Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

La política del compromiso “de pueblo a pueblo”: visite Cuba antes que cambie

 

Por primera vez en décadas, las puertas de Cuba están abiertas para los viajeros norteamericanos. Sea usted uno de los primeros en vivir la experiencia de esta opacada gema caribeña: una isla comunista adoquinada donde abunda el ron, las sonrisas son contagiosas y se alienta el baile. Intrepid Travel (2016)

 

Venga a Cuba y viva la experiencia de la feroz isla sensual que ha estado prohibida a los norteamericanos durante el último medio siglo. Tómele el gusto a los exóticos sabores, paisajes, sonidos y aromas que cautivaron a los aventureros, a los piratas y a los norteamericanos desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Cuba Explorer (2016)

 

Arrancó la carrera para ver a Cuba antes de que lleguen los turistas norteamericanos. Lonely Planet (2015)

 

Solo piense en el progreso que puede producir el hecho de permitir que un día todos los norteamericanos amantes de la libertad puedan viajar a Cuba. Senador Jeff Flake (2016)

 

Louis A. Pérez, Jr., en Revista Temas, La Habana

Historiador y profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos. Autor, entre otros libros, de On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture (1999); Cuba in the American Imagination: Metaphor and the Imperial Ethos (2008); The Structure of Cuban History: Meanings and Purpose of the Past (2013) y Cuba: Between Reform and Revolution (2014).

 

Ha sido con cierta implacable tenacidad que los Estados Unidos se han propuesto conseguir el cambio en Cuba, una determinación con carácter de fijación en el transcurso de cincuenta y cinco años: una invasión armada, veintenas de complots de asesinato, años de operaciones encubiertas y decenios de sanciones económicas punitivas. Un embargo –“más duro que el impuesto a cualquier otro país del mundo”, según admitiera la secretaria de Estado adjunta Roberta Jacobson en 2015–[1] diseñado con la malicia de la premeditación: infligirle adversidad a todo el pueblo cubano, profundizar el descontento mediante la privación económica, con la esperanza de que las penalidades obren en el sentido de incitar al pueblo cubano a rebelarse para que, en una arremetida, precipite el derrocamiento del gobierno cubano.

 

El gobierno de Barack Obama introdujo una nueva lucidez en la política norteamericana, dotada de una percepción mucho más matizada respecto a los peligros que acechan al cambio político conseguido a través del colapso económico. “No sirve ni a los intereses de los Estados Unidos ni al pueblo cubano”, explicó el Presidente en diciembre de 2014, “intentar empujar a Cuba en dirección al colapso. Incluso si ello funcionase -y no lo ha hecho a lo largo de cincuenta años- sabemos, a partir de la experiencia duramente adquirida, que resulta más probable que los países disfruten de una transformación duradera si su pueblo no se halla sometido al caos […] No debemos permitir que las sanciones norteamericanas se agreguen a la carga que soportan los ciudadanos cubanos a los que tratamos de ayudar”.[2] Una política de cincuenta y cinco años de duración no había funcionado, afirmó de manera rotunda el Presidente: “En [cuanto a] Cuba, estamos poniendo fin a una política cuya fecha de vencimiento ya había pasado desde hacía mucho tiempo. Cuando lo que uno hace no funciona durante cincuenta años, es el momento de probar algo nuevo”.[3]     

 

A primera vista, se trataba de un sobresaliente cambio de paradigma. En realidad, menos un cambio de objetivos que de medios. Una recomposición de las estrategias norteamericanas de cambio: si bien no un cambio de régimen, exactamente, a corto plazo, entonces un cambio en el régimen a largo plazo. Durante cincuenta y cinco años, los Estados Unidos habían insistido en el cambio político en Cuba como precondición al establecimiento de relaciones diplomáticas normales. El gobierno de Obama viró la política de cabeza, estableciendo relaciones diplomáticas normales como condición para obtener el cambio político. “Mediante el compromiso, tenemos una mayor oportunidad de inducir cambios que por otros medios”.[4] “Si nos comprometemos”, le aclaró el presidente Obama a Candy Crowley, de la CNN, “tenemos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en que va a haber algún cambio generacional en ese país. Y creo que debemos aprovecharlo, y yo tengo la intención de hacerlo”.

 

La política de “compromiso” contempla el cambio político inducido desde adentro, no impuesto desde afuera, una estrategia encaminada a “empoderar” a los propios cubanos para que actúen como agentes de cambio. “Tendríamos la esperanza de inducir el cambio en el régimen”, reconoció explícitamente la secretaria adjunta Jacobson. “Y simultáneamente tendríamos la esperanza de empoderar a los cubanos para que sean capaces de hacer ese cambio”.[5]

 

