Cubanálisis  El Think-Tank

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Sacando el jugo. Invertir en el ser humano: ¿y después qué?

 

Marcos Bronstein, en Progreso Semanal

 

Si la naranja es dulce, beberla fría es una delicia. Si agria, sirve de adobo, que no es poca cosa pues se integra al todo, ya verán por qué. No voy a dar una receta. Lo anterior vale como metáfora o parábola inconclusa. Ahora a “exprimir”.

 

Según el censo de 2013 en su edición de 2014, la población económicamente activa en Cuba es como sigue:

 

  • Población económicamente activa: 5105,500
  • Población económicamente ocupada: 4’969,800
  • Población universitaria graduada hasta 2013: 1’065,000, de ellos 1’054,000 ocupados
  • Población de técnicos medios hasta 2013: 2’653,400, de ellos 2’551,600 ocupados

 

Los números son más elocuentes que las palabras y lo primero que expresan es que más de la mitad de la población económicamente activa posee nivel universitario y técnico medio. Aún más, si sumamos los desocupados y el resultado lo contrastamos con el total de la población realmente ocupada… No hay dudas: el país ha hecho una fuerte inversión en el sector de la capacitación humana de alto nivel.

 

Cabe preguntarse qué otro país de nuestra región latinoamericana y del mundo en desarrollo dispone de una fuerza laboral tan altamente preparada. La formación del capital humano, que no es otra cosa que los números apuntados arriba, constituye una prioridad a escala planetaria, máxime en un mundo como el de hoy, cuando el sector industrial y económico precisa cada vez más de personas capacitadas para participar en la cadena de valor agregado. ¿Y qué hemos hecho o logrado los cubanos con tan fuerte empeño en la formación de capital humano? ¿Cuánto jugo hemos obtenido y cuánto hemos desperdiciado?

 

Si el capital humano no ha rendido lo esperado no ha sido responsabilidad de estos  protagonistas estelares. Depende de otros factores, unos externos y otros internos, a veces derivados del anterior -otros no, son endógenos. Entre ambos pusieron en la cola al pensamiento técnico-científico, y por cierto mal remunerado.

 

¿Entonces se trata del modelo usado para “extraer” el jugo? Algo de esto hay, porque de lo contrario no andaríamos en un proceso de cambios y reformas para resolver nuestros problemas e insertarnos de lleno en el escenario mundial.

 

Recientemente, en un artículo publicado en Progreso Semanal por el profesor Jesús Arboleya, este, al opinar sobre el interés económico desatado a partir del 17D, anotaba:

 

En pocos lugares las empresas norteamericanas pueden encontrar una fuerza de trabajo tan calificada. Ello implica que el interés fundamental no debe estar dirigido a reproducir las maquilas existentes en otras partes, sino a propiciar actividades productivas más complejas, que incluyen el uso de nuevas tecnologías, la producción softwares y el desarrollo de investigaciones científicas, con la perspectiva de integrarlas a las cadenas de valor originadas por la llamada “revolución del conocimiento”, que se lleva a cabo en ese país.

 

Opino que más allá de los miles de millones (sean 6 mil o 10 mil) provenientes del comercio, inversiones, etcétera; entre EE.UU. y Cuba, la clave la da Arboleya al señalar al factor humano calificado para participar en esa “revolución del conocimiento”. Y no solo en ese país, agrego, pues se trata de un fenómeno planetario cuya única frontera reside en la capacidad para participar o no en la cadena de producción con capital humano. Los cubanos tenemos ese capital e incluso sectores que trabajan en las llamadas ciencias de punta con aceptable éxito. Insisto, el portaviones Cuba, enclavado en cruce estratégico, cuenta con la preparación imprescindible y no debe ni tiene que aceptar el aterrizaje en cubierta a todo ente volante, provenga de donde sea. Tampoco amarrarse a uno solo.

 

La naranja agria

 

Utilizada en la cocina para sazonar la comida, en esta sección la empleo como metáfora del condimento cubano que puede formar parte de la cadena de valor en los nuevos modelos de producción a partir de la riqueza humana que poseemos… pero… ¿Por qué, cada vez que pueden, estos profesionales y técnicos altamente calificados, optan por marcharse del país, cuando pueden o deciden migrar a otros empleos en el patio nacional?

 

En teoría, la profesión escogida y practicada debería ofrecer, entre otras, dos grandes compensaciones: la realización personal mediante la identificación con la labor específica que desarrolla y una debida remuneración económica. Entre ambas el trabajo comienza a dibujarse a escala mínima como lo soñaron los utopistas y teóricos: un divertimento creativo, el sentido lúdico del trabajo. Pero en la práctica esto no sucede así. Y en numerosos casos ni lo uno ni lo otro, solo la rutina obligada. El desgano del “da igual”.

 

Esta fuerza laboral es la mayor riqueza con la que cuenta el país -basta ver por dónde entran nuestros mayores ingresos- y no es raro encontrarnos a estos profesionales (me ha sucedido) conduciendo un taxi, o de camareras en un paladar (restorán privado), o reparando o construyendo viviendas en brigadas cooperativas, una labor que les ha sido ajena. A ellos les he preguntado el por qué. Respuestas esperadas: “con lo que ganaba en (…) no podía vivir”… “no nos tienen en cuenta las opiniones”… “todo viene de arriba, entonces, ¿pa´ qué estudié?”, entre otras.

 

Urge preservarlos y gratificarlos. También es urgente revalorizar la relación conducción política-administración empresarial con los criterios técnicos. Sería triste que después de tanto esfuerzo volvamos a ser solo una islita en los mapas turísticos.

 

Internet: una brecha

 

Para finalizar, vuelvo una vez más al tema internet. No hay nada nuevo: ratifico que la “última milla” determinará cuándo llegará a las casas. Será a unas primero y a otras después. Dependerá, entre otros factores, del estado de la infraestructura (cables, pares, etcétera), como ya escribí.

 

A modo de apostilla sobre el tema de la inversión humana, les cuento sobre una brecha sumamente llamativa. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), Cuba está ubicada en el puesto 160 en la lista de los países con acceso aceptable a internet. Estamos prácticamente en la cola.

 

PERO en cuanto a conocimiento, capacitación para el desempeño en esa tecnología, nos ubicamos en el puesto 40. ¿Qué les parece? Vale decir que ocupamos un buen lugar en cuanto a la capacitación técnica para el uso de la web, pero no disponemos de ella, de ahí el 160. Tremenda y elocuente contradicción. Vivan nuestros técnicos.

 

Chao y hasta la próxima.