Cubanálisis  El Think-Tank

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¿Fueron ciertas las apariciones de la Virgen?

 

Carlos Rivero Collado, Kaos en la Red

 

Al llegar a Cuba, Benedicto XVI dijo que el marxismo ya no funciona. Debió decir: “el capitalismo no funciona porque provoca la muerte por hambre y sus consecuencias de unos diez millones de niños cada año, 192,300 cada semana, 27,500 cada día, 1,145 cada hora, 19 cada minuto, uno cada 3 segundos”.

 

El hombre hace la religión; la religión no hace al hombre—Carlos Marx. 

 

 (Nota: La Iglesia Católica ha condenado la guerra económica del Imperio contra el pueblo de Cuba, como ha hecho el mundo entero, con excepción de los regímenes terroristas de Estados Unidos e Israel. Es una actitud respetable, por ello no critico que mi pueblo haya recibido al Papa con tanta bondad; pero me sorprende, sobremanera, que después del desarrollo que ha tenido en los últimos años el conocimiento científico sobre los orígenes del universo y la vida, haya tantas personas que aún crean en  “vírgenes”, “apariciones”, “creadores” “ángeles” y otras fábulas inquietantes)       

 

 1-. UNA APELACIÓN PERSONAL

 

 Por varios años, Kaosenlared ha sido una gran tribuna en la que se han divulgado ideas que no se pueden leer en la prensa corporativa dominada por el capitalismo.

 

Ha sido, además, fuente de información que nos ha mantenido al tanto de las noticias más importantes durante todas las horas del día y la noche. Le ha dado la oportunidad a todos, también, mediante la sección de comentarios, de expresar ideas en la forma más amplia, de solidarizarse o discrepar con lo que leen y hasta de insultar a quien lo escribe, lo cual es casi un deporte en ciertas personas.

 

No sólo ha sido Kaos un instrumento que ha elevado nuestro nivel cultural, sino que podemos verlo, también, como una fuente de entretenimiento porque aquí no sólo se habla de política y economía, sino, también, de música, teatro, cine, pintura, deporte y muchas cosas más. Si vamos a ver un partido de fútbol o una película, a comer a un restaurant o a ver un show y bailar en un centro nocturno, tenemos que gastar cientos o decenas de euros o dólares y sólo por unas pocas horas. Kaos proporciona una diversión más amplia y útil que todo eso, la de la mente, el espíritu, la cultura, el sentimiento, la conciencia, el nivel, la solidaridad.

 

Para procurar todo esto, los administradores de Kaos tienen que incurrir en una serie de gastos porque de lo contrario este sitioweb no existiría. En este momento, Kaos atraviesa una crisis económica. Le pido, encarecidamente, a mis lectores que tengan esto en cuenta y que contribuyan lo más que puedan, de acuerdo a sus posibilidades.

 

Kaos es más ameno que muchas otras amenidades, y podemos disfrutarla, con la mayor comodidad, todos los minutos del día. Es un amigo versátil y multicolor que se nos presenta, fiel, sólo con apretar un par de botones, y a veces habla con nosotros, nos canta y hasta nos guiña un ojo. Seamos agradecidos.

 

 2-. EL VIAJE DEL PAPA

 

Acabamos de ver el gran entusiasmo que en México y Cuba tuvo la visita de Benedicto XVI. Millones de personas acudieron a las plazas de León, Guanajuato, Santiago de Cuba y La Habana para ver, en persona, al Papa. Cientos de millones en  el mundo en que predomina el catolicismo vieron por televisión o internet, oyeron por la radio o leyeron en los periódicos y revistas, todo lo relativo al suceso.

En Santiago de Cuba¸ el Papa visitó el santuario nacional de “la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba”, con motivo, el pasado martes, 27 de marzo, de la “aparición” de la Virgen María, hace cuatro siglos, a tres niños en el norte de la región oriental.   

 

¿Significa esto que un pueblo que ha vivido por más de 53 años en un sistema marxista-leninista, basado en el Materialismo Dialéctico, haya renunciado a la concepción científica de la naturaleza para aceptar que el universo fue creado por un “ser supremo” que tenía la curiosísima facultad de pensar antes de que existiera no ya la amiba unicelular, sino hasta el átomo? 

 

En México, el Papa habló mucho de la Virgen de Guadalupe, y en Cuba, de la Virgen de la Caridad. Si hubiera estado en Portugal habría hablado, por supuesto, de la Virgen de Fátima.

