesionales. Es lo que hacen a contrapelo del control estatal. Es lo que evidencia el crecimiento del trabajo por cuenta propia.

 

La burocracia acusa a los trabajadores de desviar recursos y no quiere, no puede o no le conviene darse cuenta que, de lo que se trata, es de una nueva redistribución de las utilidades,  que el estado pretende solo para sí, pero que los  productores se las arreglan para que los beneficie a ellos también.

 

Ya en algún trabajo anterior explicaba que los trabajadores cubanos, a su modo y manera, aplican la ley de justa compensación del derecho romano: el trabajador libre tiene derecho a apropiarse de bienes equivalentes a su salario, si éste le es negado por el patrono.

 

El estado-empresa no es capaz de rectificar la esencia asalariada  de su política económica, sigue pagando sueldos de miseria en moneda devaluada y exigiendo a los trabajadores que trabajen más, mientras continúa concentrando riqueza para realizar más inversiones, para ganar más dinero, para luego volver a hacer más inversiones, y reeditar el ciclo del capital D-M-D´, como mismo hacen las grandes corporaciones capitalistas y manejado todo por una burocracia que ni puede esconde su corrupción.

 

Algunos trabajadores, por rechazo al capitalismo de estado, porque las empresas extranjeras pagan mejor que el estado, por ausencia de otras oportunidades  y por desconocer que existen otras formas de organizar la producción, no explotadoras, más humanas y más beneficiosas, para los seres humanos y los colectivos laborales y la sociedad, dicen preferir trabajar para “un yuma” que pague mejor.

 

Es un sub-producto fétido de la incultura política generada por el “socialismo de estado”, que podría perdurar únicamente, mientras los comunistas democráticos no podamos llegar a los que así piensan. No recuerdo uno solo de estos “defensores” del capitalismo privado, que en una conversación calmada, no termine aprobando la participación de los trabajadores en la dirección, la gestión y las ganancias de las empresas. Por eso, tanto la burocracia como la derecha, tratan de excluir del léxico cubano la palabra autogestión.

 

Pero nunca más será posible en Cuba imponer el poder absoluto de las transnacionales y del “poderoso caballero”, nunca más será posible esquilmar impunemente a los trabajadores, ni matar el espíritu de solidaridad del pueblo  cubano para consigo mismo, -especialmente a lo interno de la familia rota; pero en proceso de reunificación-, y con los demás pueblos del mundo.

 

El bloqueo es criminal e ilegal y debe cesar incondicionalmente. Lo que hagamos o decidamos internamente los cubanos, nada tiene que ver con que el bloqueo sea levantado o mantenido. Es un “maletín” del imperio.

 

Si el gobierno cubano quiere negociar con EEUU las medidas democráticas que debería libremente tomar en el orden interno, para conseguir que le levanten las sanciones, es asunto de su incumbencia y es su responsabilidad ante la Historia. Algunos creemos que nuestros asuntos internos corresponden a la soberanía de los cubanos y preferiríamos no tratar nada de nuestros problemas bilaterales con quien mantiene una posición agresiva, hostil y saboteadora contra nuestro país.

 

Muchos cubanos sencillos, simplemente, ni aceptamos el bloqueo imperialista, ni la continuación de políticas gubernamentales restrictivas lesivas a nuestra soberanía popular, a nuestras libertades individuales y colectivas, que pretenden justificarse mutuamente.