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Fidel, los sueños y el futuro

 

Yailin Orta Rivera, Juventud Rebelde

 

Sospecho que de existir algún termómetro u otro instrumento capaz de medir la emoción, este viernes hubiera estallado al estimar la que se había concentrado en uno de los salones del Palacio de las Convenciones. Las manos de muchos sudaban, mientras otros permanecían con la mirada imperturbable sobre la puerta por donde intuíamos que entraría.

 

Solo atiné a decirle al joven que se encontraba a mi diestra, casi en un susurro, que era uno de los días más especiales de mi vida. De pronto el silencio que inundaba la sala se rompió en un fuerte y sostenido aplauso. Era él, Fidel, quien entraba.

 

Llegó sereno y firme, luciendo una camisa a cuadros. Y mientras avanza por el pasillo muchos no pudimos contener las lágrimas.

 

He de confesar que casi había abandonado uno de mis mayores sueños, desde que en julio de 2006, en el mismo mes en que me graduaba, Fidel había enfermado. Entonces dejé de imaginarme acompañándolo en una de esas grandes aventuras periodísticas, pero quiso la vida regalarme la oportunidad de estar entre los jóvenes afortunados con quienes este viernes, durante cerca de una hora, sostuvo un ameno diálogo.

 

Entre los que allí estábamos —miembros del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, pioneros, estudiantes de diversas enseñanzas, y varias decenas de jóvenes cubanos— descubrió dos rostros familiares: el del ya adolescente Elián y su padre Juan Miguel González.

 

«Sean pacientes, que hoy tengo que darles múltiples informaciones», expresó este hombre de mil batallas después de agradecer nuestra presencia, y Liudmila Álamo, la primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, quien moderaba el intercambio, respondió a su comentario diciéndole del privilegio que teníamos de dialogar nuevamente con él.

 

Fidel apuntala con datos y publicaciones internacionales cada una de sus apreciaciones y comparte esencias para que se salve lo mejor del hombre y este no regrese a la prehistoria.

 

Recuerda las últimas inquietudes que lo llevaron a escribir las más recientes Reflexiones sobre la terrible situación que se ha estado fraguando en el Oriente Medio, y sobre la que comenzó alertando con el artículo titulado «El Imperio y la guerra», después del ataque de Israel a la flotilla con ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza.

 

Y al aparecer el conflicto entre las dos Corea con el hundimiento del barco Cheonan, Fidel añade que vislumbra que la guerra se desatará justamente por ahí. Hace una pausa breve y advierte con energía: «Han querido engañar al mundo diciendo que fueron los coreanos del Norte los que hundieron el buque».

 

Así, tan pendiente hasta del más mínimo detalle, nos conduce por un imprescindible recorrido por sus últimas meditaciones. Habla sobre «La contienda inevitable», título de su Reflexión del 16 de junio, y de la del 24 de junio: «Cómo me gustaría estar equivocado».

 

Entonces hace un alto en su lectura y se dirige a la audiencia: «Estaba equivocado, pero de otra forma», e insiste en la necesidad de alertar, informar y preparar a los cubanos sobre la tragedia de enormes proporciones que nos amenaza, de utilizarse el inmenso arsenal nuclear que hoy está en manos de las superpotencias contra Irán y Corea del Norte.

 

Anuncia que en su próxima Reflexión, que ha reservado para el martes 3 de agosto, abordará asuntos medulares sobre el problema del derrame de petróleo a causa del accidente de la British Petroleum. Y precisa: «Tengo todos los datos. Ya voy por 24 páginas, que seguirán aumentando con lo que encuentre en las noticias de los días que nos separan de esa fecha».

 

Después, él mismo invita al diálogo y me animo a hacerle dos preguntas, a continuación de mi colega Yoerky Sánchez, director de la revista universitaria Alma Máter:

 

«Comandante, hace menos de tres meses la Unión de Jóvenes Comunistas celebró su IX Congreso, que se insertó en un contexto bastante complicado: el peso de las secuelas de tres terribles huracanes, la constante del bloqueo de Estados Unidos a la Isla por de más de 50 años, el impacto de la crisis financiera y económica mundial, y la injusta campaña mediática. Ha pasado tan poco tiempo y ya gravita sobre nosotros este peligro mayor sobre el que usted nos alerta. ¿Qué consejo, mensaje o recomendación especial le dedicaría a los jóvenes cubanos y del mundo en un momento como este?», inquiero.

 

Además, le pido que nos dé su criterio sobre las cualidades que deben poseer los revolucionarios en la hora actual que vive el mundo.

 

Fidel nos recuerda la entereza de Gerardo Hernández, uno de los Cinco Héroes que sufre injusta prisión en los Estados Unidos, y que en estos momentos se encuentra enfermo y castigado en «el hueco». También reitera que debemos estar más preparados que nunca ante el desatino que puede provocar la sed del imperio. Y sella el encuentro dedicando un especial mensaje a los jóvenes cubanos.

 

Antes de concluir el diálogo, con la voz colgando de un hilo, le hago saber que quiero darle un beso en nombre de mi familia y del colectivo de Juventud Rebelde —diario que este año cumplirá 45 años de ser fundado por él—, de mis compañeros de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, y del pueblo de Cuba, que en las últimas semanas ha compartido la grata noticia de que está tan saludable y de regreso a la lucha junto a nosotros. Y Fidel, como un padre dulce y protector, me lo regala.