Pocas estrategias de “cambio en el régimen” atrajeron tanto interés de los políticos y atención del público como la expansión de los viajes “pueblo a pueblo”. Concebido originalmente durante el decenio de 1990-1999, el “pueblo a pueblo” estuvo sustentado con intenciones subversivas; los Estados Unidos estaban persuadidos de que la presencia estadounidense en Cuba serviría para difundir los valores norteamericanos entre el pueblo cubano, y por ende apresurar el cambio político.[6] Según insistiera el senador Christopher Dodd, los viajeros norteamericanos eran “nuestra más potente arma”, el medio “para ayudar a inducir el cambio que todos buscamos, [el cual] sirve a nuestros propios intereses”. Dichos viajeros servían como “algunos de nuestros mejores embajadores que hayamos enviado a cualquier parte […] En mi opinión, no existe una manera mejor para comunicar los valores estadounidenses, nuestros ideales, que a través de dejar que los hombres y mujeres norteamericanos promedio demuestren, por la vía de su vida diaria, lo que representa nuestro gran país, y los contrastes entre lo que nosotros representamos y lo que existe hoy en Cuba”.[7] Los norteamericanos “trasladarán nuevas ideas, nuevos valores y el cambio real para Cuba”, predijo el senador Richard Durbin; “veremos un cambio dramático en Cuba si aumentan los viajes”.[8] Cuba cambiaría, predijo el presidente Obama, “si los hábitos mentales, la cultura, las actitudes del pueblo norteamericano y los negocios norteamericanos están ahí a la vista de los cubanos […] sobre una base cotidiana”.[9] En efecto, el viaje de norteamericanos a Cuba adoptó una especie de imperativo estratégico. “Los contactos de pueblo a pueblo”, afirmó rotundamente Vicki Huddleston, antigua jefa de la Sección de Intereses norteamericana en La Habana, “son una herramienta fundamental que sirve a una nueva perspectiva estratégica: el cambio en Cuba debe proceder desde adentro”.[10]

 

El gobierno de Obama reanimó el “pueblo a pueblo” y actuó con rapidez para ampliar los viajes autorizados a Cuba: se modificaron las regulaciones, se suavizaron los controles, se relajaron las restricciones. En diciembre de 2014, el presidente Obama afirmó que “será más fácil para los norteamericanos viajar a Cuba […] Nadie representa mejor los valores norteamericanos que el pueblo norteamericano, y creo que este contacto en última instancia aportará más al empoderamiento del pueblo cubano”.[11] A todo lo largo de 2015, el departamento del Tesoro puso en marcha medidas para facilitar los viajes con licencia a Cuba como medio para “empoderar al pueblo cubano”.[12] A inicios de 2016, un acuerdo sobre aviación civil entre los Estados Unidos y Cuba autorizó hasta un total de 110 vuelos diarios entre los dos países, aumentando así potencialmente los 4 000 vuelos chárter anuales hasta 45 000 vuelos regularmente programados al año. “La expansión de los viajes entre los dos países”, enfatizó el subsecretario adjunto para el Transporte, Thomas Engle, “es el elemento clave de la política más amplia del presidente referida a la normalización de relaciones”.[13]

 

De ese modo, se alistó como agentes de cambio a los viajeros norteamericanos, cuya autorización de viaje se les concedía, de hecho, en función de la política estadounidense. Los programas “pueblo a pueblo” son aprobados mediante licencias por el departamento del Tesoro, específicamente para impulsar “la actual política norteamericana hacia Cuba”. La autorización de parte del departamento del Tesoro se basa en si el itinerario de la gira “está [o no] estructurado con vistas a permitirles a los participantes sostener diálogos pueblo a pueblo directos e individuales con el pueblo cubano y el modo en que el viaje permitirá dichos diálogos”.[14] Hasta marzo de 2016, los programas “pueblo a pueblo” se limitaban a giras de grupos organizadas por agencias de viajes y turoperadores, ofrecidas bajo los auspicios –según las regulaciones del departamento del Tesoro– de “una organización que patrocine y organice intercambios educativos”, incluidos las asociaciones de graduados universitarios, las cámaras de comercio locales, los museos y los grupos educacionales entre otros. En marzo de 2016, el Departamento del Tesoro amplió los viajes aprobados mediante licencias para permitir “los viajes individuales de pueblo a pueblo”, con la estipulación de que “el viajero se comprometa a un horario a tiempo completo de actividades de intercambio educativo diseñadas para incrementar los contactos con el pueblo cubano, a apoyar la sociedad civil en Cuba o a promover la independencia del pueblo cubano respecto a las autoridades cubanas, y que tendrán por resultado una interacción significativa entre el viajero y los individuos en Cuba”.

 