 

Según el catolicismo, la llamada Virgen María es la madre de Jesucristo, hijo de Dios y Dios mismo, al que concibió virginalmente, por obra y gracia del Espíritu Santo, violando todas las leyes de la ciencia biológica que determinan, más allá de toda duda razonable, que todo ser del género femenino sólo puede tener descendencia después de la cópula con otro ser, pero del sexo masculino --o por inseminación artificial--, acto en el que se puede producir la mezcla del espermatozoide con el ovus para crear el zigote, la célula original que, por los procesos de mitosis y meiosis, crea un nuevo ser. 

 

Veamos los tres “milagros” más famosos sobre las supuestas apariciones de María en diversas partes del mundo, más de 1,500 años después de su muerte.  

 

3-. LA VIRGEN DE GUADALUPE

 

Cuando Hernán Cortés ocupó Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca, en agosto de 1521, los conquistadores y sus cómplices genocidas, los curas, se dieron cuenta que los pobladores del país, al que hoy llamamos México, tenían ideas religiosas muy arraigadas y una cosmología florida e intricada. Había que sustituir todas esas creencias para que los pueblos sojuzgados creyeran en una fantasía similar, pero católica.

 

Lo primero que hizo el Imperio Español fue el peor crimen cultural de la historia, la destrucción del Centro Ceremonial de los Aztecas, que se hallaba en Tenochtitlán, en el área de la actual Ciudad de México que ocupa, en parte, el Palacio Nacional, la Catedral y el Zócalo.

 

Los dóciles escribanos de la Iglesia cuentan que diez años después, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un indio desconocido del cerro de Tepeyac, próximo a Tenochtitlán, se presentó a Juan de Zumárraga, primer obispo católico del país, diciéndole que una misteriosa señora de piel morena y rasgos indígenas se le había aparecido cuatro veces, nada menos que flotando sobre el cerro, y le había ordenado cortar unas rosas, que no florecen en esa árida región.

 

En la cuarta aparición, la misteriosa dama morena le ordenó a Juan que se presentara ante el obispo Zumárraga para revelarle su curiosa aparición. Al llegar ante él, Juan desplegó ante el obispo su ayate –tela hecha de maguey-- en el que estaba dibujada una admirable imagen en colores de la extraña señora y en el que había muchas rosas. La última aparición había sido el 12 de diciembre de 1531.

 

De inmediato, el obispo de México dijo que la señora que se cernía sobre el cerro era nada menos que la Virgen María, aunque no pudo explicar cómo era posible que una señora de raza semita, nativa de Nazaret, pudiera tener el color y los rasgos de una raza que era desconocida en Palestina en la época en que el Espíritu Santo la fecundó con toda solemnidad, con los ojos cerrados y vestido de pies a cabeza, sin que su esposo José tuviera que agitarse con los espasmos acezantes del sexo que le hubieran empeorado la hipertensión que ya padecía porque María le decía todas las noches que no podía tener relaciones con él porque estaba esperando algo mejor. De ahí que, tal vez, surja la versión, mantenida por algunos teólogos disidentes, que María no era tan pura ni ingenua como la presentan en las estampitas, sino tremendo punto filipino.   

 

El culto a la Virgen de Guadalupe no prosperó en los pueblos de México. A principios del Siglo XVII había casi desaparecido; pero en 1649, cuando ya el país había sido férreamente dominado por el Imperio Español y el culto a las antiguas deidades aztecas había casi desaparecido, se publicó, con mucha alharaca y el respaldo de la Iglesia española y el Vaticano, el relato canónico sobre “las apariciones de la Virgen” en el Cerro de Tepeyac. Esto provocó un resurgimiento del culto guadalupano. Adoración que aún hoy existe y que, curiosamente, profesan decenas de millones de seres humanos.

 

Sobre este culto sería oportuno hacer, con la mayor inocencia, algunas preguntas: ¿por qué la Virgen sólo se le apareció a un indio solitario en una zona despoblada, sin que nadie más la viese, y no ante miles de personas que hubiera hecho un poco mas creíble lo increíble? ¿Nadie, entonces, sospechó que Juan, y sobre todo Zumárraga, pudieran inventar lo de la Virgen para ganar adeptos, o sea clientes, que hasta ese momento le habían sido tan escasos al negocio de la Iglesia? ¿Y esas rosas, suponiendo que hayan existido, no pudieran haber sido llevadas de los lugares en que florecen? ¿Quién pintó el ayate de Juan Diego con esa imagen tan bien elaborada? ¿La Virgen? ¿Fue, entonces, un autorretrato, como el de Van Gogh?

 

Es increíble que sobre un cuento tan sencillo, propio de un niño de siete años, se haya creado un culto tan prominente que aún hoy profesan tantos millones de mexicanos, al extremo de que la máxima manifestación del catolicismo en México es, precisamente, la Virgen de Guadalupe.  

