Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

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La Revolución Cubana vive en el pueblo

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

En su lucha diaria por la supervivencia, en la que, a su manera, impone formas de socialización y democratización, a pesar del giro pro-capitalista del partido-gobierno.

 

A mi hermano Enrique

 

"El hombre honesto tiene derecho al error…El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre".

J. Martí.

 

Del concepto que se tenga sobre revolución, revolución política, revolución social, revolución como proceso económico-social, como un hecho, un estado, un gobierno, un partido, un hombre, como fenómeno ligado a la socialización y democratización del poder económico y político, como acto subversivo del orden existente, o como forma de actuación, depende para cada uno, si la revolución cubana ya murió, o si es un fenómeno vivo, aunque estancado o en movimiento, más o menos lento.

Y del conjunto de concepciones filosóficas que sobre los problemas de la revolución tenga cada uno, de la interpretación de cada cual sobre el fenómeno "revolución", dependerá, también, cómo conciba la táctica revolucionaria, la forma de asumir o no, determinadas posiciones políticas ante los fenómenos que se van desarrollando.

Todos los criterios deben respetarse, pero siempre habrá unos que se acerquen a la realidad más que otros.

 

Para quienes vemos la revolución social como un proceso de cambios en las relaciones de producción, en el movimiento de la sociedad en dirección a la socialización y democratización del poder económico y político, la Revolución Cubana vive en el pueblo, en su lucha diaria por la supervivencia, en la que, a su manera, va imponiendo formas socializantes y democráticas de vida, a pesar del prolongado estancamiento en las políticas del estado.

 

Vive en los trabajadores de la ciudad y del campo, en los combatientes, que han llevado sobre sus hombros, durante este medio siglo, todo el peso de la producción y la defensa; está presente en los trabajadores autónomos que aumentan a diario; en los cooperativistas y campesinos independientes que con menos tierra y condiciones producen más alimentos que el estado propietario, en los profesionales y técnicos que aún mal pagados confían en un futuro mejor, en los trabajadores internacionalistas, en la juventud rebelde que rechaza toda imposición; en los raperos, rockeros, grafiteros y blogueros que cuestionan el autoritarismo del estado.

 

El aparato central del gobierno, del partido y sus dirigentes, no son la revolución, son apenas instrumentos, solo una parte del proceso revolucionario cubano; y no precisamente la más importante, compuesta –sí- por ese pueblo mencionado que es la fuerza decisiva que mantiene en pié las esperanzas de cambios verdaderos, profundos, la que va marcando el ritmo y el rumbo de los acontecimientos, a contrapelo de la inoperancia del estado burocrático, que se ha visto obligado a abandonar paulatinamente el inmovilismo, aún con todo el tufo pro-capitalista de la "actualización".

 

Hay que aprender a leer en los acontecimientos históricos: no fue el partido-gobierno y sus dirigentes, los que provocaron las tímidas modificaciones de la "actualización", los que presionar para la realización del VI Congreso con todo y sus déficit y llevaron al debate previo y posterior, al discurso crítico del modelo paternalista de los propios gobernantes y de su prensa oficialista.

 

¿Alguien se cree que la "actualización" fue espontánea? Fue la acción de los trabajadores, el paso de jicotea, "el desvío de recursos", la "indisciplina social", la reacción de los trabajadores contra el sistema asalariado estatal, esa "sublevación" pacífica y silenciosa, junto la a la critica en todas partes al sistema burocrático y el análisis científico de muchos intelectuales conscientes, lo que llevó a que se emprendieran modificaciones.

 

Los máximos defensores de los cambios, los que más han criticado el estatalismo, los que más propuestas concretas han hecho para avanzar del "socialismo de estado" a otro más participativo y democrático, en el que predominen otras formas de organizar la producción, no han sido los dirigentes del partido-gobierno, no han sido los burócratas, no han sido sus estructuras: han sido gentes de las bases sociales.

 

Fidel primero y Raúl después se hicieron eco de algo que estaba pasando abajo, del desastre que ya muchos otros veníamos anunciando hace tiempo. Ellos captaron la indisposición popular, reaccionaron y llamaron al debate controlado para tratar de mantener su gobierno en el poder. Muchos otros en la alta burocracia, ni eso siquiera y siguen como retrancas, obstaculizando, poniendo trabas a las propias medidas que apenas tratan de remendar el estatalismo.