El cambio en la política estadounidense ha impulsado los viajes a Cuba al punto de convertirlos en una industria en crecimiento. Veintenas de proveedores de giras, agencias de viajes y consultantes de giras aprobados por licencias compiten para captar a clientes institucionales y clientes individuales en un medio mercantil cada vez más atestado, pero altamente lucrativo.[15] “Vender Cuba” se ha convertido en un tema de interés creciente entre los profesionales de los viajes, en convenciones de viajes y en publicaciones comerciales; una multitud de firmas de sondeos están involucradas en el momento actual en la labor de determinar la demografía de los viajes perspectivos a Cuba.[16] Se mantiene constantemente la ficción de que el programa de “pueblo a pueblo” es un “compromiso cultural” –y no “turismo”. De hecho, los viajes a Cuba son llevados al mercado precisamente a través de sistemas culturales que dependen de un surtido de significados sociales codificados y que recuerdan las etnografías turísticas del siglo diecinueve. Hay algo de antropología colonial en lo que sustenta el contexto discursivo el compromiso de “pueblo a pueblo”: los cubanos en tanto que pueblo dotado de un encanto exótico, amistosos, impacientes por complacer a los visitantes norteamericanos. “Los nativos dan la bienvenida a los norteamericanos con los brazos abiertos”, aseguraba un escritor de viajes. La Cultural Explorations Tour le prometía al viajero “una perspectiva local” a través de “interacciones con los acogedores nativos”. Un reseñador de una gira valoraba positivamente la oportunidad de “aprender a bailar salsa [y] mezclarse con los amistosos nativos”. Los guías locales, según les aseguraba Classic Tours a los viajeros perspectivos, “son todos orgullosos nativos de Cuba”. Esos cubanos son “un pueblo cálido y amistoso”, garantizaba la gira de la Universidad Estatal de Arizona, los cuales enfrentan la vida con “una habilidad para bailar y cantar hasta en los más difíciles momentos”. Insight Cuba afirmaba que “se va desplegando un generoso espíritu cubano en la medida en que los locales abren sus corazones y arrojan luz sobre su modo de vida colorido y a menudo complejo”. La gira de Cultural Explorations prometía “el establecimiento de un estrecho vínculo” con “locales cálidos y acogedores a través de nuestra gira de pueblo a pueblo de una semana de duración”. “Conozca a artistas, estudiantes, niños y personas de la tercera edad de Cuba”, anunciaba el plegable de Vacation Express, “en un intento por adquirir un conocimiento más profundo de lo que realmente significa ser cubano”. La gira de graduados de la Universidad Purdue ofrecía la oportunidad de “redescubrir a Cuba y su pueblo amistoso, acogedor y curioso [e] intercambiar con gente local que habla honestamente y con esperanzas en el futuro”, y conocer a cubanos “de diversos tipos de vida […] ansiosos por compartir con usted sus experiencias de vida”. Una visita a Bejucal les brindó a los viajeros de la National Geographic la oportunidad de “encontrarse con, y fotografiar, a los residentes locales, que discutían sobre sus esperanzas y pensamientos para el futuro”, al tiempo que la Universidad de Vermont programaba una visita a Trinidad para “encontrarse con cubanos […] y hablar con ellos sobre lo que significa ser un cubano que vive en una ciudad tan maravillosa”.

 

Las facetas más triviales de la vida diaria, la gente común –chicos y chicas, las personas mayores y los enfermos, campesinos y pescadores– que viven sus vidas cotidianas de maneras corrientes, están incorporadas al itinerario de visitas a sitios de interés. La gira del Friendly Planet incluyó una visita a una escuela primaria para que los viajeros “interactuasen con los niños en su aula”; Insight Cuba prometía una oportunidad para “dar rienda suelta a risas y juegos con los niños escolares cubanos”, y la gira de Travel Experts incluía una visita a un círculo infantil con la promesa de “tal vez los niños os deleiten con una o dos canciones”. La Universidad Estatal de Pennsylvania incluyó una “visita [a] el hogar de una familia para ver cómo viven”, y la Cámara de Comercio de Chapel Hill-Carrboro incluyó una visita a Pinar del Río, “donde usted podrá conocer a un auténtico cultivador de tabaco [y] disfrutar de una visita dentro del hogar del campesino”, pregonado como un “encuentro emocionante” y “una oportunidad soberbia para presenciar de cerca cómo viven las familias cubanas en un escenario rural”. La gira de Travel Experts por Pinar del Río incluía, de manera similar, “una oportunidad única para interactuar con una familia local y sumergirse en la cultura cubana. Antes de que usted se dé cuenta de ello, formará parte de la familia y le harán sentirse como alguien muy especial”. La Universidad Estatal de Arizona visitó una guardería infantil donde el personal “lo involucrará a usted en diversas actividades, tales como colorear, leer o incluso actividades al aire libre. Los niños pueden compartir cuentos con usted y usted podrá relacionarse a través de cuentos de sus hijos o nietos”. La gira de Road Scholar ofreció múltiples oportunidades para involucrarse en interacciones de “pueblo a pueblo”. En La Habana, la oportunidad de “conocer a miembros ya sea de un centro de ancianos o uno comunitario de personas con síndrome de Down para compartir conversando y quizás intercambiar una o dos canciones”. En Cojímar, “compartir el almuerzo con los pescadores locales para escuchar sus cuentos”; en Cienfuegos, “en el Mercado Campesino, intente hacer compras con pesos cubanos para comprender el costo de la vida para los cubanos y aprender cuánto cuestan las necesidades básicas;” en el Camagüey rural, “conozca a los maestros y alumnos de una escuela de dos aulas y discuta sobre cómo funciona la educación en esta remota aldea. Visite los humildes hogares y conozca a las familias del poblado. Intente hablar una o dos palabras de español y quizás comparta unos pocos momentos de verdadero intercambio intercultural”.[17]

 

Los “locales” son representados como tipos extraños, respecto a los cuales se le pidió de antemano al viajero que mostrase una condescendiente paciencia. “Algunos de los locales se visten escandalosamente”, alertaba a los viajeros la gira de la Universidad de Arizona, “[ellos] posan de buena gana para los turistas provistos de cámaras. Por supuesto, después de que se accione el disparador, ellos ansiosamente extienden su mano por un peso”. Una guía de viajes explicaba: “Cuba está marcada por la pobreza. Los cubanos posarán para fotos, dibujarán una caricatura, mendigarán dinero o intentarán vender cualquier cosa que puedan. Si usted viaja a Cuba, seguramente se le acercará alguien que pregone lo que vende. Al principio esto puede parecer una molestia, pero en la medida en que usted se acostumbre a la mendicidad, verá que los nativos sencillamente están tratando de sacar unos cuantos pesos de más, los cuales resolverán bastante en un país donde el ingreso promedio es US$ 20 mensuales”.

