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Las 1000 y una caras de la corrupción

 

Desde Cuba: Jorge C. Oliva Espinosa, Kaos en la Red

 

En la corrupción, el modelo de distribución socialista tiene un remedo grotesco, por cuanto cada cual medra según su alcance y capacidad; y recibe acorde a la esfera de su trabajo, una cantidad proporcional a su aporte.

 

Nuestra circunstancia más inmediata, la que nos envuelve omnipresente, con la que chocamos a diario, es la corrupción. Al percibir esto y acorde al concepto de Ortega y Gasset de que “Yo soy yo y mi circunstancia”, el autor de estas líneas, que soy yo, soy un individuo marcado (circunstanciado) por un entorno corrupto del cual, muy a mi pesar, formo parte. Y es así, porque pertenezco a una sociedad hundida en la ilegalidad, donde cada uno, el que más y el que menos, practica la corrupción o convive con ella.

 

En la corrupción, el modelo de distribución socialista tiene un remedo grotesco, por cuanto cada cual medra según su alcance y capacidad; y recibe acorde a la esfera de su trabajo, una cantidad proporcional a su aporte. Así un cocinero rapiña comida, una enfermera medicamentos y un funcionario posición, prebendas y poder. Aunque unos cocineros, atendiendo al lugar donde estén ubicados, rapiñarán más que otros, y un funcionario lo podrá hacer de acuerdo al nivel en que desempeñe sus funciones.

 

Hoy, la corrupción se ha extendido de forma alarmante, preocupa y ocupa a muchos, y destacadas figuras de nuestra intelectualidad debaten sobre el tema. Hay quien la justifica como medio de supervivencia, otros ven en su origen hispano, la herencia maldita del coloniaje; mientras que la contra reaccionaria la identifica como engendro del sistema actual. Nada más injusto, la historia de la corruptela en Cuba tiene larga data. La trajo de la península 1 la burocracia colonial, expoliadora del nativo; la prohijó el interventor yanqui y la cultivaron con esmero los gobernantes de aquella república venida al mundo, maniatada y castrada. Entre “Honorables Señores Presidentes”, ministros, legisladores y alcaldes, sobresalieron cacos de altura, cleptómanos, viciosos del robo, magos del escamoteo de la “cosa pública”. Tantos, que no vale la pena recordarlos con una enumeración. Y prefiero mencionar la honrosa excepción de aquel alcalde de nuestra Capital, Supervielle, que se suicidó por no poder cumplir lo prometido a sus electores. La política era hasta 1959 un medio de enriquecimiento.

 

Fue entonces cuando “Llegó el Comandante y mandó a parar” 2. Por primera vez en nuestra historia tuvimos, al frente del gobierno, verdaderos gobernantes y no una cuadrilla de bandoleros o una caterva de cipayos aduladores y sumisos al mandato extranjero. La honradez y la dignidad se encarnaron como gobierno. Eran virtudes que se trasmitían a todo el pueblo por el ejemplo dado arriba.

 

Hermosos recuerdos de los primeros años de nuestra Revolución, me trae a la mente el recuento de aquellos tiempos de fervor y entusiasmo, de entrega total que vivimos, donde todos éramos tan puros...  La honestidad estaba presente desde el poder hasta la base que lo apoyaba. El pequeño comerciante, libre ya de la extorsión de chupópteros (gendarmes e inspectores), era estimulado a la honradez en su declaración de impuestos, por la ley de reforma tributaria y el hermano de un ministro prefería el suicidio antes que poner en entredicho la honra familiar cuando, sorprendido en su buena fe, autorizó la descongelación de fondos intervenidos 3. Recuerdo que en una empresa recién nacionalizada, (Antillana de Acero) todos renunciamos voluntariamente a los altos salarios establecidos por el propietario y aceptamos reducir gustosamente nuestros ingresos, desde el Director hasta el último oficinista. Me cuenta un jubilado que ya trabajaba en la refinería Belot, cuando fue nacionalizada, que allí nadie era capaz de sustraer un litro de gasolina 4, ni un cuarto de aceite para su uso particular. Está aún fresco en mi memoria, el desprendimiento del pueblo, entregando prendas, plata y oro para armas y aviones 5.

 

Como la corrupción no existía, no había que preocuparse por ella. Quizás por habernos librado de ese mal y vivir en la pureza, adoptamos la ingenuidad como filosofía, al pensar: Solo existe algo cuando ese algo es percibido. Nada existe con anterioridad a su percepción. Algo similar nos sucedió con los trabajadores sociales. Como entendíamos que nuestra sociedad estaba libre de problemas, no hacían falta quienes atendieran lo que no existía 6.

