Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

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¡Qué cuadra, señores!

 

Aquí lo mismo se venden artículos religiosos que adornos para fiestas infantiles

 

Aurelio Pedroso, Progreso Semanal

 

Si alguien en Cuba con dos dedos de frente más un poco de ingenio organizara una hilera de no tan cómodas butacas para que serios analistas internacionales y algunos locales tomaran asiento bajo las sombras de la conocida avenida Salvador Allende –que todos continuarán llamando Carlos III-, la percepción del futuro inmediato de la isla estaría menos difusa.

 

Quien suscribe propondría el tramo comprendido entre las calles Retiro y Plasencia, en el actual municipio Centro Habana, donde sin mucho esfuerzo se puede apreciar el resucitar del germen comercial que alcanzó la ciudad en otros tiempos ya pasados.

 

De esquina a esquina, bajo los soportales del sitio ya mencionado, se pueden encontrar en no menos de 100 metros un lugar dedicado a la venta de “artículos religiosos” que es capaz de desdoblarse en un mini comercio donde se pueden adquirir piñatas u otros componentes para una velada infantil. Fiesta o brujería, a escoger. Copiadores, como los chinos, tienen un cartel de un par de metros cuadrados que reza: “¡Ño, qué barato!”.

 

A sólo unos segundos de marcha, un amplio surtido de ropa para jóvenes que incluye ese rarísimo grito de la moda de exhibir la bandera inglesa hasta en un par de tenis común y corriente o una sugerente prenda interior como si la flema de estos caballeros tuviere que enseñarnos algo de esa materia amorosa a los latinos.

 

Recostado a una columna, un joven catálogo en mano, con una muestra fotográfica de muebles para el hogar. Frente a él, un carretillero con tal variedad de frutas, vegetales, viandas y hortalizas dignas de ser filmadas o fotografiadas.

 

Si el reloj anda un tanto díscolo, pues ahí será fácil encontrar a quien intentará arreglarlo con las más de mil y una mañas que la gente en Cuba ha adquirido bajo la presión de las limitaciones y necesidades como aquella ya antológica de convertir la corteza de una toronja en suculenta palomilla.

 

Con tanto calor tenemos, además, al fabricante de helados con un surtido de muy variados sabores y si en el acto de sostener el barquillo, tiembla una fantasía en la sortija o collar, estará presto un joyero que comparte portal y que de paso anuncia que compra oro.

 

En otra de las columnas, con ese estilo tan propio de los cubanos de apoyarse o abrazarse a ellas hasta formar un sólido conjunto, una señora entrada en años vende toallitas multicolores de mano y una colección de talismanes para la buena suerte que no pocos necesitan.

 

¿Problemas con el “Yale”? Un émulo del húngaro Harry Houdini le compondrá la cerradura o le tendrá lista en segundos una copia de la llave principal de la vivienda.

 

Y como no andamos tan alejados del uso y abuso de teléfonos celulares, en la misma esquina le aguardarán dos jóvenes ingenieros dispuestos a arreglar, vender y hasta comprar o facilitarle determinado accesorio. A la par de ellos, el surtido de calzado para cualquier edad obliga, al menos, detener la marcha para observarlos en tanta variedad y estilo.

 

Ningún negocio de los mencionados es estatal. Todo lo contrario, son privados y los precios que corren, regateo de por medio, se corresponden a la oferta y demanda. Un paisaje inaudito si lo comparamos con La Habana de hace pocos años.

 

La Avenida de Carlos III, entre Retiro y Plasencia, tiene obviamente, cuidadores de autos, distinguibles en la distancia gracias a esas gorras y chalecos rojos que anuncian el oficio y la existencia del ron Havana Club.

 

Converso con uno de ellos que a los pocos minutos de charla se convierte en una máquina de elaborar frases, palabras sueltas, interjecciones, señas y muecas. Todo lo necesario para hacerme comprender que aunque la gente se queja de la falta de dinero, él ve diariamente a muchos comprando. “Y no quiera Usted entrar al centro comercial (llamado Plaza de Carlos III, propiedad de la corporación estatal Cimex) para que usted vea cómo compra la genet… Yo, la verdad es que no entiendo”.

 

El peculiar diálogo se interrumpe con la silenciosa llegada del coche patrulla número 348. El “parqueador” detiene la cantaleta y me lanza un guiño a modo de aviso: “Los bicitaxi… La policía está chequeando la documentación de los bicitaxi porque hay mucho relajo con eso”.

 

Vale recordar que en otros tiempos no lejanos, era la policía quien arremetía contra esos vendedores, decomisaba la mercancía y cargaba con ellos para la estación, con abundantes papeletas para que el infractor luego tomara el camino de la cárcel. Pero en la actualidad, se dedican a poner orden en esos temerarios hombres centauros aferrados a tales engendros ciclísticos convertidos en taxis sin la menor noción de las reglas del tránsito.

 

“Para qué decir”, continúa el hombre que habla y no deja de mirar a los carros o autos que tiene bajo su custodia. “Mire, camine un poco más para arriba y encontrará un soldador a domicilio y si busca, encontrará hasta un chaleco antibalas. Algún día, hasta cajas de muerto con buena madera”.

 

Así vamos, sin retroceso, con carácter irreversible, cualidades que comprobarán nuestros analistas invitados a la experiencia de observar y meditar. Y, según se anuncia, durante los años 2013 y 2014 vendrán las medidas de mayor calado.