Cubanálisis  El Think-Tank

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La verdad sobre las prisiones en Cuba

 

Omar Pérez Salomón, La Pupila Insomne  

 

"El Nuevo Herald" de Miami miente otra vez.

 

Hace unos días el diario miamense El Nuevo Herald, publicó un artículo titulado, “El régimen cubano explota a los presos”, que no merece la más mínima atención, a no ser porque este es el periódico en español de más circulación en Estados Unidos.

 

Para empezar, el autor, Juan O. Tamayo, utiliza como fuente a personajes de la talla de Elizardo Sánchez Santa Cruz, el agente Juana, de los Órganos de la Seguridad del Estado cubano, que suministraba informes sobre sus colegas de la llamada disidencia, diplomáticos y funcionarios norteamericanos; un auténtico vividor que navega en todas las aguas, reparte el dinero con que el Gobierno de EE.UU.  paga a la “oposición” y ha sido descalificado en varias oportunidades por mentir en los medios de comunicación. Recuerdo que Elizardo suministró a la prensa extranjera acreditada en Cuba supuestos listados de “presos políticos” donde se incluían futbolistas bolivianos, un pintor del siglo XVIII y voleibolistas peruanas.

 

El artículo refiere entre otras mentiras, que los presos en Cuba laboran con poca seguridad y reciben bajos salarios o no les pagan nada. Se trata de otra campaña de descrédito de lo que realmente ocurre en el país, que en este particular se rige, desde el mismo triunfo de la Revolución, por principios éticos y jurídicos.

 

En este sentido, el sistema penitenciario cubano está inspirado en la máxima de reeducar y rehabilitar a cada recluso para su reintegración social; los centros penitenciarios (de régimen cerrado y abierto), respetan las normas y principios desarrollados por la ciencia penal internacional y las mejores prácticas de tratamiento a reclusos.

 

La incorporación de los reclusos al trabajo socialmente útil y remunerado es voluntaria, según las tarifas salariales vigentes en el país, garantizándose la protección e higiene en la realización de las labores, la preparación en un oficio, el otorgamiento de ayudas económicas a sus familiares y de la Seguridad Social a los mismos. Insisto, en que se le retribuye salarialmente, por igual labor que la realizada por otro ciudadano fuera de la prisión.

 

En el 100% de los establecimientos penitenciarios del país existen y funcionan los cursos de superación para los reclusos, a los que están incorporados de forma voluntaria un alto por ciento de quienes hoy cumplen condenas. Existe un programa para atender a jóvenes hasta 30 años, que abarcan desde cursos de escolarización media y general, enfermería y educación física, hasta sedes universitarias, para los que deseen incorporarse a los estudios superiores. Esta experiencia es única en el contexto internacional.

 

Se dispone de un médico por cada 300 reclusos, un estomatólogo por cada 1000 para la atención preventiva, asistencial y especializada y una enfermera por cada 120.

 

La violencia y el maltrato, tanto físico como espiritual, están totalmente prohibidos y constituyen un delito previsto en la Ley. Los reclusos reciben una alimentación adecuada – la misma que los trabajadores de las instituciones penitenciarias – con un valor nutritivo no inferior a las 2 400 kilocalorías diarias e ingieren agua potable.

 

Las reclusas son ubicadas en centros penitenciarios exclusivos para mujeres, atendidos por personal femenino debidamente preparado. Los jóvenes reciben un tratamiento diferenciado. Se les ubica en establecimientos penitenciarios sólo para jóvenes o en áreas separadas de las prisiones de adultos. Son atendidos por personal seleccionado.

 

Los reclusos mantienen la comunicación sistemática con sus familiares mediante visitas, el uso de pabellones conyugales (beneficio que se extiende a reclusos de ambos sexos), contactos telefónicos y correspondencia. Pueden ser beneficiados con permisos o visitas especiales al hogar sin custodia, como estímulo a la buena conducta. Son conducidos a hospitales, funerarias o entierros, en el caso de enfermedad grave o fallecimiento de familiares allegados.

 

Además, el sistema penitenciario cubano permite la asistencia religiosa a los reclusos que lo soliciten, y respeta la libertad de no profesar religión alguna.

 

¿Por qué Elizardo en los informes que brinda a los medios de  prensa extranjeros no dice estas verdades?. Una vez más El Herald miente, utilizando los embustes de los lacayos del imperio.

 

En un artículo de Felipe de J. Pérez Cruz, titulado, Hablemos de las prisiones y el régimen carcelario en Cuba, publicado en marzo de 2010 en el sitio Cubainformación, se expresa:

 

“Ese maravilloso mosaico social que es mi barrio de ‘El Canal’, en el habanero municipio de El Cerro, me ha permitido conversar  con reclusos que disfrutan de visitas a sus hogares, conozco y mantengo excelentes relaciones humanas con ciudadanos que cumplieron sanciones en prisiones y con sus familiares, participo como vecino de la comisión que se ocupa en la comunidad de la reinserción de estas personas, y no me son ajenas quejas e inconformidades.  Esas demandas están relacionadas con aspectos puntuales de la vida, las condiciones y el deterioro de servicios en los establecimientos, de sus relaciones con uno u otro encargado, con la ubicación en un puesto de trabajo, con la interpretación de su régimen de sanción. En quienes nada tienen que ocultar, me resulta sumamente interesante la unánime buena opinión, el respeto, e incluso el cariño, que expresan de mil maneras por la figura de sus reeducadores, algo que confirman también madres, padres y familiares que los han acompañado en ese difícil período de sus vidas”.