 

4-. LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

 

Cuando Colón llegó a Cuba, a fines de octubre de 1492, no existía en el país una religión organizada, aunque los indígenas tenían, por supuesto, algunas creencias religiosas sobre los misterios que no podían entender. El Imperio Español no tuvo que destruir centros ceremoniales ni perseguir a nadie por la naturaleza de sus fantasías. Había tiempo.

 

Casi un siglo después de la “visión” de Tepeyac, la Iglesia creó el mito de los Tres Juanes, a pesar de que uno de ellos se llamaba Rodrigo, o sea el de los tres niños que vieron flotar a la Virgen con un niño pequeño en los brazos, sobre la bahía de Nipe, al norte de la región oriental de Cuba.

 

No se trataba ya de un extenso país de cerros y desiertos, sino de una isla larga y estrecha, con miles de kilómetros de costas, en que la vida se desarrollaba junto al mar o no lejos del mar. Ahora la visión tenía que ser sobre el agua, no sobre el cerro. Había que amoldar la Virgen a su nuevo escenario, como hacía Procusto con sus víctimas en su ardiente lecho ensangrentado.

 

Surgió, entonces, el mito de la Virgen de la Caridad del Cobre, que se le apareció, en 1612 ó 1613 –parece que entonces los almanaques no estaban muy seguros de sí mismos--, a tres niños. 

 

La leyenda surgió del relato que muchos años después, cuando ya era muy viejo, hizo “bajo juramento eclesiástico” un negro esclavo que se llamaba Juan Moreno. Pudo haberse llamado Juan Colora’o o Juan Verde Botella, pero eso no tiene la menor importancia.

 

No sé qué significa “juramento eclesiástico”, pero pienso que si en una corte de justicia una persona miente bajo juramento puede recibir una sentencia por su delito, en el juramento eclesiástico pudiera ir, directamente, al infierno a quemarse desde los tobillos hasta las orejas, incluyendo las choquezuelas, por toda una eternidad. O sea que debemos imaginar que cuando Juan Moreno hizo aquel “juramento eclesiástico” no tenía la imagen mental de unos barrotes, sino unas llamas. Su tardía “revelación” requirió de un valor oportuno, por cuanto la hizo a los 85 años de edad, muy cerca ya de las torturas del averno o las delicias del edén.

 

El “Negrito de la Caridad” le narró a la Iglesia que mientras iba por la bahía de Nipe, en busca de sal y montado en una canoa, setenta y cinco años antes, en compañía de otros dos niños, los hermanitos indígenas Juan y Rodrigo de Hoyos, observaron que algo flotaba sobre la bahía y vieron con asombro y alegría que se trataba nada menos que de una imagen de la Virgen María, con el niño Jesús en los brazos, y debajo había una tablilla en que se podía leer: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

 

La Virgen y el niño eran morenos. Nadie se explica que una señora palestina pudiera ser tan oscura. Quizás se pasaba todo el día cogiendo sol a orillas del Jordán o el Mar Muerto. En cuanto al niño, tal vez se trataba de un bebito congolés que llegó gateando al delta del Nilo y cruzó un pedazo del Mediterráneo oriental en un tibor de madera hasta la costa palestina y luego siguió gateando hasta Nazaret. 

 

 5-. LA VIRGEN DE FÁTIMA

 

Por tres siglos más, la Iglesia siguió hablando de vírgenes que adoptaban otras razas como si se estuviesen cambiando de vestidos.

 

De acuerdo a la leyenda de Fátima, Lucía dos Santos, una niña de diez años, y sus primos Jacinta y Francisco Marto, de seis y nueve años –otra vez los niños, siempre los niños--, revelaron que el 13 de mayo de 1917 sintieron que el reflejo de una luz se les acercaba y vieron, entonces, a una señora vestida de blanco que salía de una pequeña encina situada junto a una cueva. Los niños aseguraron que se trataba de la Virgen María y que ésta les pidió que regresaran al mismo lugar por seis meses todos los días 13.

 

Así como en México hay muchos cerros y en Cuba, muchas bahías, en algunas zonas de Portugal hay muchas cuevas. El “milagro” amoldado a la geografía. Procusto.

 

Las supuestas apariciones sucedieron ese mismo día hasta el 13 de octubre, con excepción de agosto, quizás porque ése es un mes muy caliente en Portugal y la Virgen se estaba tomando unas merecidas vacaciones junto a un lago de Suiza.