 

Cuba es llevada al mercado como un destino muy remoto y distante, fuera del tiempo y el espacio: “bloqueada del mundo exterior”, sugería la gira de la Universidad del Estado de Arizona, “a un mundo de distancia”, se regocijaba al decir VMT Vacations. Por ende, Cuba aparece como algo parecido a un sitio del Otro misterioso, al mismo tiempo un destino poscolonial y posrevolucionario, un país anteriormente prohibido y proscrito al que los norteamericanos de repente tienen acceso, una “isla por largo tiempo prohibida”, con “orillas prohibidas”. Al viajero perspectivo se le pide que contemple a Cuba alternativamente como algo “envuelto en misterio durante cincuenta años”, “un misterio para la mayoría de los norteamericanos”, “un sitio místico”, uno de los “puntos exóticos” del mundo” y “uno de los países más enigmáticos del mundo”. Una “seductora isla caribeña”, afirma un plegable de viajes; una “isla agreste y sensual, prohibida a los norteamericanos durante el último medio siglo”, afirma otro.[18] “La enigmática isla se ha desarrollado con poca influencia occidental”, afirmaba International Expeditions.

 

Visitar a Cuba fue experimentar la ausencia de cambio, moverse entre un pueblo en las garras de tiempos duros, contemplando las perspectivas de mejores tiempos y circunstancias mejoradas, con toda seguridad, cuya mera inminencia amenazaba con echar a perder a Cuba como experiencia de excursiones. Un pueblo empobrecido estaba emergiendo de la somnolencia postsoviética, un modo de vida tocaba a su fin, de ahí la urgencia con la que los organizadores de giras llevaban al mercado los viajes a Cuba: es decir, se exhortaba a los norteamericanos a visitar a Cuba antes de que se completase el cambio que su presencia estaba diseñada para producir. El tiempo resultaba esencial. “Vea la auténtica Cuba ahora, ¡antes de que cambie!”, exhortaba la gira de los graduados de la Universidad Estatal de Oregon.[19] “¿Desea usted una oportunidad de ver a Cuba antes de que cambie para siempre?”, preguntaba InsightCuba. “¡Pues más vale que eche a correr!”. “Vea Cuba antes de que el siglo xxi le borre su encanto de viejo mundo”, aconsejaba la gira de graduados de la Universidad de Bryant. La gira de GeoEx vaticinaba que “la cultura, inevitablemente, cambiará”, y enfatizaba que “¡Ahora es el momento para ir!”. Para todo aquel que desease “vivir la experiencia de Cuba antes del inevitable cambio que el incremento del turismo y de la participación extranjera están destinados a aportar”, advertía la gira de Internacional Expeditions sin un atisbo de ironía, “sencillamente, no habrá mejor momento que AHORA”.[20] “Vaya a Cuba antes de que la echen a perder”, exhortaba Trip Advisor. La gira de Explore Cuba era casi rapsódica: “Imagínese una nación aún prístina e inocente -donde están ausentes los complejos de tiendas, los grandes anuncios, las luces de neón, los McDonalds y Starbucks. Uno de cada diez autos tiene más de sesenta años. Cuba es como una máquina del tiempo cuyo dial apunta al decenio de 1950-1959”. “Existe un verdadero sentimiento de que todo el mundo desea llegar allí antes de que cambie demasiado”, explicaba Liddy Pleasants, fundador de Stubborn Mule Travel, “porque de repente habrá nuevos productos importados en vez de los hermosos bienes de los decenios de 1950-1969 que las personas siguen usando hoy día”.

 

La narrativa sobre la ausencia de cambios permite también la inclusión del desarrollo económico detenido como una razonable atracción turística: Cuba como un “tiempo en suspenso” en la cual poder deleitarse con la sensación de que se hubiese detenido en un pasado neocolonial, suspendida dentro del tiempo y fuera del mundo -una especie de “tipo único de antaño”- pronunciaba la gira de InsightCuba. La Habana “parece estar firmemente atascada en el decenio de 1950-1959”, se maravillaba la CNN. “Autos de época deambulan por las calles, el escenario está desprovisto de complejos de tiendas y cadenas globales, y los edificios -a pesar de estarse derrumbando- hacen recordar tiempos más grandiosos. Son estas reversiones las que le brindan a La Habana, la capital del país, un innegable encanto. Un encanto que, según se preocupan algunos, “se hallará en peligro en cuanto se levante el embargo”. “¡Apresúrense!”, urgía la gira de graduados de la Universidad de Arizona, “en la medida en que Cuba siga volviéndose más abierta al turismo norteamericano, se desdibujará su suspensión en el tiempo”. Visitar a Cuba fue ingresar en una cápsula del tiempo, experimentar la vida tal como se vivía medio siglo atrás, “congelada en una era ya pasada”, dictaminaba International Expeditions. “Una cápsula del tiempo en la que el mundo moderno sencillamente no parece existir”, proclamaba la firma de venta de viajes de KBC Travel. Cultural Explorations ofrecía una “oportunidad exclusiva para explorar la bien preservada cápsula del tiempo que es Cuba”.

