Cubanálisis  El Think-Tank

                                          RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                                                SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

Mientras el PCC prepara su Congreso:

Medidas de “ajuste” contra los trabajadores

 

El gobierno cubano está acelerando la aplicación de un conjunto de medidas de “ajuste” que afectan seriamente las condiciones de vida obreras y populares.

 

Eduardo Molina, cubarevolucion.org 

 

Se siguen reduciendo los productos subsidiados de la cartilla de racionamiento. Jabón, detergente y pasta dental se suman a otros bienes ya eliminados y que ahora deben adquirirse a los altos precios de mercado (BBC, 10/12/10).

 

También comenzó el “reordenamiento laboral” en los ministerios de Industria Azucarera, Agricultura, Construcción, Salud Pública y Turismo, primer tramo en la eliminación de 500.000 puestos de trabajo estatales durante 2011 con el argumento de reducir las “plantillas infladas”. En cinco años más de 1.500.000 serán declarados “en disponibilidad” y pasarán a ser trabajadores por cuenta propia, del sector no estatal o desocupados. Se preparan otros recortes en salud, cultura y educación. Estos graves ataques avanzan en la demolición de conquistas históricas como “a) la garantía de una plaza de trabajo para cada demandante, b) un seguro de desempleo virtualmente indefinido y c) un amplio paquete de subsidios a bienes y servicios” (La Jornada, 4/01/11).

 

Entre tanto, la CTC y los sindicatos se proponen actuar como “garantes del reordenamiento laboral”, es decir, como policía sindical para que el plan de retiros pase en orden y con la menor resistencia posible; se redobla la campaña oficial contra el “igualitarismo” y las “gratuidades indebidas” y crece la presión sobre los trabajadores para aumentar el rendimiento laboral. El objetivo del Plan para 2011 es incrementar la productividad un 6,2% pero el salario promedio sólo crecería un 1% mientras se eliminarán los subsidios a distintos bienes y servicios (Discurso de Marino Murillo, ministro de Economía y Planificación, 18/12/10).

 

No casualmente se acaba de reforzar el rol de la policía (PNR) para “que garantice la seguridad de las familias y el orden en la sociedad’’, anunciando que “la ley se aplicará con el máximo de rigor y la severidad necesaria…” (Radio La Habana, 6/01/11). En otros términos, se preparan a ejercer mayor coerción para mantener el control social y político.

 

El proceso político y el Congreso del PCC

 

De hecho se está aplicando el programa de Lineamientos de Política Económica y Social que impulsa el gobierno e incluye autonomía de gestión en las empresas estatales, medidas “pro mercado” y nuevas concesiones al capital extranjero. El VIº Congreso del PCC deberá legitimarlo ante la población, disciplinar a todas las alas de la burocracia y regimentar el debate por temor a que puedan expresarse el descontento popular y las tendencias críticas de izquierda.

 

Según Raúl Castro: “El VI Congreso del Partido debe ser, por ley de la vida —y tengan esto presente constantemente—, el último de la mayoría de los que integramos la Generación Histórica (…) estamos en la obligación de aprovechar el peso de la autoridad moral que poseemos ante el pueblo para dejar el rumbo trazado y algunas otras cuestiones importantes resueltas.” (Discurso ante la Asamblea Nacional, 18/12/10). Los dos objetivos centrales son: 1º) establecer el plan económico-social como “el inicio del camino de la rectificación y la necesaria actualización de nuestro modelo económico socialista”; 2º) asegurar en una Conferencia posterior los términos de la transición política y la conformación de la futura dirección. Al respecto, Raúl viene actuando con el aval de Fidel y se apoya en las FAR (que controlan un sector decisivo de las empresas estatales y los Joint Ventures con empresas extranjeras) y la tecnocracia (economistas, contadores y gerentes) para ir desplazando del poder a los renuentes o “inmovilistas”.

 

El “rumbo trazado” lleva al desastre

 

Ante la Asamblea Nacional, Raúl afirmó que “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos”. Pero lo que pone a Cuba ante el abismo es la política de la casta gobernante, que genera condiciones más propicias para un salto hacia la restauración capitalista: a) la economía nacionalizada será sometida cada vez más a las “leyes de mercado” y crecerán el sector privado y las concesiones al capital extranjero; b) aumentará la diferenciación social, abonando el terreno para que un sector de la burocracia se disponga a reciclarse como una nueva burguesía; y c) se buscará consolidar la dictadura de la burocracia sobre el pueblo cubano pero abriendo canales de negociación por intermedio de la Iglesia (que apoya abiertamente el ajuste actual) con el imperialismo y sectores de la emigración.

