Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

Prioridad 170

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

Siga la burocracia olvidándose del estimulo al trabajo, mientras siguen aumentando los precios, que el trabajo va a terminar olvidándose de de la burocracia.

 

Por mucho que se busque el estímulo al trabajo en los lineamientos aprobados por el VI Congreso del PCC, la más clara referencia se encontrará en el lineamiento 170.

 

Éste expresa textualmente: “Asegurar que los salarios garanticen que cada cual reciba según su trabajo, que este genere productos y servicios con calidad e incremento de la producción y la productividad y que los ingresos salariales tengan un reflejo efectivo en la satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores y su familia”.

 

Y hasta en este lineamiento se evidencia que su objetivo principal no es estimular el trabajo, satisfacer las necesidades de los trabajadores, sino generar “productos y servicios e incrementar la producción y la productividad”.

 

Lo que debía ser fin: satisfacer las necesidades de los trabajadores, aparece, básicamente, como medio. Y lo que debía ser medio: generar productos y servicios, aparece fundamentalmente, como fin. Un trastoque total entre fines y medios. Para el capitalismo el fin es la ganancia para lo cual hay que aumentar la producción. Para el socialismo el fin debería ser satisfacer las necesidades de los productores.

 

En ese lineamiento, se hace referencia dos veces al salario -que caracteriza la forma capitalista de producción- y jamás, en ningún lineamiento, se habla de distribución de una parte de las utilidades de las empresas entre los trabajadores, tal y como se propuso expresamente por Fidel en el programa del Moncada, La Historia me absolverá, nunca concretada.

 

La repartición de una parte de las utilidades entre los trabajadores es fundamental, estratégica, la base real de una distribución socialista. Nunca es tarde.

 

Los que concibieron e impulsaron la aprobación de los lineamientos, evidentemente confiaron el aumento de la producción al “perfeccionamiento” de los mecanismos y sistemas de control del estado, al ahorro, a la “eficiencia”, a la introducción de la técnica, a la compactación de ministerios y reducciones de plantillas y subsidios, a las política inversionista, fiscales, monetarias y de precios, a la inversión de capital extranjero: en fin a medidas tecnocráticas, fundamentalmente.

 

La movilización interesada, real y efectiva de los trabajadores, sin la cual es imposible cualquier obra social de consideración, brilla por su ausencia en los lineamientos.

 

La repartición burocrática de tierras a campesinos individuales, con su enfoque pequeño burgués, desligado de la cooperación entre productores, ha estimulado sobre todo el trabajo asalariado en el campo para los campesinos ricos, cuando debió realizarse sobre el fomento del cooperativismo. Es verdad que se exige a los nuevos campesinos incorporarse a una CCS, “Cooperativa de Créditos y Servicios”; pero todos sabemos que estas CCS facilitan el trabajo asalariado y están preñadas de controles burocráticos y enfoques mercantilistas, que distorsionan el cooperativismo socialista.

 

Olvidaron lo más importante, a lo que se debieron dedicar varios y más priorizados lineamientos: para que haya producción tiene que haber estímulo, si el productor no tiene un interés directo en producir, en trabajar mejor, si no hay estímulo al que trabaja, no hay aumento posible de la producción. Los tecno-burócratas piensan así: “para aumentar salario, primero hay que aumentar la producción”, como si ésta fuera posible sin estímulo.

 

Artículos anteriores han explicado como el valor de la fuerza de trabajo empleado en producir una mercancía, va incluida en el precio. Esto se conoce desde antes de Marx. Pero algunos de nuestros burócratas, disque comunistas, el socialismo no considera mercancía la fuerza de trabajo y por tanto no está interesado en producir “mercancías” para el mercado interno, pero para el externo, en busca de divisas, sí venden hasta su alma, como si no existiera ninguna relación entre ambos mercados.

 

Esa visión dicotómica del mercado explica y justifica muchas cosas. Ya se ha explicado, también, cuan dañino ha sido dar máxima atención al mercado externo y considerar al interno una simple distribución de productos. Hasta el presente, ninguna sociedad ha generado un sólido mercado externo, sin haber desarrollado primero el interno.

 

Es parte de la satanización del mercado, por el “socialismo” trasnochado, cuando el diablo está en el trabajo asalariado.

 

Hoy, cuatro años después de haberse iniciado la aplicación de las medidas de la actualización, aprobadas por el partido cuando ya se estaban aplicando, lo evidente es una disminución general en la producción nacional y se anuncia un nuevo aumento de los precios en los productos de masivo consumo popular en divisas, para compensar los déficits económicos del estado, creados por sus propias políticas, con su consecuencia directamente proporcional en la disminución del poder adquisitivo de los salarios.

 

De nuevo, la ineficiencia del sistema estatalista caerá sobre los hombros del pueblo, de los trabajadores. No hay derecho. No es justo. ¿Por qué no se reducen las prebendas de la burocracia, sus carros cómicos, sus cuotas de gasolina, sus tiendas y cuotas especiales, sus vacaciones en instalaciones turísticas de divisa pagadas a un peso cubano por un CUC?

 

Es ella la responsable de la situación, no el pueblo ni los trabajadores.

 

Es claro: hasta ahora, las medidas estadocéntricas de la actualización, concentradas en la disminución de los empleos y subsidios estatales, la liberación de algunas absurdas prohibiciones y en promover un limitado numero de actividades por cuenta propia y la contratación de trabajadores por éstos, no están alcanzando los impactos esperados en el aumento de la producción y en la solución de los principales problemas que agobian al cubano medio.

 

Y es que de haberse aplicado siquiera medianamente, ese aislado lineamiento 170, -quizás el número indique la prioridad-, la situación hoy no sería la misma.