 

Y visto así, lo que está sucediendo en Cuba, y no es poca cosa haber salido del estancamiento, constituye un triunfo del proceso revolucionario que bulle en las entrañas populares, pues ese inmovilizado capitalismo de estado que centralizó aún más la propiedad y el poder que el propio capitalismo privado, constituía, en parte sigue constituyendo, el mayor obstáculo a la socialización y democratización del poder económico y político.

 

Que los tibios cambios se hayan iniciado, con nombres como "actualización", en medio de una gran confusión de los propios dirigentes del partido-gobierno, no resta méritos al conjunto del proceso impulsado desde las bases.

 

La confusión -oportunismo para algunos-, por la desideologización ocurrida en seno del partido, llegó a las "alturas" y es tal, que tuvo asiento de primera fila en la recién Conferencia del Partido, en voz de Caridad Diego encargada de Asuntos religiosos del CC y otros ideólogos de la "actualización", al considerar que el trabajo asalariado para privados en Cuba, no era explotación. Sobran otros comentarios.

 

Aún cuando las medidas fundamentales de la "actualización" están encaminadas al fortalecimiento del capitalismo estatal y al desarrollo del capitalismo privado nacional y extranjero, (al punto que parte de la burguesía cubana en el extranjero está dispuesta a montarse en el "tren de Raúl Castro", -así dijo el empresario cubano-americano Carlos Saladrigas) el estado-partido se ha visto obligado a reconocer que estamos al borde del precipicio, que el burocratismo y la corrupción están acabando con el país, que el estado central paternalista es un fracaso y a dar algunos pasos que ayudan a una mayor independencia ciudadana: dígase la ampliación –limitada- del trabajo por cuenta propia (ese que no explota trabajo asalariado), la apertura a los cubanos de los hoteles en divisa, el acceso a celulares o la compra-venta de autos y viviendas, la liberación de prisioneros, la aceptación de la diversidad religiosa, sexual, cultural, racial y en cierta forma ideológica.

 

El partido-gobierno no ha sido capaz de emitir una ley de cooperativas, pero ante la presión de abajo, se vio obligado a reconocer el cooperativismo amplio en sus "lineamientos". Hacer que ese lineamiento se cumpla es tarea impostergable de los revolucionarios cubanos.

 

Que las medidas tomadas por el estado, no se hayan encaminado primordialmente hacia la socialización y democratización del poder económico y político, como hubiéramos deseado, no niega el movimiento social en esa dirección. Este se sigue manifestando en el seno de la sociedad en forma subterránea o no visible, en la medida en que los colectivos laborales y sociales y las personas van tomando más conciencia de la necesidad de independizarse de las ataduras estatales para poder avanzar como colectivo y como individuos.

 

En articulo anterior se explicaba que en todo el proceso económico-social y político del último medio siglo, el pueblo cubano ha ido gestando un fuerte pensamiento autónomo, autogestionario, lo que explica -en buena parte- que la mayoría de los cubanos que se han ido del país han pretendido establecer sus propios negocios y que muchos de los que aquí permanecen asimilen rápidamente las formas cuentapropistas de tipo autogestionarias.

 

Es ahí donde está la revolución, la verdadera, la que no ven algunos

 

Sabido es que el trabajo asalariado –privado o estatal- es el sostén del modo capitalista de producción. La lucha por otras formas superiores de producción de tipo autogestionarias, por la abolición del trabajo asalariado, que algún día será decretada, es la revolución auténtica de los trabajadores. Las otras "revoluciones" que no tengan ese significado, lo mismo da "untárselas que comérselas" y pasan y seguirán pasando con más penas que glorias.

 

Y a decir verdad, no son pocos los que en Cuba, desde distintas concepciones ideológicas, desde distintas estrategias, desde distintos posicionamientos sociales en el actual sistema de clases, sea desde las propias instituciones de la burocracia, o fuera de ellas y hasta en contraposición con ellas, están luchando a su manera por verdaderos cambios en la socialización de la economía y en la democratización del poder político.