 

El viaje a través del tiempo en esta instancia implicaba una oportunidad para ver a un pueblo que de hecho vive una vida real en el pasado, haciendo lo que pueden y saliendo adelante tal como lo hacían hace más de un siglo. “Una ciudad suspendida en el tiempo”, así describía a La Habana la gira de la Universidad Estatal de Arizona; “Dé un paso atrás en el tiempo”, urgía Access Trips; “Únase a nosotros, ahora que todavía resulta un paso atrás en el tiempo”, alentaba la Asociación de Graduados de la Universidad de Purdue. La de la Universidad de Carolina del Norte prometía “una oportunidad de una sola vez en la vida de viajar en la cápsula del tiempo que es la Cuba de Castro;” “La Habana parece estar congelada en el tiempo”, afirmaba la gira de la Universidad de Arizona, “sencillamente un sitio con el tiempo en suspenso”, sobresaliente por sus “hoteles y casinos del decenio de 1950-1959, antiguamente vinculados a figuras de la Mafia, así como sus autos de época”.   

 

 Los “autos de época” -descritos alternativamente con eufemismos tan deliciosos como “carros norteamericanos clásicos”, “históricos”, “fuera del tiempo”, “convertibles clásicos” y “de época”- brindan un puntal adicional al ambiente de “congelación en el tiempo”. Vivir la experiencia de “las atmosféricas calles de La Habana”, urgía Zeagrahm Expeditions, “en la cual los autos norteamericanos completan el escenario de una era ya pasada”. “Un país donde los automóviles de la era de 1950-1959 siguen dominando las carreteras”, comentaba la gira de la Universidad de Chicago. Imaginarse a Cuba era “pensar en un sitio atrapado en el tiempo”, sugería GeoEx, “en su glorioso pasado, de viejos autos y edificios en vías de desmoronamiento”. ¿Y qué mejor manera de completar el viaje en el tiempo que de hecho viajar en “autos carentes de tiempo”? Las giras In Touch with Cuba brindaban la oportunidad de “montar en una flota de Chevys del 1956 ó 1957 por todo el barrio de El Vedado y La Habana Vieja”, y Cuba Travel anunciaba “una gira privada por la ciudad en un auto de época”. “Disfrute de un paseo en auto a través del histórico barrio de La Habana, en un convertible de época, un icono de Cuba”, ofrecía la Universidad de Pennsylvania. La gira de la Universidad de Carolina del Norte incluía “transportación en autos norteamericanos de época, de los años 1950-1959, para ir a cenar”. USACuba brindó un paseo en auto de orientación alrededor de La Habana y las zonas aledañas en los carros Clásicos de Cuba, en los cuales usted disfrutará de las comodidades de los monstruos de acero de época de los decenios 1950-1969. Durante nuestro viaje por La Habana, veremos a personas de todos los días que trabajan en -y disfrutan de- la hermosa isla”.

 

La metáfora de la “congelación en el tiempo” sirvió de lógica narrativa a través de la cual deleitarse en la adversidad cubana: “desmoronándose y cautivadora”, se regocijaba un viajero. Declinar y decrepitud son transformados en encanto susceptible de ser ofertado en el mercado. “La Habana, Cuba”, escribía Caribbean: Islands in the Stream, “una ciudad fascinante, congelada en 1959 por el fidelismo”, y ofrecía una “ciudad visualmente impresionante, si bien decrépita”. La gira de la Universidad de Carolina del Norte por La Habana Vieja prometía “un paso atrás en el tiempo, para observar el abandono”. Esta es la Cuba enlodada en las circunstancias de adversidad como objeto fotogénico de la mirada del turista, un pueblo que vive sometido a circunstancias materiales empobrecidas y cuya difícil situación como condición histórica ofrece una atracción turística. Un regocijado Steven Rattner, que escribía para el New York Times y viajó a Cuba para dar testimonio de una “economía en vías de demoronamiento”, detectó en la postración cubana una historia aleccionadora, una lección para la cual llevó a sus hijos en una gira por Cuba: “Yo quería que mis hijos viesen de primera mano la inefectividad del socialismo en cuanto a crear prosperidad”.

 

Se ofrecen una sociedad en crisis y una economía en ruinas como atracción turística: contemplad “la decadencia y el abandono de los últimos cuarenta años”, exhortaba el Cuba Cultural Travel.[21] Rough Guides ofrecía una gira por Centro Habana, “llena de sistemas de alcantarillado rotos, calles con baches y pilas de basura. No es algo que puedan ver los débiles de corazón”. “Su guía”, explicaba la gira de la Asociación de Graduados de Cornell, “lo conducirá a usted a través de algunos de los barrios decadentes de La Habana, donde usted se informará sobre el lamentable estado de las familias que allí viven”. La Universidad de Pennsylvania ofrece una gira similar “a través de calles secundarias tranquilas para señalar edificios grandiosos pero en vías de desmoronamiento y conversar sobre la suerte de esos hogares y las familias que allí viven”. Un sitio de “glamour borrado”, sentenció la Universidad de Bryant, “ahora apenas una sombra de su antiguo prestigio, un mundo en el que el tiempo ha sido hecho prisionero”; National Geographic incluyó una exploración de La Habana luego de “años de abandono [que] han dejado a muchos edificios necesitados de restauración”. Intrepid Travel programó un paseo a pie por “la parte vieja de la ciudad de La Habana, gloriosamente decadente” como vía para “imbuirse de un poco del borrado encanto de La Habana” y para contemplar “las docenas de iglesias en vías de desmoronamiento”.