 

Otros aplicaron un peculiar sofisma para negar la existencia de lo latente: Los celosos guardianes de la fe. Para ellos, percibir es igual a inventar, a crear. Y por lo tanto, aquel que percibe y alerta sobre algo está creando, maliciosamente, lo que no existía. Tal vez, llevados por este criterio metafísico, condenaron al Profesor Esteban Morales, separándolo del Partido, cuando denunció a la corrupción y reveló su identidad contrarrevolucionaria.

 

Más de medio siglo ha pasado desde aquellos tiempos idílicos. ¡En su decurso hemos visto transformarse tantas cosas! Muchas transformaciones fueron necesarias para construirnos como país, se realizaron y las aplaudimos con entusiasmo.

 

Pero otros cambios se produjeron afectando la ética y la moral de muchos. Enumeraré solamente los casos que he percibido por inmediatos y algunos que fueron de conocimiento público:

 

Escuché  a un Fiscal aconsejar a un reclamante, en el propio local de la Fiscalía Municipal, que "tocara al cuadro, porque un toque de bola hace milagros". Vi a un oficial de Migración y extranjería, "agilizar" un permiso de salida a cambio de veinte CUCs. Cuando hicimos las gestiones para permutar hacia Regla, una funcionaria de la Dirección Municipal de la Vivienda nos gritó a pleno pulmón: "aquí no importa lo que digan las leyes, sino lo que decimos nosotros". Todo porque mi esposa le dijo que la ley establecía nuestro derecho a recibir una respuesta en sesenta días. Supe que las reparaciones y la pintura de un local de comercio estatal corren por cuenta del empleado que debe sufragarlas con lo que le roba al estado y a la clientela. Así se lo ordena su superior, quien luego se apropiará de la cantidad presupuestada para mantenimiento. Un administrador de bodega me confesó que en la Empresa, al hacer la liquidación de los ingresos, no le admitían ni faltantes ni sobrantes, y ello lo obligaba a embolsillarse las cantidades resultantes de no dar el vuelto completo a los clientes por falta de cambio. Otro me dijo en tono confidencial: “El inspector que te va a pegar la multa, te la perdona si lo tocas”. De esta forma, comprendí que las inspecciones se convierten en actividades muy lucrativas y el cargo de inspector se vuelve codiciable.

 

Las pocas veces que puedo ir a comprar en las llamadas TRD, tengo que estar muy atento a otro tipo de multas: Las que me imponen los dependientes al alterar los precios establecidos. Al parecer no alcanzan los inspectores para controlar los precios. Tampoco hay inspectores que vigilen la construcción, pues donde quiera que se levante un edificio de microbrigadas o se lleve a cabo otra obra estatal, comienza el desvío de materiales. Basta comprobar que, sospechosamente, el color de la pintura con que se termina la edificación, es el mismo que tienen casas vecinas. En cualquier oficina, al suprimirse la caja chica, los administradores se ven obligados a solicitar pagos por dietas imaginarias o cualquier otro falso concepto, para sufragar pequeñas y cotidianas necesidades.

 

Es un espectáculo cotidiano ver como cocineros y empleados salen bien cargados de los comedores de hospitales, escuelas y fábricas donde aún subsisten dichos comedores. Y no toda esa carga son sobras para sus crías y mascotas.

 

Es vox pópuli que unos regalitos, a veces una simple merienda, abren el acceso de algunas consultas médicas sin necesidad de turno o adelantan alguna intervención quirúrgica 7. Los certificados médicos que otorgaban dietas especiales para aquejados de alguna dolencia a individuos sanos, llegaron a ser un escándalo. Los pagos “por la izquierda”, compensan con creces los bajos salarios que reciben nuestros letrados en los Bufetes Colectivos.

 

Hoy la corrupción se hace presente en “el pan nuestro de cada día”, cuando merma el peso de la ración de pan establecida y afecta su calidad, la que el Che definió como el respeto al pueblo. Hoy por culpa del robo de materias primas, muchos productos presentan una pésima calidad.

 

Pero todo lo enumerado se volvió peccata minuta, cuando nos enteramos que cientos y cientos de toneladas de cebollas, ajos y plátanos habían sido trasladadas en camiones y rastras, de una punta a otra de la isla, sin el menor contratiempo, por unos personajes nuevos: Los Agro-traficantes. Estas vivencias lacerantes, contrastan con lo atesorado en la memoria. Hoy por mi puerta pasan caminantes pregoneros anunciando espaguetis y fideos. Otros proponen tanques de fibrocemento y los más variados productos industriales, sin que nadie les pregunte su procedencia.

 

¿Entonces, qué pasó? ¿Cómo empezó a descomponerse nuestro sueño? Y lo que es peor, con nuestro sueño también a descomponerse la sociedad.