 

Conozco no pocos académicos, profesionales y hasta funcionarios gubernamentales, dentro de las propias instituciones estatales, que están trabajando duramente por desarrollar nuevas forma de producción cooperativas, porque se apruebe una nueva ley de cooperativas que se extienda a todos los sectores de la economía, tratando de hacer realidad uno de los lineamientos aprobados en el VI Congreso del PCC.

 

Además, el proceso revolucionario cubano estará vivo y las banderas del socialismo seguirán inhiestas, mientras exista un solo revolucionario luchando políticamente, defendiendo las ideas de la socialización y democratización del poder económico y político, mientras haya un solo revolucionario tratando de provocar cambios democráticos en la sociedad, mientras haya un solo revolucionario tratando de superar las relaciones de producción asalariadas que tipifican el capitalismo y tratando de hacer avanzar las de tipo cooperativo-autogestionario.

 

Como parte de los movimientos actuales en la sociedad cubana, el partido-gobierno se ha visto obligado a asumir formalmente parte del discurso de la izquierda, como una mayor democracia para el partido y la sociedad, que de hecho lleva implícito el reconocimiento de su defecto; y a al sindicalismo oficial coquetear con "la participación de los trabajadores en los planes de producción y los salarios". Todos sabemos que los trabajadores no deciden nada; pero al jueguito de palabras se han visto obligados a acudir los burócratas sindicales, para no quedar en evidencia.

 

¿Que una ley cooperativa y esa "participación de los trabajadores en la discusión de los planes", serían insuficientes, si no van acompañadas de una nueva ley de la Empresa Socialista que contemple la participación directa, real, efectiva de los trabajadores en la dirección, la gestión y la repartición de las utilidades y de un proceso de democratización del sistema político? Es verdad. Que el discurso "democrático y diverso" de la dirección del partido-gobierno, tendrá que ser llenado de contenido, para ser creíble; también es cierto.

 

El pueblo cubano ya no es aquel inculto y analfabeto de antes y por mucho que se empeñe el estado en monopolizar la información, hace rato que "a las palabras no se las lleva el viento", quedan impresas, grabadas, difundidas en cientos y miles de espacios digitales y de otros soportes. Lo que se dice compromete, si no se quiere quedar como un vulgar mentiroso.

 

No percatarse de toda esta complejidad, -de las sinergias que generan palabras y hechos, ética y estética, pueblo e instituciones-; de todo el significado del movimiento social y popular, no siempre visible y que el estado trata de ocultar o cubre con velos turbios, impide un mejor análisis de la táctica revolucionaria pertinente ante la situación actual.

 

Lo que no podemos es contentarnos con lo logrado y decir salimos del inmovilismo y "el movimiento se encargará de todo". Hay que seguir la lucha.

 

Hay que luchar, seguir luchando, batallando, soportando improperios, seguir corriendo el riesgo de que los burócratas nos endilguen obscenidades, hay que continuar divulgando las ideas del socialismo marxista, el revolucionario, continuar la crítica a los estropicios del sistema estatalista, hay que llegar a los trabajadores de las empresas del estado, a la propia burocracia donde –también- hay tanta gente buena y muchos confundidos por el manualismo y el discurso santurrón del neo-estalinismo.

 

Más, estimar que la revolución se perdió, que no hay nada que hacer, que el socialismo murió en Cuba, puede llevar lo mismo a la inacción, al nihilismo, que al otro extremo, a la idea de que todo hay que empezarlo de nuevo y por esa vía caer en al vacío de pretender "otra revolución", entendida como otro proceso violento de cambios políticos, con todas las consecuencias impredecibles que esto pueda tener. No comparto ese punto de vista y creo que conduce a dislate mayor. Además el pueblo está cansado de guerras y violencias, de las que ha vivido y de la que le meten todos los días por la radio, el periódico y la televisión: quiere paz.

 

Generalmente, los que creen que la revolución murió, la identifican con los acontecimientos que tuvieron lugar entre 1956 y 1960, con la acción de Fidel y sus barbudos. "Aquella revolución tuvo lugar hace tiempo, se acabó, dio paso a un proceso de institucionalización, o simplemente se burocratizó": craso error. Ese tipo de pensamiento puede conducir a error, en parte coincide con el de la extrema derecha, y lo inadecuado no es coincidir en el análisis de los hechos, sino en la táctica a seguir.