 

Pero no, el lineamiento 170 no está priorizado. Los funcionarios públicos están enfrascados en otros asuntos y no en “Asegurar que los salarios garanticen que cada cual reciba según su trabajo… que los ingresos salariales tengan un reflejo efectivo en la satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores y su familia”.

 

Los salarios de los trabajadores, -para no hablar de que el socialismo es el camino a la abolición del trabajo asalariado-, no están en la prioridad de los dirigentes ministeriales y partidistas, pues ni se mencionan, como si la gente tuviera que trabajar por agradecimiento para el estado.

 

En sus visitas ocasionales a centros de producción o servicios, a obras de infraestructura, centran su atención en el cumplimiento o incumplimiento de los planes, en los cronogramas de inversión y otros por el estilo. Y las causas de los problemas las “encuentran” en la “actitud” de los trabajadores y del “cuadro” designado para dirigir los planes.

 

No se ha visto en la prensa que alguno se preocupe de cómo se refleja lo que gana o deja ganar la empresa, en los ingresos de los trabajadores. Ni siquiera parecen percatarse del nivel de deserción actual de los empleos técnicos, profesionales y de servicios en el estado, que emigran al sector privado, con mejor paga.

 

¡Qué fomento arbitrario del capitalismo más primitivo! Si se lo hubieran propuesto, no lo hubieran hecho mejor.

 

No saben que, probablemente en menos de un  año, la cifra de desertores del trabajo estatal por voluntad propia, dejará chiquita la de millón y medio de trabajadores que pensaban despedir, y no precisamente de los empleos que se proponía reducir el estado, si éste mantiene los salarios y precios actuales.

 

Una conversación con dos jóvenes profesionales, un ingeniero y un informático, por separado, desertores del sector estatal fue elocuente: “trabajamos varios años para el estado y no tenemos nada. Empezamos hace poco en el sector privado -uno por cuenta propia y otro para un pequeño capitalista- y ya sentimos la diferencia en nuestras condiciones de vida, ganamos más, tenemos más tiempo y nos sentimos más libres”.

 

El discurso burocrático, no por conocido y esperado sigue sorprendiendo: “hay que trabajar más, hay que exigir más, hace falta más disciplina, más control de los responsables”. ¿Hasta cuándo la misma cantaleta voluntarista de los años 70-80?

 

Los dirigentes de la economía siguen enfrascados en la macro-economía, el marketing y el estudio de cuanto best-seller aparece de economista burgués contemporáneo.

 

Los que nunca entendieron qué cosa  es el socialismo ni cómo se construye,  tarea histórica que corresponde a los trabajadores y no a ellos, parece que no se percatan realmente de que con sus “des”-medidas están impulsando una transición al capitalismo privado. ¿O sí?  No han faltado advertencias. La historia hablará.

 

Por desgracia, el gobierno-partido sigue aferrado a los viejos esquemas estado-céntricos, dogmáticos,  neo-estalinistas del trabajo asalariado estatal, la disciplina semi-militar impuesta, la “planificación” centralizada con el dinero y los recursos que él no produce, el monopolio estatal de los mercados, el sistema político de la “dictadura del proletariado” que concentra en la jerarquía de unos pocos, todas las decisiones sobre la vida política del país y otras lindezas que cada vez nos están acercando más al abismo atisbado por el propio Presidente Raúl Castro.

 

Todavía nuestros “leninistas” no han estudiado o no han entendido a Lenin, cuando expresó que el socialismo era el cooperativismo generalizado. Ni su marxismo les permitió comprender qué quiso decir Marx cuando escribió que la revolución era el cambio en las relaciones de producción, que en las cooperativas estaba el nuevo modo de producción, que el trabajo asalariado era el modo de la existencia del capitalismo y que los trabajadores debían abolirlo y luchar por establecer el trabajo libre asociado y la República Democrática de los trabajadores, que no puede ser indirecta y representativa como la burguesa, sino directa y participativa.

 

El lineamiento 170, una nueva ley de la empresa socialista que contemple la participación efectiva de los trabajadores en la dirección, la gestión y la repartición de las utilidades de cada empresa, y una ley cooperativa que estimule también a los cuentapropistas a auto-organizarse en forma cooperada, se siguen difiriendo, mientras los precios aumentan y la producción disminuye, a causa -dicen- del aumento de los precios mundiales de los alimentos.

 

Parecen olvidar que Cuba siempre fue productora-exportadora de alimentos y que toda la filosofía económica del estado centralizador de la propiedad, vida y haciendas de los cubanos, en este medio siglo la llevó de gran exportadora a gran importadora de alimentos.

 

Y no solo exportábamos azúcar, se exportaban cantidades significativas de maíz, frijoles, café, cacao, pescado, almidón de yuca, frutas frescas y en almíbar, hasta hongos comestibles y una miscelánea de otros productos alimenticios.

 

Entonces ¿Dónde está el problema, en los precios internacionales de los alimentos o en la filosofía y las políticas económicas nacionales que destruyeron nuestra capacidad productora y exportadora de alimentos?

 

Hasta 1989-90 la economía cubana dependía de la URSS, hoy el partido-gobierno pide a dios, a todos los santos y orichas que Chávez se recupere y gane las elecciones, no solo por admiración.

 

Siga la burocracia olvidándose del estimulo al trabajo, que el trabajo va a terminar olvidándose de de ella y, después, no le echen la culpa al imperialismo, al bloqueo y a la “contrarrevolución” restauradora del capitalismo, que, por cierto, cada día, cuesta más trabajo identificar claramente, dónde está.

 

Si no pueden o no saben hacer socialismo: dejen correr la iniciativa de los trabajadores, los verdaderos encargados de hacerlo.