 

La Virgen de Fátima, como desde entonces se ha conocido, era blanca, igual que los tres niños. No era india ni mestiza ni negra ni jabá ni mulata prieta o blanconaza. Era blanca, como la gente de Portugal y el resto de Europa.

 

En ocasiones posteriores, los niños fueron acompañados por miles de personas. Los niños se quedaban junto a la encina y la multitud, a cierta distancia. De acuerdo a aquel “milagro”, Lucía y Jacinta dialogaban con la pálida señora, pero Francisco sólo la veía. Cientos de personas dijeron que habían visto una luz junto a la encina, pero no a la Virgen. Después muchos dijeron que para ellos la luz era la Virgen.

 

¿Era aquella luz, realmente, la llamada Virgen María, esta vez blanca como la del Nuevo Testamento? ¿O era una luz que algún potente artefacto eléctrico de la pudiente Iglesia reflejaba sobre la encina?

 

(En la película Los Diez Mandamientos, de los años 50, dirigida por Cecil B. De Mille, cuando Charlton Heston, o sea Moisés, recibe los mandamientos, Dios es representado por una luz que se proyecta en un arbusto que bien pudo haber sido, también, una encina. Y le habló en inglés con acento yanki, muchos siglos antes de que se inventara ese idioma y que este país fuese descubierto al resto del mundo)

 

¿Habrá sido algún director del entonces incipiente Hollywood quien dirigió la “aparición” de la Virgen, en Fátima, aquellos días 13, exceptuando las vacaciones de la tan atareada Virgen en agosto? ¿O fue un buen telépata quien le hizo ver a la multitud una luz que sólo existía en su ceguera fanática?

 

Si Richard Nixon engañó todo el mundo al hacerle creer que Neil Armstrong y Edwin Aldrin habían caminado sobre la superficie de la luna aquel 20 de julio de 1969, le debe haber sido en extremo fácil a un director fílmico iluminar la “aparición” de Fátima aquel año, en plena guerra mundial, en que ya se iba desarrollando la técnica del cine. 

 

Nadie se explica que aquella Virgen de Fátima tan “milagrosa” no pudiera evitar la gran epidemia de gripe española que asoló al mundo de 1918 a 1919, asesinando de 50 a l00 millones de seres humanos en el mundo, sobre todo en Europa. Víctimas de esta epidemia murieron también los hermanitos Jacinta y Francisco Martos, menos de dos años después de las supuestas apariciones. Al morir, Jacinta tenía o­nce años y Francisco, ocho.

 

6-. ALGO MÁS QUE LAS APARICIONES

 

Los niños de Fátima y de la bahía de Nipe eran seres ingenuos que hablaban de vírgenes y apariciones. Hoy los niños hablan de los abusos sexuales que les hicieron muchos otros curas.

 

Pudiera referirme en este articulo, también, a la Inquisición y las decenas de miles de seres humanos que fueron quemados vivos en la hoguera por oponerse a las ideas que después fueron rechazadas hasta por la propia Iglesia, como ésas de que el sol da vueltas alrededor de la Tierra y ésta es nada menos que el centro del universo; a la complicidad directa de la Iglesia en los millones de crímenes contra la población nativa de América; a la mayor forma de espanto que se conoce en la historia, o sea la idea terrorista del infierno; a la complicidad directa de la Iglesia con la esclavitud, en la que murieron millones de seres humanos y otros millones fueron tratados como bestias; al silencio, o sea la complicidad de la Iglesia –y de Herr Jozef Ratzinger, conocido hoy como Benedicto XVI-- con los millones de crímenes perpetrados por los regímenes fascistas de Hitler, Mussolini y Franco; al silencio, o sea la complicidad, de la Iglesia ante los bombardeos incendiarios a Dresde y Tokío y los nucleares a Hiroshima y Nagasaki; a la complicidad directa de la Iglesia con el secuestro de cientos de niños y el asesinato de sus madres, como sucedió en Argentina, Chile y otros países; al silencio, o sea la complicidad, de la Iglesia con los cientos de miles de crímenes perpetrados por el Imperio y sus lacayos en el mundo a partir del 11 de Septiembre, incluyendo el 11 de Septiembre y la reciente Masacre de Kandahar … pudiera hablar de todo eso y mucho más, pero hoy voy a ser generoso con la Iglesia y a pasar por alto todo eso.   

 

¿Pueden los cultos “virginales”, originados en supuestas visiones de niños y mañas de curas habilidosos, sustituir las verdades científicas sobre el origen del universo y la evolución de la vida? ¿Es menos creíble la realidad de la ciencia que la fantasía de la religión? ¡¿Puede alguien ser tan obtuso de creer que las sombras alumbran más que la luz y la ignorancia que la sabiduría?!