 

Para los que piensan así, ¿dónde queda todo el movimiento social que ha tenido lugar después? ¿Todo el marxismo que se ha estudiado, no solo el de los manuales, a dónde fue parar? ¿El pueblo y su accionar no es parte de la revolución? Y además ¿La gente no tiene derecho a cometer errores, a equivocarse y a rectificar sana, no oportunistamente?

 

Cada cual tiene su punto de vista, cada cual es consecuente o no con ellos, cada cual tiene derecho a pensar y actuar como le parezca; pero todos tenemos el deber de respetar las diferencias de opiniones y de oír las otras, sino la sociedad se podría convertir en una selva.

 

Es curioso ver como muchos compañeros en la propia izquierda, fuera de Cuba, se quejan de la actuación del gobierno cubano, por no brindar suficientes espacios a quienes luchamos por abrir caminos hacia la democratización de las estructuras políticas y gubernamentales y a las formas cooperativas y autogestionarias de producción, y al mismo tiempo zahieren a los que tratamos de conseguir esos cambios desde el propio seno del proceso revolucionario, desde la persuasión, el diálogo, la discusión, pacíficamente.

 

¿Cómo entender que se defienda el diálogo, la búsqueda del entendimiento; y al mismo tiempo se niegue la posibilidad de sostenerlo con el poder existente, el que no mendigamos: exigimos?

 

Es parecida a la criticada actitud del gobierno-partido, dispuesto a conversar, a negociar hasta con el Presidente del país imperialista que nos ha asediado durante medio siglo; pero indispuesto al diálogo con la propia izquierda salida de su seno. ¿Y saben porqué se niega el poder al diálogo con la izquierda?: porque saben que van a perder, no tienen argumentos.

 

Es como si esa izquierda cubana asentada fuera del país nos quisiera ver enfrentados en las calles al estado, a la policía, acudiendo a la violencia, poniendo bombas o cosas por el estilo. No. Liquidacionismo de nuevo tipo, no. Suicidio político, tampoco.

 

Ser partidario de la extinción del estado, del menor estado posible, no implica negarlo totalmente mientras algo de él sea necesario. Luchar por la extinción del estado, no es sinónimo de "agredir", "combatir contra" el estado, "enfrentarse" -literalmente- , sino de buscar las vías sociales y económicas que lleven a la autonomía de las personas y de los colectivos laborales y sociales, a la autogestión, al autogobierno social, de manera que el estado sea cada vez más innecesario. Y más, hacerlo en la práctica.

 

De la misma forma que luchar contra el capitalismo, no es "combatirlo, enfrentarlo" hasta con las armas en la mano, como han hecho muchos revolucionarios, para luego de expropiar a los capitalistas, no hacer nada para propician las condiciones que posibiliten la abolición del trabajo asalariado, el amplio desarrollo de las formas de producción de tipo cooperativo autogestionarias, que tipifican el socialismo. ¿Luchar contra el capitalismo privado para imponer el del estado?

 

Más socialismo hace quien funda una cooperativa, quien "recupera" para los trabajadores una empresa capitalista quebrada, que quien hace mil discursos contra el capitalismo, asalta un banco, pone una bomba en un gigante comercial, hace una guerra y llegado al poder expropia todo el capital y lo deja bajo control estatal, sin ponerlo en función social a producir en forma cooperativa o autogestionaria.

 

Para algunos, lo revolucionario está en el método: es revolucionario alzarse, matar policías, hacer guerrillas, asaltar bancos y cuarteles, poner bombas a las instalaciones del estado, realizar una manifestación provocadora de la represión, para generar violencia y cosas por el estilo.

 

Lo revolucionario está en los objetivos y no en los métodos. Los métodos tienen que estar en consonancia con los objetivos.

 

Quien persiga fines humanistas, no puede usar métodos que no lo sean. Se volverán contra él.

 

Quien persiga fines socialistas, no los conseguirá con métodos del capitalismo, son sus "armas melladas", la más importante de las cuales es el trabajo asalariado.

 

Quien persiga fines democráticos, tendrá que usar medios y métodos afines como el diálogo, la persuasión, la divulgación de sus ideas respetando la de los otros.

 

¿Pretender la paz haciendo la guerra? Únicamente la de los sepulcros.

