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No estatal, ¿por qué no socialista?

 

José Alejandro Rodríguez, Progreso Semanal

 

LA HABANA - Sigue en ascenso y dando que hablar el rostro más visible y pintoresco, aunque no el decisivo, de la llamada “actualización del modelo económico cubano”: Al cierre del 31 de mayo pasado, más de 387 mil personas laboraban por cuenta propia, según informaciones del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social.

 

La cifra representa un incremento del 7 por ciento -en solo 5 meses- con respecto al número de trabajadores privados registrados al cierre de 2011. En un país donde ha primado hegemónicamente la propiedad y el empleo estatal, cada vez más ciudadanos se aventuran audazmente en las impredecibles reglas de juego del mercado, apenas sin destrezas ni entrenamientos previos.

 

Fue elocuente el dato ofrecido por el periódico Granma, en el sentido de que, si bien al cierre de 2011 la de transporte de cargas y pasajeros fue la figura más recurrente entre cerca de 200 oficios o actividades representados; ya en mayo de 2012 el grupo más numeroso, con el 16 por ciento del total de las licencias, lo constituían los trabajadores contratados a su vez por otros trabajadores por cuenta propia.

 

Ello revela que junto al trabajo privado individual, comienzan a despegar las llamadas microempresas, cuyos exponentes más característicos son los restaurantes llamados “paladares”, cafeterías, otros puntos de elaboración y venta de alimentos y los arrendadores de viviendas, entre otros.

 

Desde octubre de 2010, cuando se relanzó ese sector privado, las medidas gubernamentales favorecedoras y flexibilizadoras del trabajo por cuenta propia -con el estímulo enfático del propio presidente Raúl Castro-, han roto obsoletas barreras impensables años atrás.

 

A esos trabajadores privados, se les ha legalizado comercializar sus bienes y servicios a entidades estatales, y el acceso al crédito y servicio bancarios. No requieren ser jubilados o tener algún vínculo laboral para acceder a esta forma de empleo, y pueden tener varias licencias para ejercer más de una actividad.

 

También se permite el arrendamiento de una vivienda en su totalidad, o el alquiler de habitaciones por horas. Y en cuanto a los “paladares”, el límite autorizado de plazas ascendió de 12 a 50, además de que se les eliminó la prohibición de comercializar ciertos alimentos controlados antes por el estado.

 

Los cubanos que disponen de Permiso de Residencia en el Exterior (PRE) pueden arrendar sus viviendas y vehículos, nombrando un representante.

 

El Gobierno está muy interesado en fomentar y estimular el llamado trabajo por cuenta propia porque, precisamente, espera un considerable trasvase de fuerza de trabajo hacia este, desde el sector estatal, donde ha iniciado una fuerte restructuración que, aunque suavizada con más gradualidad, debe acabar con el crónico e ineficiente exceso de plantillas.

 

Si bien consideran que la apertura al cuentapropismo y la microempresa es una pieza clave del ajuste estructural cubano, los doctores en Ciencias Económicas Omar Everleny Pérez Villanueva y Pavel Vidal Alejandro, investigadores del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, alertan de las limitaciones que obstaculizan el crecimiento sostenido de ese sector:

 

* La lista de 181 actividades, en su consideración, es muy precaria y reducida. Sus categorías son demasiado específicas a priori, lo cual frena cierta libertad de iniciativa individual.

 

* Las actividades hasta ahora permitidas son poco intensivas en conocimiento, bastante manuales en su gran mayoría, y no permiten aprovechar la elevada inversión educativa del país y su portentoso capital humano. En tal sentido, no debe descartarse que entre los trabajadores disponibles producto del “desinfle” de plantillas, figuren graduados universitarios.

 

* La reciente aprobación por parte del Consejo de Ministros, de experimentos cooperativistas más allá del agro, en producciones y servicios urbanos, abre esperanzas de que estas fórmulas de propiedad y gestión colectivas, democráticas y asociativas tan flexibles, puedan aprovechar la fuerza calificada para dinamizar en el mercado bienes y servicios con ciertos componentes tecnológicos y valores agregados.

 

* Otra restricción al sector no estatal, según Everleny y Vidal, es la ausencia hasta el momento de un mercado mayorista de insumos. Ello implica que el sector privado deba garantizar sus materiales y materias primas en el mercado minorista, afectando su estabilidad, y encareciendo sus productos y servicios al consumidor, para disfrutar de un margen de utilidades.

 

Los especialistas consideran que, de promoverse el microcrédito con colaboración internacional, en un escenario mucho más descentralizado, ello significaría una entrada de divisas al país, que posibilitaría abrir la importación para los cuentapropistas y microempresarios.

 

La contribución esencial del sector no estatal a los ingresos fiscales, mediante la política tributaria, pudiera tener, según los especialistas, tasas impositivas más flexibles al inicio de los negocios.

 

Asimismo, la anunciada revisión de la Ley Tributaria cubana puede propender a diferenciaciones en las tasas impositivas de acuerdo a la territorialidad, e incluso la estacionalidad. No es lo mismo, a los efectos de los impuestos, el alquiler de una habitación en El Vedado que en la localidad matancera de Perico; y tampoco es similar, para quien arrienda a foráneos, la etapa de alza turística que la de baja.

 

A ello habría que agregar las trabas subjetivas que en la práctica cierta burocracia reticente sostiene contra todo lo que se descentralice y cobre vida propia. A pesar de los llamados y ultimátums del gobierno cubano a favorecer los cambios requeridos, aún hay estructuras gubernamentales en los territorios que entorpecen la labor del sector no estatal, confundiendo el necesario control y la disciplina con el asedio y la zancadilla.  

 

Pero entre todas las limitaciones que más afectan al trabajo por cuenta propia, Everleny y Vidal ponderan como el mayor obstáculo la por ahora baja tasa de crecimiento de la economía cubana, que incide en una contracción de la demanda.

 

De ahí que el auge de este sector privado no pueda desentenderse de los grandes cambios a los que está abocado el núcleo central de la economía cubana, ese vuelco cualitativo que confiera poder y probidad a la empresa estatal socialista y la saque del estancamiento en que está.

 

Crecer desde los sectores claves o estratégicos del desarrollo: los pivotes de la riqueza. Crecer y crecer, generar valores cada vez mayores, que permitan encarar los ajustes estructurales de la economía cubana y fortalecerla. Crecer para garantizar el desarrollo, la inversión, el consumo y el bienestar desde los sectores punta, como una gran sombrilla de garantía que garantice también, con la reproducción ampliada, el fomento de la microempresa, cooperativa o privada. El despliegue de la iniciativa ciudadana. Y socialista, sin tabúes.

 

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