 

Muy al principio nuestros altos dirigentes daban un ejemplo inigualable de austeridad, concretado excelsamente por el Che. Había un pacto gobierno-pueblo. O como diría Juan Jacobo Rousseau, un "Contrato Social". El Estado, patrón único, pagaba bajos salarios. Pero a cambio, los gobernados recibían prestaciones sin costo y todo resultaba barato; se habían rebajado los alquileres, los precios de las medicinas y la electricidad. Todo ello  repercutía en la disminución del costo total de la vida misma. El INIT convocaba a “conocer a Cuba primero" y ofertaba casas en Varadero desde $20 MN por persona, ¡¡A LA SEMANA!! (Todavía guardo el recorte de ese anuncio aparecido en la revista Bohemia). Como resultado de las primeras medidas, el nivel de vida de la población se había elevado de manera considerable y los salarios alcanzaban para solventar las necesidades de cualquier familia cubana. Se podía vivir decorosamente. Además de esto, se había proclamado un igualitarismo rasante y ningún funcionario por alto que fuera hacía ostentación de privilegio alguno.

 

Vi a un Marcos Portal 8, Ministro salido de nuestras aulas de la CUJAE, vistiendo la misma camisita de cuadros, suministrada por el MINCIN, la que todos teníamos y en su muñeca llevaba un barato reloj "Poljot". Y Marcos no era el único. Conocí y traté de cerca a la familia de un diplomático de primer nivel y en su casa ni se recibía ni se compraba más productos que los racionados.

 

Pero ya unas pocas células malignas infestaban todo el tejido social y el mal ejemplo, al principio puntual y punible, se propagó. Quizás nos vino de la URSS donde, durante la guerra, los militantes del Partido recibían raciones extras, justificadas porque eran la vanguardia que asaltaba las trincheras fascistas, los más sacrificados, los primeros en morir. Estuve allí, conviví con los soviéticos de 1962 al 64 (ya no había guerra) y vi que se mantenían tiendas especiales donde compraban los militantes, porque eran los que "más se sacrificaban". En nuestra tierra, se reprodujeron estos malos ejemplos y tuvimos "tiendas militares" y "tiendas partidistas". Pero además, los "más sacrificados", "los consagrados" comenzaron a recibir productos y prestaciones especiales, desconocidos para el resto de la población.

 

Como paliativo, en evitación de la voracidad de algunos, se inventó la “Propiedad Estaticular”. Un tipo de propiedad no previsto por Marx, donde el bien poseído es propiedad del Estado, quien corre con sus gastos de explotación y mantenimiento; mientras el disfrute es de un particular. Mediante este tipo de propiedad, el funcionario no tendrá necesidad de agenciarse varios autos, ni un yate, ni una casa en la playa, o un retiro campestre; todo seguirá siendo estatal, pero él los disfrutará como propios. Esto parecía que detendría la fiebre de enriquecimiento de algunos. No obstante, en varias oportunidades se destituyeron ministros por causa de la corrupción 9.

 

 Luego vino la debacle del Campo Socialista y la desaparición de la URSS y entonces... El gobierno cubano rompió el pacto o contrato que había suscrito con sus gobernados.

 

Fue como si desde el puente de mando de un barco en naufragio, se gritara: “¡Sálvese quien pueda!” Otros asuntos, tanto externos como internos, merecieron mayor atención que el bienestar del pueblo. Como decían los fiñes en mi cuadra "¡Manigüiti!" Y se formó esta rebatiña generalizada, donde nada es de nadie y todo el mundo se despacha... Los precios se dispararon, los salarios se mantuvieron o se recortaron porque se arremetió con entusiasmo contra "las gratuidades y los subsidios".

 

Mientras "la nueva clase" de la que habló Milovan Djilas, aumentaba sus privilegios y el nivel de vida de ellos y sus familias. Eran “los consagrados, los que más trabajaban para el pueblo”, ninguna preocupación personal debía distraer su atención para concentrarse en su trabajo. Tanto ellos como sus familias debían poseer espaciosas moradas, disfrutar de una alimentación mejor, vestuario apropiado, clínicas especiales, vacaciones en lugares exclusivos, poseer los más modernos medios de transportación, el mejor equipamiento para sus confortables viviendas, cotos de caza privados, verdaderos nuevos “Vedados del Rey”, (como el que existe en Cayo Saetía), y para qué extendernos y hacer interminable el recuento.  Ya ningún directorcito de empresa lleva en su muñeca un Poljot o un Raketa, y no se conforma con menos de un Rólex (como los que usan los de arriba), ¡ah!, y "su Lada" debe tener neblineros (como si habitáramos en Londres), radio casetera "Blue Point", antena de micro y llantas "de Luxe". Es que el mal ejemplo e riega por todo el cuerpo social como hace el cáncer.