 

Ya se ha dicho: la violencia engendra violencia, venga de donde venga. Los que hablan de hacer en Cuba otra revolución entendida como un fenómeno de violencia, solo estarían haciendo el juego al estado burocrático a corto plazo y, a mediano, a las fuerzas más reaccionarias del imperialismo empeñadas en no dejar piedra sobre piedra del intento revolucionario cubano, aún en lucha en su interior entre el capitalismo y el socialismo, entre el capital y el trabajo, entre el trabajo asalariado y el libre asociado, entre la "dictadura del proletariado" y la democracia real directa de los trabajadores y el pueblo.

Cualquier análisis que se haga de la situación actual cubana, sin tener presente el contexto internacional en que se desarrolla, sin tener en cuenta toda la complejidad del movimiento que está produciéndose en su seno, solo a partir de esquemas preconcebidos, de enfrentamientos clasistas violentos, de métodos "revolucionarios" y otros por el estilo, tendrá efectos contraproducentes.

 

No pretendería cambiar la conducta de nadie, influir tal vez. Cada uno es responsable de sus actos. Pero cuando se pretende sincera y responsablemente ayudar a la búsqueda de soluciones, cuando se pretende contribuir al proceso de cambios que está teniendo lugar en Cuba, cuando se desea influir en ellos a favor de las posiciones democráticas y socializantes, no se puede, al mismo tiempo, no es posible hacerlo acertadamente, desde la oposición total a los mismos.

 

Criticar métodos que está usando el estado burocrático, criticar el proceso de cambios que está teniendo lugar en Cuba, para contribuir al mismo, no puede hacerse desde la negación absoluta de todo lo que ha ocurrido en Cuba, desde la negación total de la capacidad de cambio desde dentro del propio proceso revolucionario, que no es el gobierno, el partido, o un hombre, sino el conjunto de fenómenos sociopolíticos positivos implicados en la sociedad cubana.

 

¿De dónde salimos nosotros mismos?

 

No es ocioso recordar que nosotros mismos, los que hoy somos partidarios de un socialismo más participativo y democrático, en anteriores momentos, confundidos, nos creímos que todo ese estalalismo era socialismo y lo defendimos con la vida por medio. Nosotros cambiamos. No para luchar a favor del capitalismo, sino del socialismo marxista ¿Por qué negar a otros la posibilidad del cambio?

 

La dialéctica del pensamiento y del desarrollo no puede negarse a nadie.

 

Carlos Marx desarrolló sus ideas principales en la segunda mitad del siglo XIX. Murió sin poder ver el ocaso del capitalismo. En el XX fueron tergiversadas sus ideas por el "socialismo real". El XXI está demostrando que el sistema capitalista de explotación es un fracaso y conduce a la humanidad al desastre. Los que confiamos en el triunfo de la ideas más revolucionarias, los que creemos firmemente en la capacidad humana de rectificación, los que creemos sinceramente en el diálogo y en la fuerza del pensamiento, tenemos derecho a ser optimistas.

 

El hecho de que las fuerzas burocráticas, históricamente dominantes, hayan continuado imponiéndose en el VI Congreso, no niega que se vieran obligados a modificaciones y concesiones en sus tradicionales dogmas, ni implica que la lucha por el socialismo, el verdadero, haya concluido en el seno del proceso revolucionario cubano.

 

Nota. Mi hermano Enrique se graduó en la Universidad Lomonosov de Comunismo Científico en la URSS, fue investigador en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias e impartía cursos de Post-grado en la Universidad de La Habana. Por defender el socialismo democrático y cooperativista se vio acosado a fines de los 80-principios de los 90 y tuvo que abandonar el Instituto y su militancia en el PCC. Por azahares de la vida se fue a vivir a Venezuela donde llegó a ser profesor titular de una Universidad, impartiendo Metodología de la Investigación Científica. Más tarde se vio obligado a ir a vivir a EE.UU., para dar tratamiento médico de por vida, a una de sus hijas. La Universidad de Miami le negó toda posibilidad de ejercer como profesor de filosofía, no obstante su amplia experiencia, su "diploma excelente", su alto grado científico obtenido luego en Moscú y su dominio del ruso, el inglés y desde luego, el español. Actualmente se dedica al cuidado de niños enfermos en EE.UU.