 

La adversidad brinda una oportunidad para que los norteamericanos comprendan “los muy verdaderos desafíos que [los cubanos] enfrentan cada día”, sugería la gira de la Universidad de Pennsylvania. Classic Journeys satisfacía el impulso voyerista por la vía de permitirles a los viajeros la oportunidad de “hacer compras en los mercados locales [de La Habana] sustentándose en un presupuesto cubano típico para los alimentos”, y Friendly Planet visitaba “una tienda local de productos racionados”, donde el anfitrión cubano “explicará el sistema de racionamiento”. Los que viajan con la gira de la Universidad Estatal de Arizona visitaron una pequeña granja, una experiencia que brindó la oportunidad de entender “los desafíos” enfrentados debido a la “falta de equipos modernos”. La gira de Intrepid Travel visita a cultivadores de tabaco para obtener elementos “que permitan forjarse una idea sobre cómo funcionan los sistemas comunistas” y “cómo ellos consiguen llegar a fin de mes”.

 

Los itinerarios de las giras prepararon a los norteamericanos para ver anticipadamente a los cubanos como necesitados receptores de la generosidad de los estadounidenses, y por ende cumplen el propósito humanitario para el cual el Departamento del Tesoro autorizó el viaje. La Universidad de Bryant les garantiza a sus graduados que “tendremos la oportunidad de entregar abastecimientos humanitarios para asistir al pueblo cubano”; la de Pennsylvania brindó numerosas ocasiones turísticas en las cuales poner en funcionamiento el intercambio humanitario: una visita a un centro de maternidad (“ropas y abastecimientos de bebés y de maternidad son muy necesitados y agradecidos”); una parada en una escuela primaria (“donaciones de abastecimientos escolares son muy necesitados y agradecidos”); una visita a un hogar de ancianos (“productos de aseo y abastecimientos médicos son muy necesitados y agradecidos”); la de Carolina del Norte incluía una “parada en una obra caritativa local para entregar abastecimientos humanitarios” y una gira amistosa para el medio ambiente por Pinar del Río brindó la oportunidad para “sembrar un árbol con sus compañeros de viaje”.

 

La experiencia sobre la adversidad a la que sacaban provecho los viajeros como parte de la gira también brindó la oportunidad para difundir los valores estadounidenses a través de los diálogos “pueblo a pueblo” –de hecho, para cumplir la función para la cual los norteamericanos reciben licencias para viajar a Cuba en primer lugar. Sería superficial sugerir que esos “diálogos” ocurren en cada oportunidad, por supuesto. Pero no sería menos superficial dudar de que esas interacciones ocurren, puesto que son el propósito en torno al cual se organizan las giras, por ley. El momento resulta propicio, declaró Noticias Bloomberg, “cuando los cubanos comunes podrían beneficiarse en mayor medida de un intercambio más amplio de puntos de vista con sus vecinos del otro lado del Estrecho de la Florida”, observando: “Promover sus crecientes expectativas es un acto subversivo poderoso”. Según les explicara International Expeditions a los viajeros perspectivos, los viajes “de pueblo a pueblo” requerían participación “en experiencias culturales y contacto directo con el pueblo cubano para aprender más sobre ellos y su cultura, al tiempo que ellos aprenden sobre el modo de vida norteamericano”. En verdad, el “énfasis en cuanto a involucrarse con los cubanos” ofreció una vía por la cual todos “nosotros aprendemos sobre el poder transformador que la conversación real, honesta, puede tener sobre las vidas de las gentes comunes”. La gira, tal como lo “especificara el gobierno estadounidense”, según explica Classic Journeys, “enfatiza que la visita debe brindar contacto personal directo con el pueblo cubano para estimular el compromiso y la comprensión”. La gira de la Universidad Purdue cumple el requerimiento del Departamento del Tesoro al proveer una oportunidad de reunir a “cubanos locales, de todas las esferas de la vida […] con viajeros estadounidenses, unos con otros, para compartir abiertamente sus valores e intereses”.[22] El itinerario de la National Geographic está “diseñado para brindar numerosas oportunidades para que los viajeros se comprometan en la realización de interacciones significativas con los cubanos;” la gira del Soul Buffalo programa una visita a una pequeña biblioteca en Trinidad con vistas a “encontrarse con el director, el cual compartirá con nosotros los desafíos planteados por la censura gubernamental y las maneras innovadoras en que las bibliotecas están consiguiendo florecer a pesar de la falta de financiamiento”.

