Cubanálisis  El Think-Tank

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Legitimidad del Partido Comunista de Cuba

 

Ante su obra, no sé cuántas personas en Miami, Madrid y otros confines se vieron en la penosa necesidad de transitar del “Plan Maleta” al “Plan Escaparate”. Hoy, está retado a perfeccionar su quehacer

 

Noel Manzanares Blanco, Kaos en la Red

 

En los primeros días de octubre de 1965, La Habana fue escenario de importantes reuniones devenidas Partido Comunista de Cuba (PCC) y sus órganos de dirección: el Comité Central, el Buró Político, el Secretariado -encabezado por Fidel Castro y Raúl Castro como Primero y Segundo Secretarios, respectivamente- y las Comisiones de Trabajo. Además, emergió su medio de prensa oficial: el Periódico Granma.

 

Atrás había quedado el proceso de acercamiento y fusión del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, así como las Organizaciones Revolucionarias Integradas que dieron lugar al Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba hasta la opción del nombre PCC.

 

Entretanto, se reestructuró la organización de la base y se conformaron Núcleos del Partido cuyos militantes tendrían que estar avalados por tres requisitos cardinales: uno, ser un trabajador ejemplar; otro, tener una moral probada; además, poseer el visto bueno de las masas. Ello permanece hasta nuestros días, incluyendo sanción a quienes los violen.

 

Tal fue resultado de una premisa conceptual fruto del Magisterio de José Martí, quien consideraba acerca del Partido Revolucionario Cubano que él proclamó el 10 de abril de 1892:

 

“[…] Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano” -un homenaje a la Asamblea de Guáimaro, a la cuna de la República en Cuba concretada 23 años antes.

 

Asimismo, un elemento aglutinador se encuentra en la vocación unitaria de Fidel Castro reflejada antes del desembarco del Granma: “EL MOVIMIENTO 26 DE JULIO es la invitación calurosa a estrechar filas, extendida con los brazos abiertos, a todos los revolucionarios de Cuba sin mezquinas diferencias partidaristas y cualesquiera que haya sido las diferencias anteriores” -complementada con su convicción según la cual desde el primer momento debió permanecer “una sola organización revolucionaria”.

 

Con estos presupuestos, el PCC condujo a la Revolución Cubana a la realización de importantes logros socio-económicos e ideo-políticos, sin despreciar serios problemas como los expuestos en el Informe Central a su Primer Congreso (1975: “Los errores cometidos”) y en el Informe Central a su Tercer Congreso (1986: “Deficiencias y fallas”), preámbulo del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas (hasta 1990, aproximadamente).

 

No obstante, el Partido que dirige la Construcción del Socialismo en la Mayor de las Antillas tiene un mérito de extrema valía: me refiero a su capacidad para liderar lo que asumo como los tiempos más difíciles de la Nación Cubana: recuérdese que la Isla perdió, abruptamente, el 80 por ciento de su poder adquisitivo y el aportes de las relaciones compensadas con la Comunidad Socialista centrada en Moscú; que de modo oportunista, Washington incrementó por el infinito su multilateral Bloqueo; y que la Madre Natura interpuso marcadas zancadillas, justo cuando fue prácticamente imposible continuar con el citado Proceso de Rectificación.

 

Contra todos los pronósticos, como nunca el pueblo cubano hizo gala de su cultura de resistencia-creatividad. Los numerosos medios de prensa que se encontraban en La Habana para reportar el instante en que Cuba sería la “próxima víctima”, se quedaron con las ganas. No sé ni remotamente cuántas personas en Miami, Madrid y otros confines se vieron en la penosa necesidad de transitar del “Plan Maleta” (todo preparado para cuando cayera “el castrismo”) al “Plan Escaparate” (¡a recogerse, que Cuba sigue adelante!). Hasta la mismísima Naciones Unidas ha reconocido nuestros avances en materia de Desarrollo Humano.

 

Actualmente, sin embargo, la tarea es quizás mucho más difícil, más compleja. Estoy absolutamente convencido de que, al tiempo que aprovechemos la fortaleza que representa todo el proceso/resultado del análisis del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el PCC tiene el desafío de dirigir la ruptura-continuidad de la obra revolucionaria, cuyo punto focal radica en los últimos veinte años; amén de defender-enriquecer la identidad nacional/cultural ante los ataques económico-sociales, ideo-políticos, mediáticos y militares del “Norte revuelto y brutal” y sus acólitos en el exterior y en casa.

 

Paralelamente, el Partido dirigente en Cuba está retado a no dejar espacio al apresuramiento ni a la improvisación, y ser sistemático vs. la actitud de péndulo (ir de un extremo a otro); a tener el oído atento a qué piensa la población y los pies bien situados en la Tierra; a superar dialécticamente la concepción acerca de la Participación Ciudadana y la Construcción del Consenso; a aprehender y exhibir pleno entendimiento de que la mayor amenaza a la edificación de una sociedad cualitativamente mejor reside en los errores que se pueda cometer hoy y mañana -que es desigual a la limitación, a tono con Marx.

 

De igual manera, el Partido de la Nación Cubana está obligado a materializar todavía más la concepción de Revolución expuesta por el compañero Fidel el 1ro. de mayo de 2000; mientras que actúe alrededor de una percepción martiana anotada en Maestros ambulantes, a saber: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso./ “Ser culto es el único modo de ser libre./ “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.

 

Entonces, hoy día resulta imprescindible que la militancia partidita en todo el archipiélago eleve la ejemplaridad y que sus respectivas instancias de dirección cumplan con su cometido. Debemos y podemos ser mucho más objetivos, permanecer atentos al acontecer internacional y nacional, pero sobre todo al pulso del radio de acción. Es el modo de legitimar aún más su papel de vanguardia de cubanas y cubanos. En una expresión: “¡Hacer lo que corresponde!”.