 

Sólo los incondicionales del castrismo pueden calificar este curso como de “perfeccionamiento del socialismo” sin sonrojarse. Se equivoca quien crea que una “vía cubana” gradual al capitalismo sería un “mal menor” pues la independencia nacional se perdería ante la penetración del capital extranjero, y la restauración representaría una derrota histórica no sólo de las masas cubanas sino de la lucha continental por la liberación nacional y social.

 

Un programa obrero y socialista

 

Contra el programa de la burocracia y la estrategia del imperialismo que busca arrodillar a Cuba, la única alternativa es un programa de revolución política.

 

El mismo debe partir del rechazo a las medidas de “ajuste” y a los Lineamientos, junto a la lucha contra el bloqueo y las acciones del imperialismo.

 

Los trabajadores necesitan plenos derechos a la huelga y a organizarse sindicalmente sin tutela del PCC e imponer el control obrero colectivo de la producción y el control popular del abastecimiento para combatir la corrupción, el robo y el despilfarro burocrático.

 

Hace falta un verdadero plan, democráticamente discutido y decidido, apoyado en la autoorganización obrera y popular, que incluya la revisión de todas las reformas y concesiones que se vienen aplicando desde el “período especial”, para reforzar sistemáticamente la economía nacionalizada según los intereses de la clase trabajadora.

 

Es necesario liquidar los privilegios y el poder de la burocracia, principal agente restauracionista, lo que además permitiría reducir radicalmente las desigualdades sociales y mejorar paulatinamente la situación de los trabajadores.

 

Esto es inseparable de la lucha por acabar con la opresión política y el régimen de partido único y por la más amplia democracia obrera y de masas en todos los niveles, desde los más elementales derechos democráticos de expresión, reunión y organización, con pleno acceso a los medios de comunicación e imprentas estatales, etc., hasta el de formar tendencias políticas (con el sólo requisito de ubicarse en el campo anticapitalista y de defensa de la revolución).

 

En suma, se trata de luchar por el derrocamiento de la burocracia, para conquistar un régimen de democracia obrera basado en consejos de delegados libremente elegidos de trabajadores, campesinos y soldados, es decir, de tipo soviético.

 

Por último, Cuba no podrá, aislada, sobrevivir indefinidamente en un mundo dominado por el imperialismo y reabrir la vía de la transición al socialismo es inseparable de la extensión de la revolución internacional. Por eso, es perentorio que Cuba sea un puntal de la lucha continental contra el imperialismo y sus agentes burgueses locales, y por la unidad económica y política en una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

 

La autogestión no es una alternativa

 

Hay voces de izquierda que, criticando muchos aspectos del asfixiante dominio burocrático y la falta de libertades políticas, proponen la autogestión por los trabajadores en las empresas. Pero esta concepción lleva a insinuar aspectos progresivos en las medidas anunciadas (como el fomento a las cooperativas y otras formas no estatales de producción y distribución) y no permite enfrentar los peligros que entrañaría una mayor autonomía en el gerenciamiento de las empresas estatales, que involucrando a los trabajadores en el esfuerzo por competir en el “mercado socialista” podría ser uno de los peldaños hacia la restauración capitalista.

 

El poder de control y decisión de los trabajadores en las empresas debe articularse de manera flexible pero centralizada en torno a un verdadero plan, junto con el monopolio del comercio exterior y la democracia de masas a todos los niveles.

 

¿Cuba ya es capitalista?

 

Quienes afirman esto, como la LIT-CI y la UIT-CI, se parecen a un médico que ante la grave enfermedad de su paciente, se anticiparan a extenderle el certificado de defunción. Con diagnóstico tan “radical” y erróneo renuncian a defender las conquistas estructurales de la revolución que, aunque gravemente degradadas, sobreviven todavía, y abandonan el programa trotskista de revolución política. Cuba es aún un estado obrero deformado en descomposición, porque sobreviven conquistas estructurales (cada vez más degradadas) que son la base insustituible en una economía de transición (como la nacionalización de la inmensa mayoría de los medios de producción) y no hay todavía una rearticulación del conjunto de las relaciones de propiedad y sociales en función de las leyes del funcionamiento capitalista. En suma, la burocracia no ha logrado todavía imponer un salto cualitativo en el retorno al capitalismo, y enfrentar este peligro mortal es la clave del programa a levantar y que por supuesto (¿es necesario aclararlo?), incluye tareas sociales, como la erradicación de la propia casta burocrática y la revisión de las “reformas de mercado” y las concesiones al capital extranjero.