 

No son pocos los que contemplan el futuro de Cuba como algo preservado en el pasado en la forma de un museo viviente y vivido, a ser experimentado como un modo de vida a punto de extinguirse. “Hoy en día [es] un increíble museo al aire libre”, se vanagloriaba Cuba Travel. Usted se siente como si estuviera en el decenio de 1950-1959”, escribía Martino Fagiuoli, “en un país donde la vida parece haberse detenido varias décadas atrás”, y la mayoría de los carros sirven para crear “un enorme y único museo de la conducción”.[23] Tal vez la promesa de la resurrección de Cuba deberá cumplirse como una parodia de sí misma, preservada en la cinematografía de la imaginación norteamericana como una condición “atmosférica”.[24] “Al pasear por esas calles [de La Habana]”, la gira de International Expeditions Tours comenta, como maravillada, “es como estar en un set de película. Los carros norteamericanos clásicos de los decenios de 1940-1959 circulan por amplios bulevares al tiempo que la pintura se va pelando de las gloriosas edificaciones coloniales españolas. Viejos con sombreros de paja fuman inmensos puros cubanos, al tiempo que la música llena los aires”. El panorama citadino de La Habana ha conservado una sensación peculiar de algo de época”, sugería la gira de la Asociación de Graduados de Purdue, “a veces casi a nivel cinematográfico, lo cual se subraya por la prevalencia de automóviles de factura norteamericana del decenio de 1950-1959”. Ensalzando las virtudes que se espera que el capitalismo introduzca en Cuba, Steven Rattner ha expresado una visión sobre el futuro de La Habana: “Más de cinco décadas de aislamiento del desarrollo de tipo norteamericano han hecho de La Habana algo ideal para la restauración que la convierta en el destino turístico definitivo: un parque temático que no sea meramente una colección de fachadas”.

 

Esos son momentos liminares, un tiempo en el que los pueblos de ambos países se hallan en el proceso de reanudar sus familiaridades. Constituiría un extraordinario giro en los acontecimientos en verdad el hecho de que, luego de sesenta años, los norteamericanos tuviesen la intención de reanudar su relación con los cubanos con una combinación de la arrogancia e ignorancia que sustentó sus actitudes en el transcurso de la década de los 50. Las giras de “pueblo a pueblo” reviven los tropos que recuerdan las narrativas referidas al encuentro del Primer Mundo con el Tercer Mundo, a los cuales se añaden un tono triunfalista referido a que el cambio de la política estadounidense obrará para rescatar a los cubanos de las estrecheces en las cuales ellos mismos se han metido. Estos son los primeros momentos formadores de la siguiente fase de una historia de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos que está en evolución y que resulta compleja. En verdad, un comienzo poco prometedor...

 

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[1]. U.S. Congress, Senate, “Hearings of the Western Hemisphere Subcommittee of Senate Foreign Relations Committee”, febrero 3, 2015, Federal News Service, Lexis Nexis, p. 29.

[2]. “Statement by the President on Cuba Policy Changes”, diciembre 17, 2014, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/17/statement-president-cuba-policy-changes.

[3]. “Statement by the President on Cuba Policy Changes”, diciembre 17, 2014, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/17/statement-president-cuba-policy-changes; “Remarks by the President in State of the Union Address”, enero 20, 2015, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2015/01/20/remarks-president-state-union-address-enero-20-2015.

[4]. “Transcript of President Obama’s Remark at Year-End Press Conference”, diciembre 19, 2015, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/19/remarks-president-year-end-press-conference.

[5]. Cámara de Representantes, Comité de Asuntos Externos, Representative Ed Royce Holds a Hearing on “Cuba: Assessing the Administration’s Sudden Shift”, febrero 4, 2015, CQ Transcriptions, Lexis Nexis, p. 25.

[6]. Fidel Castro vislumbró inmediatamente el propósito norteamericano. “Tratan de penetrarnos”, advirtió Castro, “debilitándonos [...] y desestabilizando al país, sean cuales fueran sus consecuencias [...] Ellos desean destruirnos desde dentro”. Véase “Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el Acto Central por el Aniversario 42 del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes”, 26 de julio de 1995, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1995/esp/f260795e.html

[7]. Congressional Record, octubre 6, 2000, v. 145, pt. 15, p. 21251.

[8]. “US Lawmakers Proposed a Freedom to Travel to Cuba Act”, OnCuba Magazine, enero 19, 2016, http://oncubamagazine.com/society/us-lawmakers-proposed-a-freedom-to-travel-to-cuba-act/

[9]. “Obama Really Wants to Go to Cuba, But Only if the Conditions Are Right”, Yahoo Interview, diciembre 14, 2015, https://www.yahoo.com/politics/obama-really-wants-to-go-to-cuba-but-only-if-the-101913219.html.

[10]. Vicki Huddleston y Carlos Pascual, Learning to Salsa: New Steps in U.S.-Cuba Relations (Washington, DC, 2010), p. 197.

[11]. “Statement by the President on Cuba Policy Changes”, diciembre 17, 2014, https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/17/statement-president-cuba-policy-changes.