 

¿Y qué hizo Liborio, al ver todo aquello? Pues el muy pícaro "emparejó la pelea" con artes y mañas que solo el pueblo sabe. Cada medida o disposición agresora de su bolsillo, tuvo réplicas muy extendidas. Baste dos ejemplos: A la subida de las tarifas eléctricas, respondió con una ola de fraudes en metros contadores y tendidos clandestinos, llamados “tendederas”, mediante los cuales decenas de miles robaban electricidad. Y ante la elevación astronómica del pasaje, en las alcancías del transporte público se recaudó una cantidad considerable de arandelas, tornillos, medallas y otros objetos, depositados en lugar de las monedas.

 

Tengo un amigo que afirma que lo existente entre medidas administrativas y respuestas populares, son acciones bélicas de una verdadera y sorda guerra, donde los enemigos que se enfrentan son el gobierno y el pueblo.

 

El diccionario nos da varias definiciones del verbo corromper y de la palabra corrupción, que es su acción y efecto. Y para no contribuir a la corrupción del lenguaje, concluyo que por “Corrupción” no sólo entiendo el resultado de “desvíos”, ni de “apropiaciones indebidas”, eufemismos con que se designa hoy el robo y la malversación. Corromper no es sólo robar. También es descomponer algo, cambiar sus atributos naturales. Así, se corrompe también el ejercicio de una profesión como el periodismo, cuando no se permite su ejercicio y se desfigura el mismo hasta convertir a aquellos que lo practican en meros repetidores de consignas y “orientaciones”.

 

Se corrompe también a un pueblo cuando se le plantea la disyuntiva de delinquir o perecer. Porque corrompiendo al pueblo, se corrompe también a la Patria, cuando se intenta sustituir su lema irrenunciable y sagrado de “Patria o Muerte”, por el blasfemo y degradante de “Corrupción o Muerte”.

 

 Dixi et salvasi animan meam 10

 

SÍNTESIS BIOGRÁFICA DEL AUTOR

 

Jorge C. Oliva Espinosa, La Habana 1936, Ingeniero Industrial, actualmente jubilado y domiciliado en el “ultramarino pueblo de Regla”, localidad merecedora del título de “La Sierra Chiquita” por su actividad contra la dictadura batistiana.

 

En 1989 fue electo Delegado al Poder Popular por su circunscripción.

 

Es autor de varias novelas testimoniales, la primera de las cuales (“EL TIEMPO QUE NOS TOCÓ VIVIR”) le fue publicada (1998-99) por prestigiosas editoriales de España, Francia y Alemania. Sus cuentos aparecen en las antologías de premiados y finalistas correspondientes a los años 2003, 2004 y 2005 del Concurso Dinosaurio, auspiciado por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

 

 Notas

 

1 La literatura nos dejó claros testimonios de esto. Sirvan de ejemplo dos autores y dos de sus obras, referidas a tiempos diferentes: “Mi Tío El Empleado” y “Generales y Doctores”.

2 Inolvidable canción de Carlos Puebla.

3 Me refiero al hermano del entonces Ministro de la Construcción Manuel Ray. El suicida trabajaba en el recién creado Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.

4 Sería bueno agregar, que entonces el precio del galón (no del litro) de gasolina era de treinta y dos centavos. Hoy, el litro se vende en CUC a un equivalente de más de 24 pesos, el litro.

5 Los que no fueron tan desprendidos, tuvieron luego la oportunidad de cambiar sus prendas y objetos de valor por artículos ausentes del comercio.

6 Después, se fue al otro extremo y se produjeron cantidades masivas de Trabajadores Sociales; tantos que sobraron y se destinaron a otras tareas como la lucha contra la corrupción en el transporte de combustible y en estaciones de servicio o gasolineras.

7 Es sabido que algunos cirujanos del hospital Calixto García fueron severamente sancionados por cobrar cirugías estéticas, practicadas de forma clandestina.

8 Años después, nos asombró su destitución, aducida por prepotencia y ostentación.

9 Baste citar sólo algunos ejemplos. No en todos, el motivo declarado de la destitución fue la corrupción: Diocles Torralba, Ministro de Transporte; Ibrahim Ferradaz, de Turismo, Roca, Ministro de la Industria Alimentaria. Además, un miembro del Secretariado del CC, Robinson, fue acusado y sancionado por “Tráfico de influencias”, en definitiva, una de las mil y una caras de la corrupción.

10 “Dije y salvada sea mi alma”, proverbio en latín, utilizado por K. Marx, antecediendo a su firma en “Glosas Marginales al Programa del Partido Obrero Alemán”, documento más conocido como “Crítica del Programa de Gotha.