[12]. “Treasury and Commerce Announce Further Amendments to the Cuba Sanctions Regulations”, septiembre 18, 2015, https://www.treasury.gov/press-center/press-releases/Pages/jl0169.aspx. El “pueblo a pueblo” authorizó “ciertos intercambios educativos en Cuba”, intercambios diseñados “para promover el contacto pueblo a pueblo”. El “apoyo al pueblo cubano” incluyó “actividades de organizaciones reconocidas de derechos humanos; organizaciones independientes diseñadas para promover un tránsito rápido y pacífico a la democracia; e individuos y organizaciones no gubernamentales que promueven la actividad independiente dirigida a fortalecer la sociedad civil en Cuba “. Véase “U.S. Department of the Treasury: Frequently Asked Questions Related to Cuba”, enero 26, 2016, https://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/Programs/Documents/cuba_faqs_new.pdf.

[13]. “U.S.-Cuba Officials To Sign Commercial Air Traffic Deal”, febrero 16, 2016, National Public Radio, http://www.npr.org/2016/02/16/466898638/u-s-cuba-to-sign-commercial-air-traffic-deal.

[14]. Departamento del Tesoro, Oficina de Control de Activos Extranjeros, “Guidelines for License Applications: Specific Licenses for Travel to Cuba to Engage in Educational Exchanges to Promote People-to-People Contact”, marzo 2016, https://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/OFAC-Enforcement/Documents/cuba_ppl.pdf.               

[15]. Toda una nueva industria de viajes se ha desarrollado para poner en el mercado paquetes de giras para Cuba. Véase, por ejemplo, “We Love Travel Agents” subido por OurCuba.com, quienes exhortan a “involucrarse vendiendo los más demandados nuevos destinos globales y asegurar su posición como líder del mercado vendiendo a Cuba”. Véase https://ourcuba.com/become-a-cuba-tour-travel-agent/. Las giras no son baratas. La gira Abercrombie & Kent de siete días “Signature Cuba” cuesta de US$10 795 en adelante. El Instituto para Desarrollo Urbano Internacional cobró US$8 575 por una gira de ocho días. El costo de una gira de trece días con Insight Cuba es de US$6 895. La gira de ocho días del Museo Metropolitano cuesta de US$6 995 en adelante. La gira de nueve días de Globus cuesta US$3 089 en adelante. La gira de nueve días del Smithsonian Institute cuesta de US$5 895 en adelante. La gira de The Nation cobraba por una gira de ocho días US$5 585.

[16]. Véase “Andrea Holbrook to Speak at Cuban Panel Discussion”, septiembre 15, 2015, http://blog.holbrooktravel.com/andrea-holbrook-to-speak-at-cuba-panel-discussion/; “Travel Agent Training on Selling Cuba”, noviembre 10, 2015, https://homebasedtravelagents.org/.../travel-agent-training-on-selling-cuba; “All Aboard the Cuba Bandwagon”, KBC: Traveling Marketing PR and Representation, abril 15, 2015, http://www.kbc-pr.com/aboard-cuba-bandwagon/. “Switchfly Survey: Cuba Appeals to American Millennials, Baby Boomer Men”, Business Wire, septiembre 16, 2015, http://www.businesswire.com/news/home/20151116005325/en/Switchfly-Survey-Cuba-Appeals-American-Millennials-Baby.

[17]. “The Best of Cuba: People, Life and Culture”, Road Scholar, febrero 2016, http://www.roadscholar.org/n/program/dailySchedule.aspx?dID=1-92CX9L; “Cuba Today: People and Society–Havana and the Countryside”, Road Scholar, febrero 2016, http://www.roadscholar.org/n/program/dailySchedule.aspx?dID=1-7RAD6N.

[18]. “Hola Cuba–People to People for US Citizen”, Intrepid Travel, febrero 2016, http://www.intrepidtravel.com/us/cuba/hola-cuba-people-people-us-citizens-92975; “Weekend in Havana Tour”, Cuba Explore, enero 2016, http://cubaexplorer.com/tours/havana-weekend-tour.

[19]. “Island Life–Cuba”, Oregon State University Alumni Association, febrero 2016, http://www.osualum.com/s/359/index.aspx?sid=359&gid=1001&page_id=312&pgid=343&cid=760&ecid=2112&search=cuba.

[20]. [Énfasis del original].

[21]. Los viajes de este tipo sugieren algo emparentado con el fenómeno del turismo de los barrios marginales. Véase Fabian Frenzel, Ko Koens y Malte Steinbrink, eds., Slum Tourism: Poverty, Power and Ethics (Nueva York, 2012).

[22]. “Island Life in Cuba”, Purdue Alumni Association, febrero 2016, http://purdue.imodules.com/s/1461/images/gid1001/editor_documents/travel/cuba_021416_purdue.pdf. La gira del Consejo de Asuntos Mundiales de Phildelphia usa exactamente el mismo lenguaje. Véase “Cuba: An Extraordinary ‘People-to-People’ Opportunity”, Philadelphia World Affairs Council, marzo 2016, http://www.wacphila.org/uploads-pages/Cuba_102316_WACfinal.pdf.

[23]. Martino Fagiuol, American Dream Car in Cuba (Bologna, 2001), pp. 9, 16, 20.

[24]. “Island Life in Cuba”, Purdue Alumni Association, febrero 2016, http://purdue.imodules.com/s/1461/images/gid1001/editor_documents/travel/cuba_021416_purdue.pdf; “Cuba: An Insider’s View of Art and Architecture”, Duke Alumni Association, febrero 2016, http://dukealumni.com/learn-travel/cuba-insider%E2%80%99s-view-art-and-architecture.